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Relato: Mini market: hiper gordo


 


Relato: Mini market: hiper gordo

  

MINI MARKET: HIPER GORDO.


CAPÍTULO I: UNA HISTORIA DIFERENTE.


 


Tuve una discusión con mi madre por un tema familiar, lo que
me precipitó a tomar la decisión largamente demorada de irme a vivir al
departamento de Juan.


Ya me había comunicado con mi amigo por larga distancia en
más de una oportunidad, y él continuaba alentándome a que finalmente me mudara a
su edificio. De momento no estaba en sus planes la idea de volver, no por lo
menos en los siguientes tres o cuatro meses, ya que aún debía poner en orden los
papeles de su hermano fallecido y esperar la evolución del otro que aún seguía
estando bastante grave.


Sin hacer totalmente la mudanza de mis pertenencias, me llevé
casi toda la indumentaria y buena parte de mis efectos personales.


Tuve una conversación con mi madre antes de irme, y quedó
claro que no lo hice por la discusión en sí, ya que desde hacía un tiempo le
había hablado de irme a vivir solo, antes mismo de que mi amigo se fuera para
España.


Le di un beso para que tuviera la certeza que ella no era la
culpable de mi determinación, y me hizo prometerle que no desaparecería de allí
definitivamente; y para que se quedara tranquila le dije que no festejara, que
no se desprendería de mí tan fácilmente, y que la visitaría para almorzar con
ella la mayoría de los domingos a partir del de la semana siguiente.


 



La mudanza la hice en la tarde de un sábado para tener el
resto del día y todo el domingo para ordenar las cosas.


Por primera vez en mi vida iba a tener una cama gigante
únicamente para mí, aunque el ponerme contento con ese pensamiento me duró tan
sólo dos segundos ya que en realidad prefería un millón de veces compartirla con
algún obeso en lugar de ocuparla yo solo.


 


Cuando se hizo la noche de ese día sábado estaba exhausto y
decidí ir al supermercado a comprar algunas provisiones.


Me llevé tremenda sorpresa cuando llegué a mi destino, ya que
nunca había visto uno tan grande. En verdad éste cumplía con creces con el
nombre que llevaba iluminado con flamantes letras de neón: HIPERMERCADO.


La puta madre! Cada vez los hacen más grandes!


Quedaba a tres cuadras del departamento y parecía como que lo
hubieran inaugurado ese mismo día, aunque realmente lo habían hecho hacía apenas
unos pocos meses.


Compré casi todo lo necesario para preparar comida rápida.
Por más que me gustaba hacerlo, no estaba en mi mente tener que perder ni el
mínimo tiempo cocinando, al menos en esos días siguientes en que tenía mucho
para ordenar.


Por supuesto que además de los comestibles en sí, llevé
bastantes provisiones de la sección de frutas y verduras. Recordé que Juan me
había recomendado ir a un almacén que estaba a la vuelta de su edificio, pero en
realidad ya estaba allí y no tenía ganas de estar bajándome nuevamente de mi
vehículo sólo por eso.


Ya iría en otra oportunidad para conocer ese lugar.


Yo me considero una persona normal, lo que sé que no es
normal en mí es la forma obsesiva que tengo de comer frutas. Y cada vez más. En
realidad no las como, sino que las devoro. Casi todas, sin excepción.


Tengo el hábito de exprimir y tomar el jugo de tres o cuatro
naranjas casi todos los días en que lo puedo hacer. Además de comer frutas todo
el tiempo cada vez que tengo ganas de poner en mi boca algo rico en lugar de
galletas u otra cosa. Acostumbro a comerlas siempre antes de almorzar o de
cenar, ya que el chef de Eduardo me había dicho en una oportunidad que hay que
ingerirlas con el estómago vacío, ya que son de mucha más fácil digestión que
otro tipo de alimentos. Lo normal de la gente es consumirlas después de las
comidas y de esta forma se pudren dentro del esófago en espera de su turno para
pasar hacia el estómago.


