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Relato: La rutina se habia apoderado de nosotros


 

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Relato: La rutina se habia apoderado de nosotros

  

En los mas de veintiséis años que llevábamos casados, nuestra
sexualidad había evolucionado muy poco, nada, diría yo. Lo hacíamos una, o a lo
sumo dos veces por semana y calificar nuestro nivel mutuo de satisfacción habría
sido muy difícil. Pienso que nuestra mediocridad era absoluta. Yo nunca he sido
un gran amante, ni siquiera cuando era joven. Mi pene es de lo mas corriente y
mi resistencia es mas bien poca hasta el punto de que en ocasiones leyendo
artículos al respecto he llegado a dudar si no estaré padeciendo un problema de
eyaculación precoz. Soy un individuo de complexión fuerte, llevo una vida
sedentaria fruto de lo cual tengo exceso de peso y no realizo mas actividades
que las puramente profesionales. Soy, en definitiva un tipo corriente y
aburrido.



Mi mujer no es mejor que yo. De estatura media y, como yo,
pasada de kilos, nunca he sabido a ciencia cierta que representa el sexo en su
vida aunque a juzgar por su actitud creo que no está entre sus prioridades. En
ocasiones se había quejado de que lo hacíamos poco pero si yo reaccionaba para
remediar la supuesta carencia ella enseguida decía tener suficiente. No es ni ha
sido una mujer ardiente y estoy seguro de que de haberlo sido me habría dejado.
Hacer el amor mas de una vez en la misma noche me resulta casi imposible. En
ocasiones he llegado a dos pero las tales ocasiones se podrían contar con los
dedos de la mano. En esas relaciones que mantenemos, raramente salimos de la
monotonía, aparte de la clásica postura del misionero, la he penetrado por
detrás, y ella me ha cabalgado. Hemos practicado el sexo oral llegándome a
correr en su boca, he frotado mi polla en sus tetas y nos hemos masturbado
mutuamente, si uno se corría antes que el otro. No he logrado follármela por el
culo aún a pesar de haberlo intentado por no hacernos daño, a lo mas que hemos
llegado a sido a meter el dedo y no del todo. No recuerdo haberlo hecho mas que
en la cama.



Estoy convencido de que muchas veces ha fingido orgasmos
inexistentes y alguna noche la he sorprendido masturbándose creyéndome dormido
como probablemente ella me haya observado a mi. Creo que soy mas apasionado que
ella aunque a la vista de lo expuesto no creo que eso tenga mucha importancia.
El instinto animal que se supone deberíamos tener o no existe o duerme en algún
lugar recóndito de nuestros cerebros. Con este panorama creer que alguno de
nosotros lleva una doble vida es muy difícil. Yo he tenido varias experiencias
extramatrimoniales con un nivel de satisfacción parecido al que mantengo en casa
y la verdad es que no creo que ella haya tenido ninguna aventura, nunca se sabe
pero conociéndola me resulta difícil de creer. Es delicada, enseguida le molesta
algo, la higiene es lo principal, en fin, improvisar resulta complicado.



Por lo que a nuestro nivel de comunicación se refiere, en
este tema, no tengo queja, pienso que hablamos bastante, nos preguntamos si nos
gusta esto o lo otro pero al final siempre es lo mismo y hay veces en las que ir
a la cama, para ambos, mas parece una obligación que un deseo. Nunca hemos
hablado sobre nuestras fantasías y del mismo modo que las tengo yo no dudo que
ella las tenga. Por mi parte la fuente de inspiración son las paginas de sexo de
la red y alguna que otra película porno que veo a escondidas. Por la de ella no
lo sé. Así las cosas, mi autoestima sexual y supongo que la de ella acabó por
los suelos.



Dudé en la forma de enfocar el tema, no sabía como hacerlo
así es que espere a que la oportunidad llagara sola. Un día en que charlábamos
acerca de algún tema intrascendente, desvié la conversación hacia donde yo
quería y le pregunté abiertamente sobre que pensaba de nuestras relaciones,
incluso fui mas allá y le adelanté que por lo que a mi respectaba, y en mi
opinión, estábamos sexualmente muertos.



Se quedó muy sorprendida y la preocupación se reflejó en su
rostro. Permaneció unos segundos con la mirada perdida y enseguida


habló:


-¿Quieres que nos separemos?


