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Relato: El Video de Mamá (1)


 


Relato: El Video de Mamá (1)

  

Primera parte




¡Misael, muchacho, qué bueno tenerte de regreso! ¡¿Pero
cuándo volviste?!


Anteayer… por la noche…


Y me imagino que solo cienes… ¿o no?


Mire Poncho, mejor muéstreme qué nuevas películas tiene. –
mierda, qué bien me conoce.


Por supuesto muchacho, por supuesto… es muy bueno tener a
uno de mis mejores clientes de regreso. Te voy a recomendar este, mirá bien
este video, es uno de los videos aficionados más calientes que he visto en mi
vida.


¿Qué? ¿Viejas gordas berreando como locas para parecer más
sexys?


Ni vieja ni gorda, eso si, berrea que da gusto la puta de
este video. Pero está rebuena la hija de su madre.


Está bueno, dámelo…


¿Alguna otra cosita?


Nel mano, no cargo casi nada de pisto…


¿Una revistía, algún juguetito… o alguna de mis niñas?
Misa, hoy Izadora está libre…


No don Poncho, ya le dije que ando pelado…


Está bueno Misa, ya sabés, me devolvés el video en 2 días o
te cobro multa.


Vaya don Poncho, nos vemos.




Salí de ese lúgubre y oscuro local, un sex shop donde
acostumbró rentar mis videos porno, para hacerme unas pajas de campeonato en mi
cuarto. Además de tienda de artículos eróticos, también es una agencia de
escorts. Tiene un inventario de entre 10 y 12 mujeres, más bonitas unas que
otras (algunas francamente horribles) a las que ya he probado. Izadora es la
mejor de todas, una morena alta y delgada, pero con un par de chiches del tamaño
de esos mangos tomy. Y además tiene una cara… la pisada se está cayendo de
buena.



Tengo una historia con ella. Empecé contratando sus servicios
para enamorarla, y así que luego no me cobrara. Lo malo es que luego no me la
podía quitar de encima, y eso me causó problemas con el viejo dinosaurio
retrógrado de mi padre. No solo nunca está, sino que cuando lo está, no hace
otra cosa más que joderme y atormentar a mi madre con ese carácter de mierda que
tiene.



No es que yo sea un santo, ya ven que no, pero tampoco soy un
vago o una mala persona. Si necesito dinero, no lo robo, puedo trabajar por el
(ya lo he hecho), si quiero algo, lucho hasta que lo consigo. Lo único que no
hago es estudiar duro, no creo que un título me vaya a hacer mejor persona, ni
siquiera que me vaya a hacer ganar mucho, para comerciar no lo necesito. Tampoco
voy a la iglesia, no creo en eso, no porque dude que exista un Dios (aunque la
verdad no sé), sino porque para mi no es más que un montón de viejas hipócritas
y amargadas que se la pasan rezando todo el día. Si de verdad mi padre fuera tan
religioso y creyente, trataría de pasar más tiempo en la casa y no vendría solo
a jodernos la vida.



Llegué a mi casa, aprovechando que mamá se hallaba haciendo
trabajos de jardinería subí a mi habitación y coloqué el video en mi
videograbadora. Inmediatamente las imágenes empezaron a sucederse una tras otra,
se notaba que era una cámara casera y que el camarógrafo era aficionado. Hasta
ese momento todavía no comprendía por qué Poncho me recomendó tanto aquella
cinta, no veía nada fuera de este mundo… hasta que apareció ella.



¿Acaso ella era mi madre? ¿Era esa rubia preciosa que estaba
sentada sobre el sillón sacándole infantilmente la lengua a la cámara era mi
casta y correctísima progenitora? ¡No lo podía creer, si era ella! No me quedó
duda cuando la escuché hablar, con esa vocecita de niña, aguda y melosa.



Germán… ¡apagá la cámara!


No mi cielito, dejame grabarte…




¡Mi cielito! ¿Acaso mi casta madre tenía un amante? La verdad
no me extrañaría sabiendo que es con mi padre con quien está casada, pero si
sabiendo como es ella, una mujer incapaz de matar a una cucaracha porque
pobrecita, beata y entregadísima a su casa, marido e hijo. No, no podía ser ella
la estrella de ese video, el que Poncho me había promocionado como una perra
extraordinaria, y nunca se equivocaba en esas cosas.