Me hice un surtido bastante generoso, aunque de todas formas
dudando si lo que llevaba me iba a alcanzar para todo el fin de semana.


"Bueno, cualquier cosa, mañana paso por el almacén." Me dije
a mí mismo, aboné y volví al departamento.


 


Llegué alrededor de las 8 de la noche, me preparé jugo de
naranjas, comí un par de kiwis, peras, uvas y manzanas y como estaba muy cansado
me di una ducha, me fui a recostar un rato para reponer fuerzas, y me quedé
totalmente dormido hasta las 10 de la mañana del domingo.


 


Cuando me desperté, la cama calentita me hizo tener una
erección de antología. Busqué a Juan a tientas desesperadamente antes mismo de
despegar los ojos.


"Juan." Grité, cuando noté que no estaba allí conmigo. "Estás
en el baño?"


Fue entonces que me percaté de que todo no había sido una
pesadilla y que él verdaderamente había viajado a España.


Fui al baño y vi un frasco de su perfume, y tan sólo oliendo
su aroma, me masturbé.


 


 


Terminé de acomodar las pocas cosas que me faltaban, preparé
el almuerzo rápido, comí y me decidí a salir con el automóvil para hacer un
reconocimiento del barrio.


Bajé por el ascensor y en el pasillo de la planta baja me
topé con Manuel, el portero. Lo saludé y le pregunté acerca de los comercios de
la zona.


Me acompañó hasta afuera y mientras barría la entrada, me
explicó que en la misma cuadra del edificio había una farmacia, una heladería y
un lavadero de ropa, y por la acera de enfrente había una librería junto a una
pinturería y varios locales de comida. Me señaló también otro edificio más hacia
la esquina, y me dijo que allí en el segundo piso, funcionaba un sex shop.


"Qué es eso?" Pregunté, aunque lo deduje por el nombre.


"Es un local de venta de artículos para la pareja. Cada tanto
le llevo algunos juguetitos para la Ramona, y deberías preguntarle a ella lo
contenta que se queda con ellos." Me explicó.


La Ramona era su esposa, que rara vez iba por allí.


"Qué clase de juguetitos?" Pregunté, siempre ignorante acerca
de esos temas.


"Es que nunca has ido por uno de esos locales?" Preguntó
incrédulo.


"No, nunca. Jamás." Confesé en forma honesta.


"Pues, deberías. Tu patrona te lo agradecerá." Concluyó con
una sonrisa y continuó con sus tareas.


Me dije que posiblemente fuera algún día tan solo para
conocer ese tipo de comercio, ya que hasta ese momento ni siquiera sabía de su
existencia.


Salí con el vehículo y pasé por la cuadra siguiente, por
donde vivía Gerardo, mi amigo, y en una cuadra más hacia adelante estaba el
video club.


Recordé que a la vuelta de la esquina debería estar el
almacén al que se había referido mi amigo y decidí finalmente ir a conocerlo.


Pasé con el automóvil por donde por el lugar indicado y no lo
vi, así que continué un poco más, y tampoco.


No puede ser. Me dije. Si Juan me dijo que estaba por aquí!


Aceleré, llegué hasta la esquina y di una vuelta a la manzana
para volver e insistir empecinado con mi búsqueda.


Volví a pasar nuevamente por el lugar y de repente tuve que
clavar los frenos ya que con el rabillo del ojo vi a un niño de 6 ó 7 años que
bajó a la calle desde mi derecha corriendo detrás de una pelota. Si no lo
hubiera visto, seguramente lo hubiera atropellado.


Se me cortó la respiración por unos segundos y cuando volví a
reaccionar para salir del vehículo y devolver al niño nuevamente a la acera, un
adulto ya venía corriendo detrás de él, lo tomó de la oreja y le gritó que ya le
había dicho mil veces que no bajara sólo a la calle y que un día iba a tener un
accidente si lo volvía a hacer.


.


