Luis Morales fue condenado a los 2.100 años de cárcel que el
fiscal, D. Carlos Velarde solicitó al tribunal donde fue juzgado, a sus
solamente treinta años de edad, por 32 delitos relacionados con narcotráfico,
tráfico de armas, pertenencia a banda armada, genocidio, asesinato, secuestro,
extorsión, trata de blancas, .... en fin, un tipo poco recomendable. Eso
significaba en la práctica estar en prisión hasta los 80 años de edad al menos.
Pero a los 2 años de cumplir condena se fugó.
Días más tarde la esposa y la única hija del fiscal Velarde
desaparecieron. De inmediato se supuso que era uno de los tan habituales
secuestros por rescate y Velarde se puso en marcha para sondear la posibilidad
de obtener préstamos para hacer frente a la extorsión ya que, aunque de posición
acomodada por herencia, la disponibilidad de dinero en metálico no le era
factible a corto plazo.
Poco tardó en saber que no le hacía falta el dinero: Una
semana después de la desaparición de su esposa e hija le llegó por correo un DVD
titulado "La señora y la señorita Velarde, 01"
Para ver el video, el fiscal llamó a la policía y en
presencia de varios expertos en secuestros se visionó el mismo tras analizar
detalladamente el paquete y su procedencia, investigación que estableció que se
había depositado en una oficina de correos de Bombay.
En el comienzo apareció el delincuente Morales y a Velarde se
le fue el alma a los pies. La esperanza de recuperar a su familia era remota.
- Saludos, Sr. Velarde, se preguntará …. ¡Bah! Qué tonto soy.
Pensaba decirle que se preguntará qué pinto yo en este vídeo, pero sé
perfectamente que ya ha asociado el título con mi persona. Y también estoy
seguro de que está usted padeciendo una terrible taquicardia sabiendo que soy el
propietario de sus distinguidas esposa e hija. También estoy seguro de que su
señoría barrunta que no le voy a pedir rescate por ellas. Y su señoría estará en
lo cierto. Me quedo con sus hembras en pago a los dos años de cárcel que he
pasado por su culpa.
- Pero como soy una persona muy cortés y sensible, le tendré
informado mes a mes mediante un DVD de la vida y avatares de sus dos familiares.
…. Respecto de ello debo ser sincero e informarle que no espero que esa
existencia sea muy larga. Y de eso es su señoría el culpable, por no haberlas
preparado para afrontar determinados escollos y vuelcos en la vida. Pero bueno,
a lo largo de las entregas de vídeo que le haga sobre la cotidiana actividad de
sus mujeres, se dará cuenta de que las ha habituado a la molicie y la
incapacidad para la supervivencia.
- Los presuntos -y por ser "presuntos" no están bajo tierra-
culpables de las filtraciones de información sobre mis actividades que le
permitieron obtener pruebas para condenarme serán los que le remitan los vídeos
de las chicas desde muy diversas partes del mundo. Si falla su astucia y su
policía, y no los localiza, será que tenían razón y, a los dos pobres, en
compensación por la pérdida de testículos y pene que me he visto obligado a
sentenciar, les entregaré los despojos de sus familiares … si es que viven …
cosa dudosa como le he expuesto y de la cual es su señoría el exclusivo
causante.
- ¡Mire! Ahí me las traen. Pobrecitas, sobre la caja de un
todoterreno sin capota, en jaulas metálicas al sol y sin posibilidad de asearse.
Porque un recorrido de 1500 Km requiere algún alivio intestinal y de la vejiga.
Máxime si en la comida y el agua se les ha incorporado algún fármaco … bueno ya
sabe, en los viajes largos la gente se estriñe, y no quería que se pusieran
enfermas.
- Escuche, la campana llama a concentración ante el estrado.
Ahí llevarán a sus mujeres para que mis hombres vean la calidad de las nuevas
putas. Si …. ¿no lo he dicho?.... Chassst….. Disculpe. Sí, sus chicas van a ser
las nuevas putas del campamento. Es que mire usted, cuando me detuvieron y
estuve en la cárcel por su culpa, mis hombres no gestionaron bien la crisis y
perdieron la mayor parte de las putas. Solo quedan dos, Nadia y Lola, un poco
correosas y ya muy usadas, pocas para 30 hombres, yo tengo mi zorra privada,
Nelly. Están ilusionados con la nueva carne, tanto que se la tengo que mostrar
ya en el estrado. El estrado es un poco lúgubre ya que lleva dos pilares y una
viga de madera para castigar a los hombres remisos con sus obligaciones o los
polis y milicos capturados. Pero no tengo otra cosa. El campamento era próspero
hasta que usted me detuvo, así que es el culpable de que sus dos finas,
decentes, hermosas y púdicas mujeres sean expuestas bajo una horca. … por
cierto, si me incomoda alguna de sus chicas, es posible que se reanude el
destino tétrico del estrado … ya comprende. ¿no?. Pero claro, soy estúpido, no
es algo que usted pueda remediar.