Emi, Emilita preciosa, andá, dejame grabarte como yo
quiero…


Va, grabame todo lo que querrás. – le contestó ella
sacándole la legua.


Así no Emilia, tu sabés cómo…


¡No voy a dejar que me grabés desnuda con esa cámara
Germán, ya te lo dije!




¡Si claro, ya se lo dijo y lo entendió!, adelanté el video un
poco buscando a la puta esa, pero lo que vi fue a mi madre desnudándose despacio
y parsimoniosamente frente al lente, dejándose filmar en cada ángulo que al tal
Germán le dio la gana. Y en un acercamiento a su sexo, vi como manaba de el un
flujo denso, transparente y viscoso. Ya sabía de qué se trataba, era excitación,
aunque nunca vi a una mujer segregar tantos líquidos lubricantes.



¡Aquello no era posible, era mi madre, MI PROPIA MADRE la que
se estaba comportando como una ramera! Detuve la grabación y me quedé
petrificado, ya no tenía calzoncillo y andaba solo con una delgada camiseta en
la intimidad y privacidad de mi habitación. No lo podía creer, ella era la del
video, la mujer que con tantas ganas quería ver cogiendo.





 


Mi casta y pura madre, esa mujer que me consentía tanto
cuando era pequeño, que aun lo seguía haciendo. Esa mujer tan cariñosa y
comprensiva, dulce y simpática, la envidia de todos los vecinos hombres, que no
se explicaban por qué seguía con mi padre, ese hígado encebollado, amargo y
desagradable, ella bien habría podido conseguirse al hombre que se le diera la
gana. No podía dejar de pensar en otra cosa.



Ella se casó muy joven, me tuvo a los 16 años, mi papá tenía
22. Por el qué dirán, se casaron, aunque ella si iba bien enamorada, el había
sido su primer amor y su primera vez en casi todo. Desde el principio se quedó
encerrada en la casa, apenas terminó el bachillerato, y desde el principio su
vida fue una dedicación total a su marido y a su hijo. Nunca tuvieron más hijos,
papá no quería y lo comprendo, yo no era más que un estorbo en sus aspiraciones
profesionales, obviamente no quería otro más. Y mi madre lo aceptó sumisa… por
lo menos eso pensaba.



Ahora, a mis 19 años, era una mujer de 35 muy hermosa. Rubia
natural, cabello largo y abundante hasta la cintura, rebelde y reacio a los
peines, le gustaba agruparse en largos rizos. Ojos azules y grandes, nariz fina
y boca pequeña, su rostro precioso exhalaba ternura y afabilidad. Muy delgada,
pero sólidamente constituida, el gimnasio era la única distracción en su vida
monótona y aburrida de ama de casa y le había dado una complexión atlética y
firme, ni musculosa, pero nada bofa en absoluto. Cintura estrecha sobre unas
caderas anchas, con un par de firmes y duros glúteos por atrás, todo sostenido
por un par de piernas que parecían las columnas del capitolio romano. Y de
tetas, perfectas, de medianas a grandes, firmes y muy duras, hasta se podría
decir que son operadas pero nada que ver.



Siempre andaba muy deportiva por la casa, con licras cortas y
pegadas a sus voluptuosas caderas, usando de esos bikinis de hilo dental por
encima que se le metían por en medio de sus carnosas nalgas. Por arriba, una
playera cualquiera, a veces sin brasier según fuera el clima de caliente.
Además, ella no necesitaba de sujetador alguno para mantenerse las tetas en su
lugar.



Ahora yo la estaba viendo actuar como la más sucia y pérfida
de las putas, contoneándose como un gusano, siguiendo las instrucciones de ese
imbécil al pié de la letra.



Vamos Emi preciosa, ¡mové esos brazos, que esas chichotas
se meneen! – y mamá sacudía los hombros, dejando que sus hermosas tetas se
movieran de un lugar a otro.




Sus turgentes, firmes y rosados pechos se agitaban al ritmo
de sus movimientos, esos 2 pezones erectos, de un intenso rojo oscuro, gruesos y
puntiagudos, me hacían seguirlos a todas las direcciones a donde se dirigían,
parecían quererme hipnotizar.



Menea las caderas en círculos Emilia… si así… ¡qué
preciosidad, no sé como el imbécil de tu marido te puede tener tan descuidada!
– ¡Yo tampoco entendía como papá la podía descuidar tanto!