 


 


Sentí que alguien hacía sonar la bocina por detrás de mí
haciéndome volver a la realidad de que estaba obstaculizando el tránsito e iba a
continuar la marcha cuando a mi izquierda y sobre lo que parecía una casa vieja,
leí un cartel que decía: "MINI MARKET: EL GORDO".


Finalmente ahí estaba! Había encontrado casualmente el local
que estaba buscando.


Nuevamente otro bocinazo.


En lugar de proseguir la marcha, permití que el impaciente
conductor me rebasara y estacioné contra el cordón de la vereda.


Miré el almacén sin bajar del automóvil.


Como estaba buscando un local comercial, no lo había visto la
primera vez que pasé por allí, ya que ante mis ojos había una vieja casa
reciclada.


Sinceramente el frente del lugar no me invitaba a entrar.


Volví a mirar el cartel.


"EL GORDO" volví a leer.


No, esto no puede ser!


 


Dicho cartel era en realidad una madera que posiblemente
alguna vez hubiera sido de color blanco, pero que tenía una suciedad que parecía
que estaba allí desde la prehistoria. Además, estaba mal cortada y con las
letras de color negro pintadas por una persona que seguramente jamás había
estudiado dibujo publicitario ni tuviera en su mente ganarse la vida pintando
carteles. Todo bastante improvisado y recién ahora, desde donde podía tener esa
visión, me llamó la atención que alguien más había tachado con tiza negra la
palabra "EL", para anotar "HIPER" por encima. El cartel corregido había quedado
de la siguiente manera: "MINI MARKET: HIPER GORDO".




Casi me muero de la risa, no sólo porque el repintado estaba muy mal hecho, sino
porque seguramente se habían equivocado el lugar de la corrección para que
irónicamente tuviera sentido la broma que supuestamente quisieron gastar.


Lo correcto hubiera sido repintar la palabra "HIPER" en el
lugar donde decía "MINI", y así quedaría: "HIPER MARKET" parafraseando
"HIPERMERCADO" y de esa forma estaría bastante más gracioso y mucho más aún
viéndolo sobre la puerta de ese almacén que parecía que casi se caía a pedazos.


Me reí nuevamente de mi ocurrencia.


"HIPER MARKET"


 


Pero a quién carajo se le podría ocurrir tan sólo comparar
este cuchitril con un hipermercado?


Intenté por todos los medios poder mirar hacia dentro del
local, pero no lo pude hacer, ya que por el reflejo del sol sumado a que los
vidrios estaban bastante sucios me impidieron la visión.


Volví a formular la pregunta, aunque ahora en una forma más
seria.


Pero a quién carajo se le podría ocurrir venir a comprar a
este local de mierda?


Bueno, tampoco es para que me ponga así. Tal vez las personas
que atienden este almacén sean buena gente.


De pronto, se abrió la puerta y salió una persona con algunas
bolsas, pero lo que me llamó la atención fue la poca luz que había dentro de ese
local.


Y esto?


Tenían la luz apagada o estaban ahorrando energía?


Me picó el bicho de la curiosidad y decidí finalmente bajarme
del automóvil y entrar a echar una ojeada.


 


"Quién sigue?" Preguntó una voz gruesa femenina una vez que
traspasé la puerta de entrada.


Esa voz me hizo mirar instantáneamente a la señora que
debería tener alrededor de 40 años y más de 140 kilos de peso, ante lo cual, mi
miembro comenzó a latir vertiginosamente.


En el lugar habían dos señoras esperando para ser atendidas.


"Pedro, recuerdas el precio de esta lata de duraznos en
almíbar?" Preguntó de pronto la obesa mirando en dirección hacia el piso y al
costado del mostrador.


"Quince pesos." Le contestó una voz que me recordó a Darth
Vader pero quitándole el sonido metálico.


Me tuve que mover un poco hacia la derecha para poder
observar de dónde había venido la respuesta con esa voz terriblemente gruesa.