- Mire esos planos de la filmación, las dos están
avergonzadas de la mierda que impregna sus faldas. Yo creo que las acostumbró
tan mal que no saben en qué mundo viven. Les preocupa más su aspecto que su
futuro. Cualquier puta de mi campamento pregunta ante todo por la paga y las
ventajas. Pero ellas … mire … mire … ni hablan … solo disimulan sus faldas con
las manos, pero los chorretones secos de las piernas no los tapa ni dios … si es
que existe … y para ellas creo que va a ser que no.
- Comprenderá usted que hay que limpiar a esas cerdas que se
han meado y cagado encima. Ooooohh, mire a mis hombres. Qué maleducados, están
desnudando a sus chicas rasgando sus ropas con los machetes. Chit chit .. creo
que debo crear una escuela de buenos modales en este campamento.
- ¡Joooder que están buenorras las dos. Bueno, desde aquí me
gusta más la vieja, ¿qué tiene, .. de 40 a 45?. La nena está muy bien, pero
debiera haberla alimentado mejor, un poco flaca para mis hombres y aguantará
poco. Bueno quizá sus juveniles 17 le faciliten la adaptación a esta vida un
poco más incómoda que la que usted le ha proporcionado.
- Oiga, cuanto más veo a la vieja mejor me parece. Tiene unos
melones de campeonato, un pandero de negrita y unos muslazos de nadadora. Me voy
a dar con ella un gustazo ….
- Pero mire, ahora las van a limpiar con la manguera. El agua
es de un estanque de aquí cerca del que no puedo garantizar aspecto sanitario
alguno. Pero eso es lo que bebe mi gente, no sé si la suya tan fina lo
soportará. ¡Oiga! ¿Y el bronceado uniforme que tienen las dos? . Joder, toman el
sol en pelotas o qué. Vaya putas. Vea a mi gente. Está eufórica.
. . . . .
- Eejjemmm –dice el policía- Sr. fiscal, si lo desea nos
retiramos. …. Creo que será incómoda para usted nuestra presencia ahora mismo …
pero debo hacerle saber que el Sr. Juez tendrá que ver el DVD y decidirá si la
policía lo tiene que examinar … no le voy a instruir de nada que no sepa usted
…. Lamento el indecoroso trato hacia su esposa y su hija … pero los escenarios
nos pueden indicar dónde se encuentran para rescatarlas. ¿qué me dice?.
- Es igual verlo antes que después. Y me temo que el
siguiente DVD será peor. Cuanto antes lo vean mejor. Pero con ese desalmado dudo
que quede indicio de dónde las tiene.
. . . . . .
- Desde luego las dos nuevas putas han llamado al atención de
mis hombres. Mírelos todos alrededor del estrado. No se pierden ni un solo
detalle de los lujosos cuerpos. Qué vergüenza están pasando ellas. Cómo se tapan
las partes pudendas. Hipócritas, seguro que en su club de campo toman el sol en
pelota picada. Así tienen ese bronceado por todo el cuerpo. Y lo van a
conservar, vaya que si, porque aquí la única prenda que van a tener serán unas
zapatillas.
. . . . . .
El Sr. Velarde estaba pasando un mal trago con los policías
viendo las sevicias a que eran sometidas las dos mujeres. Los policías hacían
comentarios intentando identificar el paraje y haciendo hipótesis sobre si la
distancia mencionada por Morales sobre el recorrido del jeep sería cierta o no.
Sobre mapas desplegaban el compás midiendo, pero era difícil saber desde que
punto había empezado el viaje ya que había pasado tiempo desde el secuestro y no
era probable que el punto de partida fuese la misma ciudad. Lo único cierto es
que en aquel país de selva, el campamento estaba en una selva.
