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Relato: Mirandolos desde mi pc
Yo, escritora, reportera y secretamente cuentista porno,
domino los quehaceres del chat de vez en cuando en busca de encuentros que me
inspiren. Casada con un hombre que tiene un pene de burro, pero con una rectitud
intachable encuentro en internet el desahogo a mis febriles deseos mientras un
vibrador satisface mi cuerpo de hembra de treinta y dos años que no conoce la
saciedad. Desnuda, húmeda y excitada, paso las madrugadas pegada al monitor
tecleando a desconocidos sin atreverme salvo en contadas ocasiones a llevar a la
realidad mis fantasías mas secretas y depravadas. Un vibrador bombea mi vagina y
tal vez otro el culo, las piernas me duelen de tanto deseo mientras se suceden
orgasmos espectaculares me acaricio desde la punta del pie hasta el cabello, los
senos enormes que poseo parecen reventar, los muslos necesitan abrazar un
cuerpo....
No puedo mas. Ajusto la cámara al desconocido que lo ve todo
desde otro lugar donde el también siente esta urgencia de sexo, lo miro
masturbarse su pequeño pero gordo pene, lo escucho con la diadema gemir y
nombrarme al tiempo que se lubrica con vaselina las manos que frotan su
virilidad ansiosa tanto como mi boca por darle su merecida mamada, tragarme la
leche que le chorrea por las manos y le escurre al piso....
Su sexo es velludo, de un vello muy negro y rizado, sus
huevos son algo grandes y su rechoncho pene suele ponerse erecto casi con
cualquier pretexto. Sé que es casado, lo he visto cogerse a su mujer cuando deja
la cámara funcionando para mi, ella es espectacular, tiene unas tetas bellísimas
redonditas y sonrosadas, es muy joven, tiene apenas 15 años, su culo delgado y
su sexo depilado dan la impresión de que fuese una niña.
Cuando se la coge, suele vestirla aun mas aniñada, con
falditas y calcetas, corpiñitos de encaje y coletas en el cabello. La acuesta en
la cama frente a la cámara, y no la desnuda, solo le quita los calzoncillos
rosas de encaje y le levanta la falda, yo no sé como esa criatura soporta entera
aquella gordísima verga , tal vez porque antes de cogerla, hunde hasta las
narices en su delicado coñito y lo lame como lamería una perra a sus cachorros,
la criatura no ha perdido su rostro de inocencia, pienso que se casó demasiado
joven porque en mi país aun se acostumbra en algunos pueblos. Luego de
lengüetearle hasta el fondo la vagina, se sienta en la cama frente a la
computadora, levanta la falda a esta niña-mujer y la sienta tiernamente en sus
piernas, cual si fuese su padre. La mima y la besa y si lo vez no creerías que
la está cogiendo porque su rostro es de una ternura infinita de padre meciendo a
su pequeña, repentinamente levanta la falda de la niña y deja al descubierto su
espectacular trasero y abrazándola se recuesta para que yo pueda ver el pedazo
de verga que entra y sale de aquella delicia viviente.
La toma de las caderas y la ciñe a su pelvis, mientras ella
se retuerce de placer montándolo como a un pony, pone sus manos en la pelvis de
el y se menea en desenfrenada carrera jadeante y sudorosa, con una mano se
desprende los botones de la blusa y los lirios de sus pechos revientan en mis
ojos antes de ser eclipsados por una boca enorme que se apodera de uno y otro y
los transforma en redonda fruta con la que su lengua juguetea en diminutos
círculos alrededor de esos pezones que no alcanzan la madurez. El rostro de el
orgasmo de ella es un poema, revela dolor, lujuria e inocencia, y su esposo debe
ser un verdadero potro, un portento de amante pues sabe resistirse a terminar,
quiere follarla toda, horadarle hasta el ultimo rincón antes de correrse.
Así que la recuesta boca abajo y corre a aumentar el zoom,
cuando regresa ella respira desfalleciente, de un tirón le despoja de la falda,
sus nalgas delgadas y pálidas, cubiertas de sudor, yacen laxas de cansancio y
satisfacción, pero el delicadamente mete un dedo en el coño penetrado y su mano
se impregna de un liquido cristalino, con el lubrica el culo introduciendo un
dedo suavemente y frotando la entrada de este botón sonrosado y tierno, debe
gustarle a ella porque arquea el cuerpo como una gatita en celo y sonríe
cariñosa largo rato mientras es penetrada por dos y luego tres dedos.
Cuando el culito recibe estos sin resistencia, le toma las
nalgas y pone la verga roja y generosa sobre la entrada el culo, empujando
firmemente hasta que sus huevos chocan con el coño, ella debe ser experta en
estos menesteres pues no muestra incomodidad, al contrario, recibe las suaves
embestidas con movimientos gentiles, las manos de el se apoderan de sus tetas y
las amasan al tiempo que bombardea el culo con un rítmico aviven que me derrite
de deseo, poco a poco el ritmo se vuelve mas frenético y sus caricias pasan de
la dulzura a la violencia muy sutilmente, ahora son pellizcos en los pezones,
nalgadas, hasta le toma de los cabellos obligándole a gritar, la danza frenética
sigue con ellos empapados de sudor cuando de repente el la sujeta fuertemente de
las caderas y le sume toda la verga de un tirón al tiempo que se arquea hacia
atrás... saciada su lujuria tiende a la mujercita sobre la cama abriéndole las
piernas, toma un envoltorio y saca de ahí un hermoso pene de plástico rojo y
nervudo que le mete en el coñito desfalleciente, con estocadas tan certeras y
feroces que casi siento lastima de esa niña taladrada de ese modo por un sádico,
ella reacciona a la voluptuosidad y arremete contra su clítoris casi al mismo
tiempo que yo contra el mío, entrecierro los ojos y me imagino parte de ese
juego, con su manecita masturbándome y yo masturbando su piel de niña. Frota
ella mientras el masturba su vagina y lame los dedos de ella, eso desata mi
orgasmo y casi al mismo tiempo ella tiene el suyo...
Satisfechos y felices se despiden de solo con un ademan y
apagan su computador, yo , aun deseosa , me escurro a mi recámara donde mi
marido duerme en santa y serena paz, me acuesto junto a el y desabrocho despacio
sus boxers, cierro los ojos al tiempo que mis manos se apoderan de una turgente
verga ... y mi mente vuela, vuela mas velozmente que mis manos.