La dureza de mi miembro ya era inaudita, tan sólo con haberle
escuchado decir: "Quince pesos", pero apenas vi su culo de más de un metro de
diámetro y parcialmente desnudo, ya que con la posición de agachado me permitía
ver la mitad de su raja peluda, mi miembro empezó a temblar y expulsó el líquido
habitual que emitía en estos casos de excitación. Grande fue mi sorpresa cuando
noté que el líquido que continuaba saliendo de mi pene, lo estaba haciendo sin
mi control.


Miré mi entrepierna y la pequeña mancha que vi, de repente
comenzó a tomar una dimensión mayor.


"Por Dios." Pensé. "Me estoy meando y no lo puedo controlar."


Giré sobre mis talones y salí del local.


Fui donde mi vehículo, entré y me senté frente al volante, y
volví a mirar mi entrepierna. La mancha era del tamaño de un durazno grande.


"La puta que me parió." Dije. "Y esto qué es? Qué me sucedió?
Me oriné encima?"


Volví al edificio lo más rápido posible y entré corriendo
mientras intentaba ocultar la mancha ahora con la camisa que quité de dentro de
mis pantalones; subí por el ascensor hasta el quinto piso y apenas cerré la
puerta del departamento detrás de mí, me aflojé el cinturón, me quité los
pantalones y mis calzoncillos, y un líquido blanco y pegajoso tenía bañados a
mis genitales. Me toqué con dos dedos sobre los pendejos mojados y antes mismo
de tomarle el olor ya me había dado cuenta que ese líquido era semen.


Había eyaculado tan sólo con ver ese inmenso tipo arrodillado
mostrándome su descomunal raja y como ofreciéndome el culo gigante para que
hurgara por allí.


Aunque supongo que ese no había sido el único motivo para mi
reacción instintiva. Supongo que todo el entorno, la mujer gorda y las voces
gruesas de ambos, también habían ayudado, y mucho, para la concreción de lo que
muchas veces tenía temor de que me sucediera, me refiero a eyacular sin siquiera
tocarme, pero que nunca creí que lo lograría hacer de esta forma, sin siquiera
enterarme de que lo estaba haciendo. Simplemente expulsé el esperma
involuntariamente, víctima de la terrible excitación a la cual estaba sometido
con mis sentidos, satisfaciéndome incontrolablemente ante la inesperada sucesión
de imágenes y sonidos.


No hubo espasmos ni orgasmos. Tan sólo emisión, y por cierto
cuantiosa, de líquido seminal.


Hice un rápido análisis de lo que había visto.


El almacén era extremadamente humilde. Y sin temor a
equivocarme, supuse que ése era uno de los locales más antiguos de la zona y
posiblemente los precios de allí serían de los más convenientes del lugar,
incluidos por supuesto a los del mismo Hipermercado.


De más está decir, que a partir de ese día iba a cambiar
definitivamente mi destino cuando necesitara adquirir comestibles.


Y esa decisión no la había tomado únicamente porque mi gran
amigo Juan me lo había aconsejado. Aunque la próxima vez que hablara con él, le
iba a agradecer seguramente por haberme mencionado ese almacén, asegurándole que
muy difícilmente hubiera entrado allí alguna vez de no haber sido por su
recomendación.


Me higienicé y me cambié de ropa.


Estuve nervioso más que ansioso durante el resto de la tarde,
ya que temía volver al local y que me volviera a suceder lo mismo.


MINI MARKET: HIPER GORDO.


Por Dios Santo!


La persona que había decidido poner la palabra "HIPER"
realmente lo había hecho en el lugar correcto. No era lo que yo sospechaba, sino
que lo había puesto adrede, cosa que me entristeció, porque posiblemente la
intención no era la de hacer una broma irónica teniendo como blanco el local,
como yo pensaba, sino la de burlarse de ese hombre.


 


 


Me decidí finalmente a volver al almacén con el fin de
averiguar los horarios en que permanecía abierto para la atención al público.