La pantalla mostró cómo la señora Velarde, después de ser
lavadas por fuera ambas mujeres, era sujetada por un hombre metiendo su cabeza
entre las piernas y apretando fuertemente. Otro hombre sujetó a la mujer las
piernas y un tercero se encargó de insertarle en la vagina la boca de la
manguera. Como quiera que comenzara a gritar, les metieron a las dos en la boca
las meadas bragas a modo de mordaza. La chica estaba sujeta por un cuarto hombre
que no tuvo ningún reparo en castigarla para que estuviese quieta propinándole
fuertes bofetones en la cara y las tetas. Por último, como la chica no se
calmaba, le ató las manos de frente a uno de los postes del siniestro patíbulo y
comenzó a flagelarla con la correa del cinturón. La cara de la chica era
patética con los mocos saliendo a raudales de su nariz y los ojos como
cataratas.
El Sr. Velarde estaba indignado y se retorcía en su asiento
mientras los policías juraban que aquello le costaría la vida al atroz
delincuente. Velarde sabía que solamente era el comienzo.
. . . . . .
- Contemple ahora sr. fiscal con qué rigurosidad se efectuará
la higiene intestinal de la puta vieja. Las quiero muy limpias de ahí porque
esta tarde las voy a inaugurar. Mire cómo le han metido la manguera en el sucio
culo. Observe cómo se va inflado la tripa de su puta esposa. Oh oh oh parece que
esté preñada. Por cierto fiscal. Aquí no hay condones así que es muy probable
que las putas queden preñadas, aunque no creo que vivan lo suficiente para darle
un nieto y un bastardo mulatito o con cara de indio.
- La dama ya parece como si estuviera a punto de parir. ¡Ah!
Mire como la taponan el culo con un globo inflado para que el agua tenga tiempo
de ablandar la mierda. Bueno, ahora le toca a la jovencita. Cómo se resisten las
dos. La vieja debe estar sufriendo dolores de agonía con tanta agua en las
tripas.
- Ahora que ya han llenado las tripas de la nena la veo más
atractiva. A ver si la preñan pronto y engorda, porque verdaderamente por aquí
no gustan las pellejudas. Además, las gordas tetazas que tiene no se acompañan
bien de tanta flacura.
- Aaaaah qué bonito, mire el chorro de agua y mierda que
suelta con alivio su puta esposa. ¡Qué guarra! ante tanto público. Habrá que
castigarla por cerda. Y miiire la nena, igual de marrana. Ya no son tan
pudorosas como hace un ratito.
- Ahora se ponen las sillas y la mesa para el salón de
belleza. Esa que sube al estrado es mi puta privada Nelly, las va a dejar
guapas. Lástima de pelo, pero es que aquí en la jungla es muy malo el pelo
corto, ya sabe, se enredan los bichos, las garrapatas, en fin, cuanto menos pelo
mejor. Ya ha terminado, ¿qué le parecen las dos putas así calvitas?. Más
higiénico ¿no?. ¡Qué pesada la putita, no para de llorar!. Parece como si mis
hombres me hubieran oído. Ya la han vuelto a meter bragas en la boca.
- Nire ahora como mi Nelly les afeita todo el conejo. Lo
demás no hace falta, se nota que le han debido gastar un pastón en depilación
laser. Aquí no hay esos lujos, tendrán que afeitarse el conejo la una a la otra
cada dos días.
- ¿Qué le parece mi Nelly? Me gustan como ella, mulatita
garbosa, con buenas carnes, gordo culazo y enormes tetas, lo que no tiene su
hija. Nelly es muy celosa y tiene mala leche. No le gusta nada que yo pruebe
esta tarde a las dos putas nuevas y en cuanto pueda las va a hacer la vida
imposible.
- ¿Vé qué bien han quedado? Un chumino bien pelado es
delicioso. Me vuelve a gustar más el chumino de su esposa que está abultado y
con los labios exteriores bien cerraditos. Estoy pensando en hacerle la raja más
larga. Tomaré nota. Decididamente a la nena hay que engordarla. Follará menos
que la madre para gastar menos calorías y comerá mucho más.
- Como ya es hora de comer y siesta, mi gente las dejará
descansar hasta media tarde en que las iniciaremos en su trabajo de putas ….
Ooohh … Ooooh … me estoy equivocando todo el rato. Las putas son Nelly, Nadia y
Lola. Sus hembras, sr fiscal, son las esclavas sexuales del campamento. Nuestras
putas son libres de quedarse o irse y cobran por sus servicios. Sus chicas
carecerán de esos privilegios. Eso me plantea un problema en el campamento.