Ahora el sorprendido fui yo:


-No mujer, no estoy diciendo eso, simplemente te he
preguntado porque quería saber tu opinión. Yo te quiero y pienso que en este
aspecto no estoy muy seguro de que seamos una pareja normal, creo. No conozco
otros casos pero para nuestra edad no me parece que seamos muy activos. No se tu
que piensas.


Ella me miró y ya su cara había cambiado:


-Hombre, quizás sea que todos estos años, siempre lo mismo,
no sé. Tienes razón, no somos muy imaginativos que digamos. Alguna ves he
pensado en ello sí, pero no hasta llegar a preocuparme , ahora que lo dices no
se que podríamos hacer. ¿se te ocurre algo?


Nos quedamos en silencio mirándonos en espera de que a alguno
se le ocurriera continuar. Fui yo quien se adelantó:


-No lo sé. A veces he pensado comprar algún artilugio de esos
que venden en los sex-shop, o películas pornográficas pero luego no lo he hecho
porque no he estado seguro de que resultara emocionante. También he sabido de
clubs que se dedican al intercambio de parejas pero no estoy seguro de que eso
nos gustara y por ello no te lo he propuesto.


-Uy eso no, dijo ella, creo me resultaría violento que
alguien a quien no conozco y que tal vez no me guste me ponga las manos encima.
He visto en televisión algún reportaje sobre eso que dices y la verdad es que no
me ha acabado de convencer. No, yo eso no lo veo bien. No me resultaría cómodo.


Volvimos a quedar en silencio durante un buen rato. Pensé en
otra posibilidad y en vista de que ella no decía nada propuse de nuevo:


-Y un trío?


Me miro y río divertida:


-¿qué quieres? ¿traerte a una jovencita y follártela delante
de mi? ¿quieres follar con dos a la vez? Ja, ja, ja. ¿Crees que podrás?


Yo también me puse a reír :


-Bueno no es exactamente eso en lo que estaba pensando sino
en todo lo contrario, dije, cuando te he hablado de organizar un trío a lo que
me estaba refiriendo era a la posibilidad de traer un hombre y follarte los dos
a la vez. Tu te quedas a medias la mitad de las veces que lo hacemos y con dos
tíos seguro que te puedes correr un montón de veces.


-¡Hala que exagerado! dijo ella riendo.


- Por lo menos una seguro, cosa que conmigo no siempre esta
garantizada. A mi me parece muy excitante la idea de verte follando con otro y
conmigo, claro, a la vez. ¿No te gustaría follar hasta no poder más y que te
hicieran de todo para darte placer?


Dudó unos instantes:


-No soy una devoradora de hombres, dijo, no se si aguantaría
y tampoco creo que sea tan divertido como dices. Además no se si sería capaz de
eso. No es tan fácil.


-Tal vez sea la falta de costumbre, contesté, ¿has tenido
alguna vez mas de un orgasmo seguido? ¿Te has vuelto alguna vez loca de placer?.
Creo que ni lo uno ni lo otro, concluí.


Se quedó callada de nuevo como si estuviera sopesando o que
acababa de decirle. Hablo al poco:


-No lo sé. Yo solo tengo experiencia contigo y la verdad es
que me he acomodado, eso que propones ... no se que decir, me parece muy fuerte.


-Si, si, es por eso que ya que no tienes mas experiencias que
las mantenidas conmigo y considerando que yo tampoco soy ningún modelo amatorio
es por lo que propongo salir de la rutina aunque solo sea por ver si encontramos
algún aliciente. ¿ nunca has pensado en tener otra polla que no sea la mía,
aunque solo sea por comparar que se siente? ¿Es que nunca has tenido fantasías
raras?. Yo por lo menos fantasías tengo. Piénsalo si quieres. Podemos probar, no
perdemos nada, y si no nos gusta nos olvidamos.



Allí terminó la conversación y eso nos predispuso para que
aquella noche, en medio de la semana, cosa totalmente inhabitual, hiciéramos el
amor de la forma convencional que siempre lo hacíamos. Con condón, por supuesto.



Días después volvimos a hablar del tema pero esta vez fue
ella quien inició la conversación:



-He estado pensando en lo que hablamos el otro día y la
verdad es que sigo sin verlo claro pero suponiendo, y digo suponiendo, que
decidiéramos hacerlo ¿de donde íbamos a sacar al otro tipo?