Eran pasadas las 5 de la tarde cuando volví al lugar, esta
vez caminando.


En la puerta había colgado un cartel que decía que estaban
abiertos todos los días desde las 7 de la mañana hasta la 1 de la madrugada, lo
que me hizo sospechar que el dueño debería dormir en los fondos del local, o en
el mejor de los casos muy cerca de ese lugar.


La primera visión que tuve al ingresar al local, fue
demoledora.


La mujer obesa parecía una barbie parada del otro lado del
mostrador al lado de un gordo de más de 300 kilos, que estaban juntos atendiendo
cada uno a las dos únicas clientas que había allí dentro en ese preciso momento.


"Gordo, me da también una lata de duraznos en almíbar, por
favor?" Pidió una señora.




Antes de que se percataran de mi presencia, volví a salir del almacén y me
recosté contra la pared.


Estaba sin aliento.


El mundo me daba vueltas.


Todo a mi alrededor comenzó a girar en forma vertiginosa.


"Dios mío!" Exclamé en voz alta sintiendo a mi miembro latir
nuevamente, y volviendo a expulsar líquido.


Nunca en mi vida había visto a una persona tan obesa, ni
siquiera en fotos. Pensé que ese hombre era aún más gordo que cualquiera de los
luchadores de sumo que años anteriores solían serme útiles para mis sesiones de
masturbación.


Mi respiración ahora estaba muy agitada.


"Te encuentras bien?" Me preguntó la voz gruesa femenina.


Giré la cabeza y asentí.


La mujer gorda me había visto salir de esa forma, pensó que
me estaba sucediendo algo y salió para ofrecerme auxilio.


"Quiere un vaso con agua?" Me ofreció.


Volví a asentir con la cabeza sin intentar emitir sonido. No
pude siquiera abrir la boca.


Me tomó del brazo y ya mismo comencé a sentir todas las
sensaciones que tenía siempre ante el contacto con los divinos obesos e
ingresamos juntos al local. El hombre gordo y las dos clientas estaba mirando
hacia la puerta y apenas entramos continuaron prestando atención a sus cosas.


"Qué vergüenza!" Murmuré mientras me sentaba sobre la silla
que la señora me proporcionó en forma espontánea y muy amablemente.


"No te preocupes." Dijo ella. "Quieres que llamemos a algún
servicio médico móvil?"


"No, gracias. No es necesario. Sólo sentí un mareo." Dije y
recordé su invitación. "El vaso de agua que me ha ofrecido antes, será
suficiente."


El obeso me miraba intermitentemente mientras atendía a su
clienta y cuando ésta se marchó, se dirigió a la abertura que tenía una cortina
en lugar de puerta y que daba al interior de la vivienda.


"Cristina, voy a cagar y vuelvo." Le dijo a la mujer.


Eso que escuché me excitó aún más y pensé realmente que no
iba a terminar ese día sin finalmente desmayarme.


Observé moverse el culo más gigante que había visto en mi
vida, hasta que la cortina literalmente lo devoró y lo hizo desaparecer de mi
vista.


"Qué lo parió!" Dije para mis adentros mientras mis ojos casi
se salían literalmente de sus órbitas para seguirlo camino al baño, cosa que me
hubiera gustado hacer tan solo para poder verlo mientras se bajaba los
pantalones, y de pronto advertí que la gorda me estaba mirando mientras alargaba
su brazo para ofrecerme el vaso prometido.


"No te preocupes, Pedro es así." Me explicó, creyendo que mi
expresión era el efecto causado por haber escuchado las últimas palabras que
había dicho el gordo.


Simplemente asentí.


El obeso parecía un oso. Barbudo, con el pelo color castaño
oscuro, muy largo y bastante desalineado. Calculaba que debía contar alrededor
de 40 años de edad, más o menos como la mujer.