Visto el dumping comercial de las esclavas, las putas se largarán con toda
razón. Pero así mis hombres ahorrarán.
- Compruebe como son alimentadas. De momento no tenemos
comida de lujo ni abundante, es más bien escasa, así que sus hembras comerán
siempre arroz con tocino y habas. Si hay fruta podrida también se la daremos.
¡Vaya, vaya! La jovencita no quiere comer su doble ración para engorde. Me temo
que Nelly se va a cabrear. ¡Justo! La va a meter un embudo en la boca. Vaya,
parece que la nena ha reflexionado y come su ración de engorde.
- Ahora, mientras dormimos la siesta será necesario tenerlas
sujetas, son capaces de intentar la fuga y con lo inútiles que son morirían
perdidas en la jungla. Verá qué imaginación la de mis hombres. No las atan ni
manos ni pies. Como ve, señoría, les meten un grueso gancho de punta roma por el
ojete que está atado a una cuerda. Ahora pasan la cuerda por encima de la rama
de ese árbol. Tiran de la cuerda hasta que las putas están de puntillas y atan
la cuerda al tronco. ¿Ve qué sencillo?. Ni por asomo se pueden escapar. Estarán
algo incómodas pero qué le vamos a hacer. Esto tiene además la ventaja de que
tendrán el culo debidamente dilatado para cuando las sodomice esta tarde.
. . . . . .
Velarde estaba ya verde de ira y los policías indignados
soltaban baladronadas sobre lo pronto que las liberarían. La cámara se regodeó
durante casi un cuarto de hora con la imagen de las dos pobres mujeres colgadas
del gancho e intentando coger con las manos la cuerda a su espalda para
disminuir la presión del acero sobre su recto.
. . . . .
- Hola otra vez Sr Velarde. Aquí tiene a sus chicas otra vez
en el estrado. Un poco fastidiadas de culo y pies, pero dispuestas a probar mi
polla. No me gusta hablar mientras follo, así que disculpe. De todas maneras las
imágenes serán tan explícitas como en una película porno.
Las dos mujeres estaban de pie en el estrado donde había
además una silla. Todos los habitantes del campamento se concentraban en
derredor. aumentando la vergüenza de las mujeres que intentaban taparse con las
manos los desnudos pubis y los pechos Morales las condujo a uno de los postes
haciéndolas apoyar las manos sobre él a la altura de la cintura con lo que
presentaban ante él sus desnudas nalgas mostrando su intimidad. El delincuente
se untó las manos con aceite y metió el pulgar de la mano derecha en el ano de
la madre y los otro cuatro dedos en la vagina. Con la mano izquierda hizo lo
propio con la hija que comenzó otra vez a llorar y gritar por el dolor en su
tierno conejito tan brutalmente invadido.
A una orden de Morales, la chiquilla fue amordazada con un
trapo viejo y después, el mismo hombre que la amordazó empezó a propinarle
golpes con una fusta de caballerías en la espalda y las nalgas.
A todo ello Morales penetraba y movía los dedos en los
agujeros de las mujeres con una violencia demencial. Ellas se retorcían de dolor
pero no se atrevían a dejar la postura. La joven por temer que los fustazos
fueran más fuertes y seguidos y la madura por temer recibir el mismo tratamiento
que su hija.
Los hombres jaleaban a su jefe:
- ¡Muy bien jefe, hay que domar a esas remilgadas!.
- ¡Rómpeles los agujeros a las zorras!
- ¡Más fuerte Morales, mira cómo se retuercen de gusto!
Morales cesó por fin de violarlas con los dedos. Sacó el
trapo de la boca de la joven y alguien le entregó dos pepinos que metió sin
contemplaciones en los agujeros de la chica dejándolos asomar.
- Si los sueltas antes de que yo te los quite, la fusta va a
conocer tus tiernas tetas.
Después tomó a la madre de los pelos y se la llevó donde
estaba la silla. Se desnudó y se sentó en ella.
- Vieja zorra viciosa, empálate de espaldas a mi y cabalga.
La mujer se introdujo el considerable pene del desalmado en
el coño y comenzó a subir y bajar como le habían ordenado.
- Más aprisa estúpida, quiero que mis hombres contemplen
botar tus tetorras.
