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Relato: En la oscuridad es más rico


 

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Relato: En la oscuridad es más rico

  

Me sentía caliente todo el tiempo. Cada hombre me despertaba
una palpitación intensa en la entrepierna, sudaba mucho y pasaba las noches
entre sueños y profundas masturbaciones, incluso me conseguí un consolador
grande y con pepitas que satisfacía mis implacables ansias de tener a un hombre
entre mis piernas.



Es entonces que es viernes de nuevo y se presenta una nueva
oportunidad para disfrutar de mi nueva vida. Algún hombre tendrá un apartamento
solitario al que me quiera llevar. Me tratará con delicadeza y con halagos, me
comprará cosas, me invitará a cenar, me regalará la luna y las estrellas en una
poesía no más que para llevarme a una suave cama para taladrar mis agujeros. Si
tengo suerte talvez no solo me lleve a la cama.



Natalia llegó por mí y salimos juntas de nuevo. Iríamos a una
reunión que se transformaría en fiesta en la casa de un primo de ella. Un joven
muy buen mozo que estuvo detrás de mí un par de ocasiones pero al que nunca le
di la oportunidad por andar esposada voluntariamente a mi novio.



Iba con uno de mis diminutos vestidos, mi culo casi al aire,
la minifalda ceñida, el escote, el ombligo al aire, los labios colorados, el
cabello sujetado en una cola.


El aire acondicionado enfrió mi vagína con una deliciosa
corriente que salía del panel del auto y que se adentraba en mi minifalda para
luego adentrarse más aun entre mis labios menores. Creí que no llevar ropa
interior sería una buena idea.



Cuando llegamos ya la fiesta estaba en su punto, había
algunos ebrios y una que otra pareja que se excedía en caricias frente al
conglomerado. Nos ofrecieron unos tragos y no tardaron en aparecer varios chicos
a invitarnos a bailar o a conversar.


Algunos decían cosas muy interesantes, otros no separaban los
ojos de mis piernas o de mis senos. Ambos tipos me agradaban.



Salí entonces a bailar con un chico. Era una música muy
actual pero las luces estaba apagadas, los cuerpos se chocaban los unos con los
otros. Sentí muchos senos rozando mi cuerpo y un par de penes parados también
que alcanzaron mis nalgas.



Aquel chico se acercaba mucho, intentaba besarme pero yo no
me dejaba, sus manos recorrían mi cintura y se posaban atrevidamente sobre mis
nalgas. Cosa que resultaba completamente exquisita.



Me senté pues a charlar con Natalia. Me contaba que
últimamente estaban surgiendo ciertos problemas con su novio que le parecían
demasiado difíciles de superar. Una de esas etapas del noviazgo en el que no
parece haber salida concreta y definitiva con excepción del rompimiento. Pero
Natalia era bastante enamoradiza y no quería dar por terminado algo que le había
dado tanto en experiencia.



Aquella fiesta era una de esas en la que se podía esperar
cualquier cosa. Era una de esas ocasiones en las que el aroma a sexo impregnaba
los cuerpos ardientes de todos los presentes. Una de esas típicas fiestas
americanas que poco se ven en mi país por lo conservador de la sociedad.



Joan, el primo de Natalia, se me acercó y se sentó a mi lado.
Se puso a hablar de yo no sé que cosas, la música no me dejaba escuchar mucho y
yo prefería ver sus ojazos verdes e imaginarme cualquier montón de cosas excepto
lo que me decía.



Cuando me pidió una respuesta, tuve que confesarle que no
escuchaba nada. Me pidió entonces que saliéramos un rato del lugar para poder
hablar más tranquilos. Yo estuve de acuerdo, el sonido de la música estaba muy
alto, el humo de cigarrillo impregnaba todo el sitio y algunos tipos ebrios ya
empezaban a mostrarse muy fastidiosos. Además de estar segura de que más de uno
ya había notado que bajo mi falda no había nada más que yo misma.



Joan me condujo caballerosamente hasta un murito cerca de la
puerta. Nos sentamos y nos pusimos a hablar de nuevo. Noté que sus ojos se
posaban intermitentemente sobre mis piernas y mis pechos cuando no podía
contener la vista sobre mi rostro.



Yo trataba de hacerme la dura para ver hasta que punto
llegaría el tipo para conseguir lo que quería de mí. Me sentaba de lado y le
mostraba todo mi muslo, incluso un poco de mi nalga.



 


-te ves muy bella esta noche- dijo.



-gracias, tú estás muy guapo también- respondí.



-¿y tu novio?-



-no sé, anda por ahí-



-¿Por qué no vino?-



-hemos tenido ciertos problemas-



Seguimos charlando, pasaron incluso un par de horas en las
que mantuvimos conversaciones interesantísimas. Él ya era un tipo de negocios y
había viajado a muchas partes del mundo. Tenía muchas historias por contar y yo
estaba ansiosa por escucharlo.



-¿te gustaría ir adentro?- preguntó.



-no habrá mucho ruido-



-no creo. Ya los ánimos han menguado un poco, deben estar muy
borrachos ya-



Entramos a la casa. La música seguía al mismo volumen pero la
mayoría de la gente estaba tirada en el suelo. Muchos dormían, quizás la mitad
estarían ebrios. Lo cierto es que no vi lugar para acomodarnos, pero Joan tomó
mi mano y me dirigió en la oscuridad por medio de un pasillo y por sobre muchos
cuerpos que obstruían el paso.