Su indumentaria parecía hecha toda a mano. A su camisa muy
gastada le faltaban tres botones aunque intercalados, por lo que por más que
hubiera estado más tiempo delante de mí, me hubiera sido imposible poder ver ese
pecho colosal, que con solo imaginármelo desnudo, casi me atraganto con mi
propia saliva.


Sus pantalones, seguramente también hechos por alguien
especialmente para él, que aunque se veían enormes, igualmente parecían quedarle
chicos ya que no alcanzaban a cubrirle todas las nalgas que apenas lograba
ocultar con su camisa, por lo menos mientras se mantuviera en pie.




Noté que una cuerda atada con un doble nudo suplantaba a un cinturón
inexistente.


No alcancé a observarle los dedos aunque ya descontaba que
serían terriblemente gruesos.


No sabía aún su grado de parentesco con la señora, aunque
bien podrían ser hermanos. No podía ni siquiera imaginarme que estos dos gordos
fueran marido y mujer. Por Dios, si así fuera, pagaría para poder verlos hacer
el amor mientras me hacía una paja.


Ahora casi tenía la certeza de que él vivía en ese mismo
lugar, por más que la cortina no me permitía ver más hacia adentro.


 


"Te encuentras mejor?" Preguntó la gorda interrumpiendo mis
pensamientos, que continuaba tratándome en forma muy amable mientras terminaba
de atender a la única clienta que quedaba en el local.


"Sí, gracias." Dije sonriéndole.


Una idea comenzó a golpearme la cabeza.


Supongo que no se negarían a dejarme pasar al baño si se lo
solicitara, una vez que el obeso saliera de allí luego de hacer sus necesidades.


Deseaba con todo mi ser entrar a ese baño para deleitarme con
el "olor a rosas" proveniente de ese hiper gordo, pero no me animaba a
pedírselo.


Sólo con pensarlo, mi pene emitió un poco más de líquido y
nuevamente mi entrepierna delataba una mancha tan grande como la anterior.


Qué estaba sucediéndome?


Estaba eyaculando sin tener orgasmos nuevamente.


Podría ser que estuviera demasiado excitado con todo lo que
estaba viendo, escuchando e imaginándome.


Ciertamente, creo que es la primera vez que sucedía algo así,
por más que recordaba haber estado demasiado excitado en algunas otras
oportunidades.


Pero así, de esta forma, nunca.


Jamás me habían sucedido antes estos desórdenes.


Volqué deliberadamente un poco de agua en mis pantalones,
mojándome la mancha que ya estaba depositada allí y humedeciendo también parte
de mi muslo derecho.




"Uy, qué torpe!" Dije en voz alta, para disimular.


La clienta abonó su compra, salió del almacén y la gorda se
acercó a mi.


"Deseas alguna cosa más?" preguntó al tiempo que escuché
correr el agua del inodoro.


"No, gracias." Dije, esperando el momento en que apareciera
el gordo por allí, para pedirles que me permitieran ingresar al baño.


Mientras esperaba, paseé mi vista por el interior del
almacén. Todo estaba viejo por allí, despintado y sucio. Había telarañas por
doquier y el local que era de dimensiones medianas estaba únicamente alumbrado
por dos tubos de luz, que también necesitaban limpieza y que supongo que debían
ser cambiados en forma urgente ya que no alumbraban apropiadamente.


De pronto, la figura del obeso apareció por la cortina
entreabierta mientras se ataba el cordón que sostenía sus pantalones, me echó
una mirada de pocos amigos, llamó a la mujer por su nombre y volvió a ingresar
por donde vino desapareciendo nuevamente de mi vista.


La señora fue a su encuentro y también quedó fuera de mi
visión.


"Qué es lo que sigue haciendo este tipo aquí?" Dijo con su
voz gruesa, que aunque no fue deliberadamente fuerte, pude escuchar sin
obstáculos.


"No grites!" Le rogó.




"No estoy gritando!" Le contestó visiblemente enojado. "Ya te dije que no quiero
que te estés insinuando así con los clientes."