La mujer aceleró la cabalgada pero al cerdo no le complacía
aún. A una orden suya, el sayón de la fusta comenzó a descargar golpes en los
pechos de la mujer, que sacando fuerzas de flaqueza aceleró demencialmente los
botes sobre la verga mientras sus pechos se bamboleaban descontroladamente
recibiendo de cuando en cuando el atroz beso de la fusta.
Pasado un rato la tomo por las caderas, la hizo parar y la
ordenó ensartarse por el ano, cosa que hizo la pobre mujer casi aliviada de que
cesaran de flagelarle las tetas. Nuevamente la hizo cabalgar con todas sus
fuerzas y esta vez no se hizo acreedora de ningún fustazo. Repentinamente la
arrojó al suelo y llamó a la aterrada chica para que ocupase el lugar que había
dejado su madre, la cual era tomada con indudables intenciones por dos hombres
que subieron al estrado.
Mientras la chica se acoplaba trabajosamente por el dolorido
coño, sudando a mares y temblorosa, su madre era penetrada analmente por uno de
los sucios hombres, levantada en vilo y penetrada vaginalmente por el otro.
El vocerío de los espectadores era atronador ante la vejación
de las dos mujeres que ya no ponían oposición a nada de lo que quisieran
hacerlas.
La chica fue, al igual que su madre, sodomizada también, pero
Morales retornó a la vagina para eyacular en ella. Antes de que la niña pudiera
recuperarse, otros dos hombres subieron al estrado. Uno se tumbó en el suelo
haciéndola empalarse por el ano y otro la tomó de los pelos para hundirle una
negra y maloliente polla en la boca.
El fiscal no pudo seguir contemplando cómo todos los hombres
del campamento usaron brutalmente a sus familiares de dos en dos, de tres en
tres o incluso a veces cuatro. Así se evitó el final, cuando las dos pobres
mujeres fueron orinadas por todo el cuerpo.
La tal Nelly tuvo la ocurrencia de subir al estrado con dos
embudos para que los hombres pudieran orinar dentro de sus agujeros íntimos.
Evidentemente para la boca no hacían falta los embudos. Las obligaron a beber
tanta orina que ambas acabaron vomitando. Tuvieron que sufrir otra ducha con el
consiguiente lavado interior ya que Morales no quería que tuviesen una infección
y terminasen tan pronto los suplicios.
La grabación terminaba con las jaulas en donde había viajado
en el estrado y ellas nuevamente metidas dentro para pasar la noche al raso.
. . . . .
- Sr, fiscal Velarde. Esta mi segunda entrega le llega una
semana después de que hayan ocurrido los hechos que en ella verá. Me estoy dando
cuenta de que con tanto desfase, llegará un momento en que vea usted los trances
de sus mujeres mucho tiempo después de estar muertas. ¡Qué lástima!. Pero es que
las comunicaciones en esta parte del mundo no son nada ágiles.
- Mire cómo desayunan sus chicas. La joven ha tenido que ser
animada a tomar su ración de engorde con unos cuantos fustazos ya que resulta
remisa a comer nuestra exquisita cocina y ese menosprecio es una falta de
educación. Ahora las conducen a nuestra herrería. Es un poco tosca pero bastará
para ponerles las debidas restricciones como medida de seguridad. Así podrán
dormir fuera de las jaulas y ser sometidas a los tratamientos de belleza que las
viejas indias de la tribu próxima saben aplicar con tanto arte.
- El herrero ya tiene preparados los dos collares de acero.
Observe con atención la cara de pavor de sus mujeres cuando les pone la cabeza
en el yunque para golpear los remaches de cierre. Seguro que creyeron que íbamos
a terminar con ellas a golpe de mazazos en la cabeza. ¡Qué ingenuidad! No somos
tan benévolos. Aún tienen que sufrir bastante más.
- Ya sé lo que está pensando. Que si no se les quita nunca el
collar de hierro, terminaran con llagas e infecciones. No se preocupe, los
collares están forrados por dentro con cuero que cambiaremos periódicamente.
Aprecie usted el trabajo de nuestro herrero y vea la fina labor efectuada. Es
acero inoxidable, salvo el remache que es de aluminio para facilitar el
desmontaje y el cambio del forro de cuero. Están dotados, cómo no, de las
correspondientes argollas para sujeción.