-Bueno, respondí, puestos a comparar, la verdad es que es mas
fácil tomar la decisión que llevarla a cabo pues, como tu dices, así de golpe no
se me ocurre a quien podemos recurrir. Todos los hombre que conocemos, amigos y
familiares están casados y no sé.


-¡Familiares no ¡,dijo ella enseguida, no quiero líos.
Además, tus hermanos no me gustan y los cuñados tampoco. ¡Ni hablar de sobrinos
y primos, son toso unos críos! ¡ ah y espontáneos de pago tampoco!


La conversación tomaba tal cariz que parecía que ya estuviera
todo decidido


-A ver, intervine pensando en voz alta, podría traer algún
compañero de trabajo a cenar, alguno que este separado y que sea susceptible de
ser seducido. Tiene que ser alguien de nuestra edad para ir bien.....¿qué te
parece?.. Hay un tipo, Daniel se llama, es mas o menos como yo y esta solo, se
cuida mas que yo y me cae bastante bien, presume de seductor pero creo que dice
mas que hace.


-No se, ¿y si luego no me gusta?


- Pues si no te gusta pasamos al plan B: cenamos tomamos una
copa charlamos y a la calle. Así de fácil. Será una ocasión perdida. Tendremos
que apuntar en otra dirección o desechar la idea.


Ella había permanecido atenta mientras yo hablaba pero
también había pensado:


-Oye, también en mi oficina hay un tipo de esos, no se si
tiene un par de años mas o menos que nosotros y también es de los que se lo come
todo. Creo que trabaja en el departamento de expediciones. Conmigo se hace el
simpático siempre que tiene ocasión y si no me viera así de seria yo no dudo que
intentara algo. Lo cierto es que el sujeto en cuestión esta de buen ver.


-Puede ser una opción, si. ¿Cómo se llama?


-Jaime.


- Pues bueno, ahora solo nos falta decidir :o Jaime o Daniel.


-Supongamos que ya hemos decidido, empezó, ¿y ahora que? Lo
traemos a cenar ¿y?


-Depende de quien sea, dije, pero al final eso no es muy
importante, lo importante es que vas a tener que desplegar toda una estrategia
de seducción para que acabemos en la cama. Yo colaboraré en la planificación y
en la puesta en escena pero la mayor parte del trabajo lo vas a tener que hacer
tú. No creo que sea pedir demasiado cuando también vas a ser tú la mayor
beneficiaria del éxito, si es que lo logramos.


-No se, No se, contestó con una mirada de complicidad. Sigo
pensando que hay que tener valor para hacer algo así. Bueno ya veremos, solo de
pensarlo siento escalofríos.


Aquella noche volvimos a follar ,de nuevo fuera del horario
habitual. Al acabar me dijo:


-¡Traeré a Jaime!



Disponíamos de una semana para preparar el plan. La cita
sería un viernes y durante la semana ella iba a mostrarse simpática y receptiva,
si el tipo era como decía enseguida la tantearía: le preguntaría por su
situación familiar o le propondría tomar algo al salir o las dos cosas . Si eso
pasaba seguro que él no tardaría en presumir de su libertad, o lamentarse de su
solitud, momento ideal para cursar la invitación.



El llegaría a la hora prevista. La cena estaría a punto y le
dispensaríamos una muy buena acogida. Yo me mostraría muy amable y solicito
mientras que mi esposa no debería dejar escapar la ocasión de provocarle. Se
pondría una blusa de seda negra bajo la que no llevaría nada, dejando sin
abotonar los tres botones superiores para que ocasionalmente se le vieran los
pechos y una falda de lino roja hasta la rodilla. No debía llevar bragas. Cuando
el llegara ella saldría a recibirle y aprovecharía para besarle, en la mejilla y
apretarse a él lo suficiente para que hacer que se sintiera bien. Una vez ella
hiciera las presentaciones nos sentaríamos, ellos juntos en el sofá y yo en un
sillón. Yo enseguida ofrecería un aperitivo que debería ir a preparar a la
cocina dejándoles solos a fin de que ella pudiera empezar a calentar el
ambiente. Le preguntaría cualquier cosa y no dejaría escapar la ocasión de poner
su mano sobre la de él, tocarle la pierna etc. Debería mostrase muy interesada
por lo que dijera y divertida ante cualquiera de sus anécdotas u ocurrencias. Yo
trastearía por la cocina para que no temieran mi entrada inoportuna. Mientras
tomáramos el aperitivo ella me hablaría de la merecida fama profesional de
nuestro invitado y de cuantas veces ella había defendido su buen hacer ante
criticas infundadas. De lo apuesto y fuerte que era y, también, de lo atractivo
que le resultaba. No habría que evitar ninguna pose provocadora y de ser posible
ella, con total naturalidad al recoger la bandeja debería inclinarse frente a el
permitiendo que pudiera percibir algo de su desnudez interior.