"Pero tú estás loco? Qué carajo te pasa? De donde te vienen
esos celos de mierda?" Dijo ahora con mucho enfado la gorda. "No ves que el
muchacho tuvo un mareo o algo así y que le estoy prestando ayuda?"


"Y por qué no se va ya de una vez?" Dijo como que mi
presencia allí le estuviera molestando.


"Pero qué es lo que te sucede?" Preguntó la mujer aún
demostrando enojo. "Lo que pasa es que yo soy amable con los clientes y no un
amargado y maleducado de mierda como tú. Si atendieras tú sólo el almacén, hace
rato que tendríamos que haber cerrado las puertas ya que nos hubiéramos quedado
sin clientes. Qué te pasa con la gente? No puedes tratar mal a todo el mundo. Te
piensas que todos te quieren hacer daño? Los clientes no merecen tus maltratos,
tienes que entender que nosotros vivimos gracias a ellos."


"Yo no trato mal a los clientes." Dijo ahora un poco más
calmado.


"Si tu crees que decir que vas a cagar delante de ellos es lo
más normal del mundo, entonces deberías hacerte ver por un médico, porque algo
en tu cabezota debe estar funcionando mal." Le replicó como para finalizar la
conversación.


La gorda volvió al local y me obsequió una sonrisa.


"No le hagas caso, mi esposo es un buen hombre, pero lo pone
un poco nervioso la gente que no conoce." Dijo haciéndome sentir un poco mejor,
ya que en un principio había pensado que el problema era personal y sólo
conmigo, por más que creía no haberle dado ningún motivo para su comportamiento.


Apareció el gordo otra vez.


Ay Dios, ella dijo "mi esposo", o sea que finalmente eran
marido y mujer!


Más líquido salió de mi uretra.


Me levanté de la silla.


"Disculpe señor si le causé alguna incomodidad. Soy Zesna."
Le dije ofreciéndole mi mano para sentirla estrujada por la suya que se veía
gigante.


Hizo un gesto encogiéndose de hombros como diciendo "Y a mi
qué mierda me importa?" Ni siquiera me miró, ni mucho menos me la estrechó.


Pero por todos los santos!


Qué tipo tan antipático!


Pensé en irme de allí para nunca más volver.


Aunque sólo había que ver el contorno de ese hiperobeso para
darse cuenta que yo ni en pedo iba a cometer semejante estupidez.


"En realidad, soy nuevo en el barrio." Continué diciendo como
para seguir intentando algún acercamiento con él y limar las asperezas. "Soy
amigo de Juan, el del edificio de aquí a la vuelta."


"Juan, el gordo?" Intervino la mujer desde mis espaldas.




"Sí." Le contesté poniéndome de costado para no perder de vista a su marido.


"Le solíamos llevar habitualmente el pedido de sus
comestibles directamente a su departamento, hasta que nos avisó que se iba para
España por lo que le sucedió a sus hermanos. Cómo sigue el que estaba grave?"


No estaba prestando tanta atención a lo que me decía sino a
su marido, que parecía que me seguía ignorando totalmente y no le importaba nada
de lo que yo estaba diciendo, pero sólo con verlo moverse me derretía todo.


Por favor, tan sólo que me mire.


Tan solo que me dé la mano.


 


"Aparentemente aún no tiene mejoría." Le contesté. "En
realidad estoy viviendo desde ayer en su departamento y vine por aquí ya que él
me recomendó este almacén."


Ahora el obeso me miraba intermitentemente, pero en forma
desconfiada, como estudiándome. Sus ojos eran grandes y su mirada, penetrante.
Miré sus dedos que tomaban en ese preciso momento una caja y eran bestialmente
gruesos, tal y como me los había imaginado.


No puede ser.