- Ahora les colocan las complementarias pulseras a juego y
atienda a las bonitas sandalias metálicas que ha fabricado nuestro herrero. Con
su altísimo tacón que les impedirá correr y el cierre metálico sobre el tobillo
con argollas para enganchar las cadenas o un separador de piernas si resulta
pertinente.
- Pensé colocarles también un cinturón de acero, pero como
espero que pronto sean preñadas hubiera sido poco duradero. No valía la pena
hacer perder el tiempo el herrero. Bastante ha trabajado con las sandalias.
- Vaya manera cómica de caminar. Se nota que nunca han
utilizado tal altura de tacones. Ya se acostumbrarán. Ahora mi Nelly les
entregará sus útiles que deberán llevar siempre encima.
- Ahí están: La fusta que tienen que llevar siempre colgada
del collar para que nadie tenga que molestarse en buscar una para castigarlas, y
la bolsa en bandolera que contiene el tubo de lubricante, la pera de enemas, la
mordaza de bola, el abrebocas, el tapón anal inflable, las pinzas metálicas y el
consolador de doble cabeza para que el personal juegue con ellas si le apetece.
- Ahora contemplará usted las primeras operaciones de
embellecimiento de las dos bestias que efectuarán Nelly y el herrero. Como ya le
dije, de las otras se encargarán las viejas indias ya que requieren
conocimientos de las plantas de esta zona.
- En primer lugar se les impondrán las joyas. Es una pena que
sean tan bastas, pero por su culpa al encarcelarme, mis hombres han sufrido una
merma considerable en sus ingresos. Pero aunque modestas, por lo menos son
grandes, eso si. Empezarán por arriba, el herrero se encarga de la yegua vieja y
Nelly de la joven jaca. Tenemos poco instrumental y carecemos de anestésicos,
así que lo siento.
- Esa es una de las herramientas, un sacabocados para el
cuero. Hace un agujero perfectamente circular llevándose la carne del interior,
lo cual permite desde el principio colocar joyas bien gruesas, como es en el
presente caso. Así que viene que ni pintado. Lástima que resulte francamente
doloroso y algo sangriento.
- Así, bien sujetas sobre las mesas de madera, porque van a
ponerse algo violentas. Observe con qué facilidad les hacen el agujero en el
vómer, el cartílago entre las fosas nasales. Y ahora con la remachadora se les
coloca el remache metálico hueco para que, a modo de ojal, proteja de desgarros
cuando se las sujete por ahí. Eso es, ahora la argolla. Un poco gruesa, pero
bien brillante. No tenemos dinero para metales preciosos, así que es de acero
inoxidable. ¡Qué asco de sangre!, menos mal que hemostático sí tenemos. Es
imprescindible cuando tenemos alguna escaramuza con la policía o el ejército.
- Eso es, ahora las bolas en la lengua para placer de mis
hombres en las mamadas. Espero que no les rompan los dientes con el abrebocas.
Mira que son tozudas y se empeñan en no facilitar las cosas. Así, unos fustazos
en el coño y ya abren la boca. Les colocan el aparato para mantenerla abierta y
¡zas!, agujero. Tornillo de doble rosca pasante ... bola arriba ... y bola
abajo. Ya está. ¿Ve qué fácil?.
- Ahora los pezones. Ahí hay una diferencia entre la vieja y
la joven. Por desgracia ésta tiene unos pezones demasiado pequeños. Cosa que ya
arreglaremos, pero que de momento impide utilizar el sacabocados y colocarle los
remaches metálicos huecos. Por eso a ella aguja gruesa. Pero a su esposa vea
usted: Se aprisiona la aréola cerca del pezón entre dos palillos verticales
atados entre si fuertemente por los extremos. Otra pareja en la punta del pezón
y así queda plano y facilita centrar el sacabocados. ¡Clacs! agujero ... remache
y ¡listo uno!. Hemostático y al otro. ¡Clacs!, agujero ... remache ... listos
los dos. Quedan lindos los chorretes de sangre cayendo por los costados.
- Como ve usted, Sr Velarde, el tratamiento del clítoris de
su esposa es similar al de los pezones ya que es bastante grueso. La zorra se lo
debe pasar bien con semejante bultito del placer. No sé si ahora, con el remache
perderá algo de sensibilidad. Al de su hija le pasa lo mismo que a los pezones,
tiene que ser con aguja porque el clítoris es pequeño para adornarlo con
remache.