Mamá subió los brazos a la altura de su cabeza y comenzó a
menear las caderas tal y como Germán le indicó. Sus caderas se movían en
círculos, mostrando un abundante pelambre, un tanto más oscuro que su cabello,
perfectamente recortado y peinado. Un poco más arriba, ella exhibía un vientre
plano duro, formando cuadritos cada vez que ella lo tensaba. Por atrás, esos
glúteos poderosos parecían reírse de los culos de todas las mujeres con las que
había estado, algunas de las cuales no carecían de nada por detrás, pero lejos
estaban de la perfección del culazo de mi vieja.



¡Subite al sofá! ¡Pará el culo! ¡Abrite las nalgas, quiero
verte la pusa y el hoyo!




Mamá lo hizo de inmediato, sus ojos ya estaban brillando de
lujuria, sus pechos impresionantes subían y bajaban al ritmo que su respiración
acelerada le mandaba, estaba perdida de lo caliente que andaba.



Recostó su pecho sobre el respaldo y con sus manos separó sus
carnosas nalgas, un lindo agujerito rojo apareció entonces, totalmente depilado
y cerradito. ¡Qué lindura, siempre se lo he querido hacer por el culo a mis
amantes, pero ninguna ha querido, o no llevo dinero suficiente o se niegan
rotundamente! Pero parecía que a mamá aquello no le importaba, pues Germán,
estirando un brazo, se lo comenzó a tocar, tratando de introducirle el dedo
medio hacia adentro.



Todavía no queridito… mejor agarrá mis jugos primero… – le
dijo ella.




Germán bajó un poco los dedos, hasta su raja palpitante e
hinchada, ardiente, cubierta de una brillosa capa de jugos íntimos. Me llamó la
atención lo bien cuidada que estaba, sin vellos alrededor, ella solo los usaba
en el frente. El metió uno, dos y hasta 3 dedos, que entraron como cuchillo
caliente entre la mantequilla. Aquello me indicó que mi mami querida ya tenía
una amplia experiencia en estas cosas, no mostraba molestia alguna.



El tipo subió el dedo embadurnado nuevamente y lo introdujo,
casi sin problemas, hasta donde pudo, mamá pegó un fuerte suspiro y echó la
cabeza hacia delante. ¡Qué visión tan increíble! Llámenme un fetichista de culos
si quieren, pero me excitan sobremanera los anos bien cerraditos y bien
hechitos. Pronto mamá estaba empujando las caderas hacia atrás, moviéndolas en
círculos para que ese dedo invasor entrara más adentro, para que se sobara
contra las paredes de su esfínter, lo estaba gozando muchísimo.



¿Me vas a meter 2 deditos? – preguntó con su vocecita
melosa de nena.


¿Querés que te meta 2 deditos, Emi?


No… quiero 3…


¿Y por qué no mejor 4?


Para eso… mejor cojéeme ya…


¿Y cómo querés que te de?


Como tu sabés…


¿Y cómo sé yo?


Así… duro, rápido, profundo… quiero que me tomés como un
salvaje…


¿Te gusta lo salvaje, mi Emilia preciosa?


Me encanta… ¡quiero sentirme como una puta, como una ramera
que tiene que hacer lo que le ordenan!


¡Me encanta oírte hablar así Emi! – le dijo el tipo, vi
como mi mamá se calentó más aun mientras le decía todo aquello a su amante –
¡Chupame la verga puta!




La grabación se interrumpió, lo siguiente que vi fue a Germán
sentado en el mismo sofá, hasta ese momento no lo conocía, y a mamá metida entre
sus piernas mamando como una desesperada. Germán no era un tipo viejo como me lo
imaginé, debía tener unos 33 o 34 años, era de porte atlético, aunque con su
cabello rizado y castaño claro algo ralo. No podía ver el tamaño de su
herramienta, tan solo el enorme y bello culo de mi madre y a su abundante
cabellera rubia subiendo y bajando. Con una de sus manos restregaba su sexo,
para luego llevarla hasta su ano y untárselo de sus propios flujos.



¡Montame ya perra! – le ordenó Germán.


¡Pero por el culo! – le pidió ella.


¡Por donde putas querrás, pero montate encima de mi verga
YA!