La mesa es rectangular. Nos sentaríamos a lo ancho, ellos dos
juntos y yo solo al otro lado.



Como el sería el invitado de mi esposa, yo me iba a cuidar de
cambiar los platos y traer de la cocina lo necesario empleando un tiempo
prudencial para que ella continuara provocando. En caso de que yo apareciera de
improviso ella tendría que actuar con naturalidad y sin mostrar ningún
sobresalto. A los postres todo debía estar a punto. Ya no habría guión que
seguir. Para entonces la suerte estaría echada.



Estableceríamos un código de señales: Servilleta en el suelo:
todo va mal. Cubierto al suelo la cosa va bien. Copa tumbada por accidente:
éxito seguro.



Sucedió como estaba previsto, el tipo se hizo de rogar pero
aceptó la invitación. Mi mujer me avanzó que había coincidido con él en un
pasillo al día siguiente y que al cruzarse el le había dado una palmada en el
culo a modo de saludo, ella le había sonreído. No estaba mal.



Fue puntual. Era un hombre alto como yo, bien plantado, y con
un cuerpo proporcionado en el que no sobrarían mas allá de cuatro kilos. Moreno
de cabellos canosos, vestía muy correcto y se le veía limpio. Mi esposa, que se
había tomado una copa para calmar sus nervios y sus dudas, salió a recibirle. Me
lo presentó y enseguida me pareció una persona agradable. Como estaba previsto
serví unos martínis, tomando mi tiempo, y, media hora después, en un ambiente de
cordialidad nos sentamos a la mesa. Charlábamos. Mi esposa se mostraba muy
atenta con su invitado y él parecía algo cohibido aunque se iba soltando poco a
poco. Acabado el primer plato fui a la cocina y me entretuve lo suficiente para
que ella hiciera. Al salir, sin mirar, creí ver que el retiraba su mano de algún
lugar bajo la mesa. Serví los platos y me senté dirigiéndoles una mirada
complacida. A mi esposa se le cayó distraídamente el cuchillo al suelo. Todo iba
bien. La cena transcurrió felizmente entre anécdotas varias, risas, humoradas
diversas y, como no, alguna que otra ida y venida a la cocina por mi parte.



Al acabar no hizo falta que mi mujer dejara caer la copa, vi
que la miraba, la inclinaba distraídamente y sonreía. Luego me miró a mi, fue
suficiente y así se lo hice comprender, con un guiño imperceptible.



Nos levantamos de la mesa y disimuladamente me fije en la
entrepierna de Jaime, estaba mas abultada de lo que era normal.



Tomamos asiento en el salón. Serví unas copas. Mi mujer y el
hablaban de trabajo y ella le tocaba y tocaba mientras el parecía cortado. Yo me
daba cuenta sin perder detalle de cómo se hinchaba su bragueta. Me estaba
impacientando, quería que aquello empezara de una vez porque viéndole a el
excitado me estaba excitando yo así que no se me ocurrió otra cosa que decir:



-María. No agobies tanto a Jaime porque va a creer que
quieres abusar de él. ¡ No haces mas que sobarle ¡


Mi mujer me miró y con toda naturalidad contestó:


- Claro, eso es lo que quiero, que se caliente, ¿no ves lo
bueno que esta? Y le puso una mano en el paquete al tiempo que le besaba en la
mejilla.


El hombre me miro desconcertado. No dije nada, solo me encogí
de hombros como si aquello no me importara


Mi mujer le tomo una mano y se la colocó sobre un pecho,
dentro de la blusa. El la miró, un tanto confuso, y vio como se le llegaba a
darle un beso, metiéndole la lengua, aprovechando para frotar su paquete por
encima del pantalón.


Yo permanecía sentado en el sillón viendo aquello y
excitándome progresivamente. ¡ Me estaban ignorando !.