- Bajo la pepitilla, otros tres preciosos remaches en los
labios mayores de cada una de las mujeres. ¿Se ven bien los anillos de los
pezones y el clítoris de su hija verdad?. Verá cuando las dos tengan puestas
todas las joyas. Seguro que se sentirán orgullosas de su aspecto.
- ¡Ah!, es verdad, me olvidaba la argolla que les están
implantando en la rabadilla. ¿sabe para qué sirve?. Pues se lo explico: Cuando
se quiera que tengan alguno o los dos agujeros rellenos con algún juguete u otro
objeto, se engancha el extremo de una cadenilla a la argolla del clítoris y el
otro a la argolla de la rabadilla, impidiendo que los objetos se escapen de sus
acogedoras guaridas y así ellas puedan disfrutar con sus oquedades bien
repletas. Jaaa ja ja ja ja.
- Bueno, ya están engalanadas. Quizá las tres argollas que
luce cada una en los labios mayores sean un poco excesivas y pesadas. Ello hará
que los labios sean cada vez mayores y más atractivos. Los adornos de los
pezones de su esposa son, como puede apreciar, algo singulares. Consisten en
unos resortes cónicos que pasan por el remache del pezón en su vértice y se
apoyan en la aréola en su base. Así estiran el pezón continuamente y ayudarán a
perfeccionar el trabajo que las viejas indias efectuarán para modelar sus tetas
conforme yo las quiero. Unos pezones bien largos serán un buen remate para unas
tetas largas y colgantes.
- Nelly las lleva ahora a las dos calvitas ante un espejo. Es
la primera vez que se van a ver desde que llegaron. ¡Toma ya las desagradecidas!
Pues no se ponen a llorar en lugar de agradecer las hermosas joyas. Ya se han
ganado un castigo, ¿Ve Ud. ser fiscal los inconvenientes de consentirles una
mala educación?. Pero bueno, el castigo habrá que dejarlo para otro día, lo que
les viene ahora será suficiente por hoy.
- ¡Ah mire!. Ahora les colocan en cada dedo pulgar un ancho
anillo con argolla para trabárselos al collar si es menester. Observe sus manos
sin joyas. Las vendimos puesto que nuestra economía es muy precaria y conviene
que aporten algo. A su esposa le dejamos la alianza de matrimonio para que
recuerde que está siendo infiel cada vez que se aparea con alguno de mis
hombres.
- Y viene lo bueno, la decoración plástica. Hemos decidido
bautizarlas con los nombres de Perra, a su santa esposa, y Cerda, a su inocente
hija. Sobre el pelado pubis de cada una se dibujará un tatuaje imborrable que
dirá: "Perra –o Cerda- propiedad del Campamento Morales". Un poco largo, pero un
pubis da para escribir mucho y me encanta ver mi nombre escrito en la piel da
las damas. El nombre de Perra o Cerda se les tatuará también en el brazo
izquierdo.
La imagen se proyectó en la pantalla tan solo 15 minutos. A
Morales no le debía parecer la escena suficientemente cruel y humillante para
Velarde. Se despidió para aparecer a los pocos segundos. La imagen reflejaba a
las dos mujeres de frente: Su nariz, pechos y vagina brillantemente anilladas
con piezas de gran grosor. Su pubis reflejando su nombre y propietario. Se les
da una orden para que muestren su lengua a la cámara y bailen ante ella y, ante
la demora en hacerlo, Nelly les castiga las nalgas con la fusta.
- Ahora, para concluir, se las traslada al estrado para
proceder a marcar el anagrama del campamento en su espalda, justo encima de la
argolla de la rabadilla, donde la espalda pierde su casto nombre. El herrero y
Nelly las llevan con una cadena trabada al collar y ellas caminan cómicamente
con sus sandalias metálicas de altos tacones entre mis hombres, los cuales
aprovechan para pegarles manotazos en las nalgas. ¡Poooobrecitas!. Encima de sus
dolores en sus delicados órganos, además las arrean. ¡Qué bárbara gente tengo!.
No me queda más remedio que imponer algún reglamento para follarlas porque si no
nos van a durar muy poco.
- Atienda al hornillo de carbón incandescente que hay en el
estrado. ¿Se imagina cómo se les impondrá la marca?. La semana que viene lo
verá, Sr, fiscal Valverde. Un afectuoso saludo.
CONTINUARÁ.
¿ Quieres conocerme ?
soy de