Estaba ante el gordo más gordo, el que había logrado hacerme
eyacular sin haberlo visto desnudo, o peor aún, sin siquiera haber tenido algún
contacto corporal con él, y recién ahora me percataba que ni siquiera había
aceptado mi mano para estrecharla; entonces me resigné a pensar que
lamentablemente tal vez nunca lo haría, ya que obviamente no le había resultado
simpático desde el primer momento en que me vio.


Por qué habrá sido?


Lo observaba por si él me devolvía la mirada y no lo volvió a
hacer. Nuevamente me estaba ignorando completamente.


"Si tú deseas, también puedes hacer tu pedido por teléfono y
te lo llevamos." Me seguía diciendo la gorda mientras me daba un papel de diario
en el cual anotó el número de teléfono.




Lo tomé, pero sin ninguna intención de dejar de acudir al almacén, aunque
resignado de que tal vez nunca lograría la simpatía del obeso.


Le hice el pedido de las frutas que quería a la señora,
mientras su marido volvió a internarse dentro de la vivienda.


Ni siquiera se me ocurrió intentar pedirle permiso para pasar
al baño. El clima con el gordo estaba bastante tenso.


"No te preocupes." Dijo bajando la voz, ante mi sorpresa. "Se
hace el malo, pero no lo es. Así como lo ves, estoy segura que él hasta daría la
vida por ti. Es que tiene un corazón de oro, aunque es medio hosco y antipático
con la gente que no conoce." Y me sonrió.


"Está bien, no hay ningún problema. Igual seguiré viniendo."
Dije simplemente pero no le pude devolver la sonrisa.


En realidad quise agregar: "No importa, total no tengo ningún
apuro. Tengo todo el tiempo del mundo para esperar a alguien como él."


Mientras la gorda me atendía, ahora no pude dejar de observar
sus tremendas tetas. Muy grandes y con dos inmensos pezones que ni el corpiño ni
la remera que llevaba pudieron disimular. Cuando se dio vuelta y se agachó para
tomar algo del estante de más abajo, casi me morí de un infarto al verle el culo
gigante.


Mi miembro comenzó a palpitar por enésima vez.


 


Aboné la compra y le di la mano a la gorda como despedida y
efectivamente, sentí un cosquilleo grande con el contacto nuevamente, aunque ya
era de esperarlo por lo que no me sorprendió en absoluto.


El grado de atracción que sentí por esta mujer era muy
fuerte.


Inmediatamente pensé en Úrsula, y sonreí.


Pensé en que si algún día decidía intervenir en una orgía de
a tres, esta hermosa pareja sólo me tendría que llamar para que yo acudiera
corriendo.


 


"Hasta pronto. Mucho gusto de haberlos conocido. Me tendrá
seguido por aquí, ya que soy un devorador de frutas y verduras." Dije, y me
pareció que ya era suficiente. Tenía temor que pensara que no me quería ir de
allí.


Y si ese fuera su pensamiento, estaría en lo cierto.


La verdad era que estaba haciendo tiempo en espera de que
retornara el obeso para intentar otra vez darle la mano y ver si me la volvería
a rechazar nuevamente.


Pero fue inútil, porque no volvió.


Ella sonrió.


Me dirigí a la salida y de pronto me arrepentí y volví
nuevamente casi hasta el mostrador.


"Adiós, Pedro!" Le grité a la cortina y ahora sí, salí del
almacén.


Mi entrepierna era un desastre, así que apenas llegué al
departamento, me quité toda la indumentaria por segunda vez en ese día, y la
puse en la cesta para lavar.


Me quedé en bolas el resto de la tarde y a pesar de que
estuve ocupado acomodando mis cosas en el placard, apenas pensaba en Pedro, mi
miembro saltaba de alegría.


 


Cuando abrí uno de los cajones, vi allí el revólver de Juan.
Me dio miedo hasta de tocarlo, así que no lo hice, y no conforme con eso, le
puse encima dos de mis prendas para intentar verlo lo menos posible.


 


 


CONTINUARÁ.


Comentarios e emails serán bienvenidos.


 



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Relato: Mini market: hiper gordo
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