Las persianas están bajas, entran apenas algunos ases de luz.
Me gusta estar en penumbras en mi habitación, el mundo está afuera, lejos,
silencioso. Puedo escuchar mejor mis pensamientos, las sensaciones toman vida y
recorren mi piel lentamente, expandiéndose.
Te extraño. Extraño tu vida alrededor de la mía, tu corazón
cuando me roza, tu mirada cuando me penetra. Mi cuerpo te extraña, necesita tu
contacto. Evoca tus manos acariciándome lentamente, abarcándome toda. Mi piel se
eriza con sólo pensarte. Extraño la sensación de estar contenida en tu abrazo.
Mi cuerpo desnudo se abraza a la almohada, la aprieto con mis
piernas, mis manos te buscan en la oscuridad y encuentran mi propio cuerpo.
Comienzo a acariciarme como lo hacen tus manos cuando pensás que estoy dormida.
Recorro mis brazos, mis muslos, mi estomago. Quisiera sentir tu brazo rodeándome
la cintura, llevándome hacia vos, pero no estás.
Bajo lentamente hacia mi sexo, recordando tus dedos entre mi
vello mojado, hurgando en mi vagina hinchada de deseo, rozo el clítoris y me
estremezco. Dios! Cuánto te necesito!
Busco en mi cajón el consolador que compramos para jugar
juntos, tan real, tan parecido a tu miembro y a la vez tan remotamente distinto.
Lo pongo en mi boca imaginando el placer inmenso que te provoca verme con tu
verga en mi boca, lamo tu humedad, paso mi lengua lentamente por la cabeza, la
giro, la tomo completamente con la boca y la chupo imaginando tus pulsaciones,
la acaricio completa, la toco suavemente con las manos… y me sumerjo en mi
vehemencia y lo hago con pasión, totalmente poseída por tu recuerdo.
Mis manos recorren mis hinchados pechos, con las yemas toco
los pezones, con la puntas de los dedos los estrujo despacio, para subir más y
más la presión.
Saco el consolador de mi boca empapado de mi saliva y lo paso
por mi cara, por mis pezones, por mi vientre, queriendo recordar exactamente
como me recorrés el cuerpo acariciándome con tu verga tiesa y vibrante.
Lo hago recorrer todo mi sexo empapado, su cabeza empuja por
entrar, por abrirme. Pero estoy completamente abierta y deseosa, y entra
fácilmente, hasta el fondo.
Por un instante me quedo inmóvil, sintiendo la entereza del
miembro dentro, me siento completamente llena, excitadísima. Me levanto con él
dentro y monto la almohada, como si te estuviera montando, pero te siento detrás
mio, tu respiración caliente en la nuca, tu lengua que me recorre la espalda, tu
voz susurrándome al oído tu deseo.
Sin darme cuenta estoy moviéndome, arqueando mi cuerpo de
tanto placer, te tengo dentro sin tenerte, mi clítoris roza la almohada, mis
pezones las sábanas… y un orgasmo me atraviesa el cuerpo, me derrite por dentro
mojándolo todo de mis líquidos calientes, con espasmos incontrolados y
deliciosos.
Me quedo quieta sintiendo la profundidad de mi orgasmo e
imaginando tu semen caliente dentro mío, llenándome por completo.
Lentamente, me deslizo en la cama, necesito recuperar el
aliento e imaginar tu abrazo.
Me quedo dormida con vos adentro, sin que estés, imaginando
tu presencia en tu absoluta ausencia.