Mamá, rauda y veloz, se levantó y se colocó encima de el, de
frente a la cámara y dejándome ver todo el esplendor de su sexo hirviente.
Germán se sostuvo la verga mientras ella se la iba introduciendo por el culo,
hasta quedar sentada encima. Me quedé perplejo de la facilidad que tuvo para
meterse esa nada despreciable verga de unos 16 cm entre su culito, ¡puta, que
fogueado lo debía tener ya!



Germán empezó a moverse enloquecido, sin darle tiempo a mi
madre para que se acomodara adecuadamente, por lo que ella parecía estar dentro
de una lancha a la deriva en un mar intranquilo. Al fin el hombre se detuvo,
tomó sus piecitos femeninos y los colocó sobre sus muslos. Así le comenzó a dar
como un loco, velozmente y con fuerza. Ella se sostenía del respaldo del sillón
y gemía a viva voz cada vez que esa poderosa herramienta entraba y salía de su
ser.



¡¡¡¡AAAY, AAAY, AAAY!!!! ¡¡¡¡MÁS DURO GERMÁN, MÁS DURO!!!!


¡¡¡QUÉ RICO!!! ¡¡¡QUÉ RICO!!!… ¡¡¡COGÉS COMO UNA DIOSA
EMILIA, UNA PUTÍSIMA DIOSA!!!


¡¡¡¡GERMÁN, GERMÁN!!!!… ¡¡¡¡ME ESTÁS PARTIENDO EN 2!!!!
¡¡¡¡ME VAS A DESTROZAR LAS ENTRAÑAS!!!!


¡¡¡¡PUES GOZALO PERRA!!!!




Germán la empujó con fuerza y se la sacó de la pusa, mamá
inmediatamente se arrodilló en medio de sus piernas y devoró con avidez aquel
miembro. Germán la puso en una posición que dejaba aquella mamada perfectamente
clara a la cámara, era increíble la precia con la que ella se lo metía entero a
la boca, la felación era tan profundo que aquella verga desparecía por completo
dentro de la cavidad oral de mi querida madrecita, ser imposible que no le
llegara hasta la garganta.



Un minuto después volvió a ponerse a cabalgar sobre su
amante, pero ahora con más fuerza y violencia, parecía querer agarrar fuego por
el culo. Al rato, nuevamente se bajó de el y volvió a tomar su pene entre la
boca.



La faena fue rematada cuando ella se colocó de espaldas sobre
el sillón, con las rodillas en el suelo y las caderas echadas hacia atrás, para
mantener su delicioso culo bien paradito. Así, Germán volvió a sodomizarla,
sujetándola de las caderas y cogiéndosela con furia desesperada. 10 minutos
después, luego de dejarle el ano escocido, rojo de irritación y absolutamente
dilatado, la hizo ponerse de rodillas en el suelo para descargar toda su carga
sobre su cara, mamás solamente esperaba con los ojos entreabiertos a que esa
abundante cantidad de leche de macho cayera sobre su frente, pómulos, mejillas,
boca y barbilla, una considerable cantidad sobre sus senos. Aquel tipo, o
llevaba mucho tiempo de sequía, o era un semental, lanzó tal cantidad de semen
que parecía manguera.





 


Ella le agarro la ver con una mano y se la empezó a sobar,
exprimiéndole las últimas gotas, al tiempo que respiraba con agitación, jadeando
con la boca abierta, llena de unas pocas gotas que le entraron. Y yo seguía sin
darle crédito a mis ojos, ¡había tenido por lo menos 3 orgasmos anales la muy
puta!



Me hallaba temblando de la excitación, mi pene temblaba entre
mis manos y yo no sabía qué hacer, si seguir masturbándome con las últimas
imágenes, o si recordar que se trataba de mi mamá la que incitaba mi paja. Ni
siquiera recordaba a qué hora había tomado mi verga entre mis manos para
comenzar a darle duro. Lo cierto es que la excitación era tan fuerte que no me
contuve, no pude hacerlo, y, después de unos cuantos jalones, eché sobre el
suelo de mi habitación toda mi calentura, no recuerdo haber eyaculado como lo
hice esa vez, eran borbotones de semen que escaparon de mis manos y se
desparramaron sobre el piso, al tiempo que me hacía una promesa. No sabía como,
ni cuando, pero esa mujer del video, esa tremendísima ramera de ese video, tenía
que ser mía, y solo mía… y no importaba que fuera mi propia madre.




continuará…



Gran Jaguar


 

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Relato: El Video de Mamá (1)
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