Me vi de repente en un rincón entre los brazos de Joan, él
estaba recostado contra la pared y me jaló hasta apretarme contra su cuerpo. Me
besó, introdujo su lengua en mi boca y alcanzó mi garganta. Sus manos me tocaron
toda y creo que al fin se cercioró de que bajo mi falda no había nada.



Me introdujo un dedo y me estremecí toda, me humedecí, empecé
a temblar y mientras cogía su pene durísimo y lo desenvainaba bajando el cierre
de su pantalón, él abrió una puerta que se encontraba a sus espaldas y entramos
en una habitación.



El ruido de la música bajó al cerrarse la puerta tras de mí
pero otro ruido un poco más confuso pero más agradable apareció de repente. Eran
gemidos, gemidos y gritos, gritos y palabras soeces, chasqueos, palmoteos.



Joan me desnudó y se colocó de rodillas ante mí. Me hizo
darme la vuelta y quedé con la mejilla derecha volcándome sobre la calurosa
pared entapetada.


Mis nalgas se abrieron y la lengua de Joan se posó sobre mi
ano, me lo lamió, me lo chupó, lo succionó con sus deliciosos labios rosados, me
mordió las nalgas. Luego me metió un dedo. Primero fue lentamente, despacio fue
entrando y sentí como la uña de su dedo raspó un poco en mi recto. Dolió un
tanto pero todo fue parte del placer.



Al mantener mis ojos cerrados durante ese lapso en el que
Joan atendió mi culito, me acostumbré a la oscuridad y por fin pude ver de donde
provenían el montón de gritos y gemidos.


No estábamos solos en la habitación, había quince o veinte
personas más según cálculos rápidos que hago ahora recordando lo que vi
entonces. Aun así era poco lo que se podía ver. Solo siluetas.



Dos de ellas se me acercaron. Pronto pude notar que eran
hombres porque me hicieron arrodillar y tuve que mamar tres vergas paradas, dos
de ellas con el salado sabor del semen reciente.


No podía ver mucho pero el tipo a mi derecha estaba mejor
dotado que los otros dos, su pene no era solo largo sino grueso también.



Fue aquel al que elegí para ser mi primer polvo de la noche.


Me puse en cuatro y lo jalé por la verga para que se
acercara. Me agarró por las nalgas y me penetró con fuerza por la vagína. Sentí
un dolor inmenso por un segundo, pero luego suspiré y lo demás fue gozar de la
gigantesca verga del desconocido.



Así seguí por mucho rato. Luego me escabullí entre la gente.
Había un bulto mayor que se centraba encima de una cama en el centro de la
habitación. Había muchas personas allí encima y fue donde fui a parar.



Me metí por el primer espacio que vi y sentí todos esos
cuerpos rozando con el mío. Eran hombres y mujeres que me tocaban y a los que yo
tocaba sin temor a nada.


Era además mi primera experiencia bisexual, nunca una mujer
me había tocado y nunca había tocado yo una.



Lamí un par de jugosas vagínas que no dudaron en derramar
unos cuantos deliciosos orgasmos sobre mi boca.


Varios penes perpetraron dentro de mí. Unos grandes, otros no
tanto, pero todos ofreciéndome una sensación distinta y cada vez mejor.



En un dado momento me sentí encima de una chica que besaba
mis senos y mordía mis pezones con fiereza. Un hombre me encañonaba por el culo
mientras otro la encañonaba a ella por la concha. Ambas suspirábamos como putas,
gritábamos y nos besábamos en los labios.



Era una completa desconocida esa chica hasta que la oí decir
unas palabras. "¡que rico!" fue lo que pronunció. Supe entonces que se trataba
nada más y nada menos que de Natalia.


Era mi mejor amiga la que me besaba los senos y era follada
al mismo tiempo que yo. Era mi amiga a la que besaba en los labios y con la que
compartía calientes suspiros. Era la lengua de mi amiga la que bailaba sobre mis
encías y mis labios.



Me detuve por un segundo y pronuncie su nombre. Abrió sus
ojos y me vio. Se sorprendió tanto como yo. Nos miramos por un ratito y antes de
que ninguna dijera nada, volví a besarla. Mi lengua entró en su boca y me
aceptó.



Tuve que dejar de besar a Natalia porque un hombre irrumpió
colocando su pene entre nuestras caras. Ambas lo chupamos.



 


 


Amanecí abrazada a Natalia. Vi por primera vez su cuerpo
desnudo y me pareció hermosa. Todos estaban dormidos, ya nadie follaba. Todos
estaban exhaustos.



Nos vestimos y salimos de ese sitio. En el trayecto que
duramos en el auto ninguna pregunto nada. Solamente mientras me bajaba…



-me gustaría otro beso de esos un día de estos. Dijo.



-a mi me gustaría algo más- respondí.



Me lancé sobre ella y nos besamos en la boca por un rato, me
humedecí por completo, era el beso más delicioso que jamás nadie me había dado.


Decidimos entonces que no me bajaría del auto. Ella lo
encendió de nuevo y tomamos otro rumbo, uno mejor, uno más placentero…



 





Relato: En la oscuridad es más rico
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