Ella se le sentó en las rodillas, dándome la espalda, y se
puso a morrear mientras el le chupaba los pechos. Luego de estar unos minutos
así, ella se quitó de encima de él le desabrochó el pantalón y metió la mano en
su interior.



-Levántate, le pidió unos momentos después.



El hizo lo que le decía y sus pantalones cayeron al suelo. Mi
mujer, arrodillada frente a el, buscó bajo el calzoncillo y sacó de el una
considerable polla roja que enseguida empezó a chupar. El hombre me miraba
confuso. Le devolví la mirada con un gesto que dejaba claro que aprobaba lo que
estaba sucediendo. Entonces él agarró la cabeza de mi mujer y empezó a
acariciarla acompañando sus chupadas. Permanecieron en aquella posición unos
minutos hasta que ella se puso en pie y de nuevo se besaron. El le metió mano
bajo la falda y empezó a acariciar bajo ella. Mi mujer dejó de besarle y siguió
abrazada a el notando ahora como su mano acariciaba su culo. Yo lo veía
perfectamente porque estaba sentado en una posición en la que mi mujer me daba
la espalda de forma que al levantarle la falda su blanco trasero quedaba
expuesto a mis ojos. Los suspiros de mi mujer eran audibles e indicativos de que
su calentura iba en aumento.



Tenia la blusa completamente desabrochada y aquel tipo le
estaba comiendo las tetas con gran pericia a juzgar por sus jadeos. Yo, aunque
permanecía inmóvil en el sillón tenia la polla hinchada y a punto de romper mi
pantalón. Me incorporé. Solté la cremallera de mi bragueta y dejé que mi polla
saliera al aire. Les separé sin esfuerzo. Ella me miro y tomó la verga que yo le
mostraba. Se arrodilló, lamió el capullo con delicadeza y chupó con cuidado. El
le tomo la cabeza y acompaño sus movimientos. Yo no quise que siguiera porque
temí correrme así que hice que se pusiera en pie. Al hacerlo me pareció que ella
dudaba entre nosotros así que opté por entregársela a él complacido. Otra vez se
besaban. Ella ahora agarraba su polla. De repente se detuvo. Le beso, se separó
de el y tomándole de la mano trato de hacer que fuera con ella. Tras deshacerse
del pantalón y el calzado, que quedó abandonado en el salón, el la siguió. Yo me
desvestí completamente y me fui tras ellos camino de nuestro dormitorio.



Los halle desnudos completamente. Ella tumbada boca arriba y
el lamiéndole el coño y haciéndola disfrutar a lo grande. Me recosté junto a mi
mujer y la besé. Con un gesto le indiqué que se pusiera a cuatro patas y me la
chupara. Al hacerlo ofrecía un blanco perfecto para que su amigo se la clavara
por detrás lo cual no hizo falta pedir. Mi mujer se quedo quieta, por un
instante, al notar que estaba siendo penetrada por un miembro que no le era
familiar. Soltó una exclamación antes de proseguir:



-Ohhhhhh



El tipo empezó a bombear y ella acompañaba el vaivén de las
acometidas gimiendo de gusto. Me gustaba ver como estaba disfrutando, yo ya me
habría corrido, pensé, pero Jaime parecía que aguantaba.



Me incorporé y, al verme, como si lo hubiéramos hablado
previamente, él saco su polla del coño de mi esposa y vino a ocupar mi sitio
mientras yo me ponía donde el para hacer que mi verga resbalara hacia el
interior de aquella vagína hiper lubricada. Embestí y embestí mientras María
chupaba y pajeaba la polla de su compañero y esté le masajeaba las tetas. Me
corrí y ella también. Sus estremecimientos eran inequívocos pero no paraba de
chupar y mover frenéticamente, arriba y abajo, la mano con la que agarraba
aquella polla hasta que hizo que se desbordara. Un buen chorro de leche fue a
parar a su cara. Tras unos instantes de respiro, Maria ladeó la cabeza y sorbió
un hilillo de semen que pendía del capullo rosado y brillante.



Lentamente mi mujer se movió, tomándose un respiro antes de
continuar el juego. Se colocó a horcajadas sobre el estomago de nuestro invitado
y se paso las manos por la cara, cuello y pechos, extendiendo para que su piel
lo absorbiera como si fuera un cosmético, aquel liquido blancuzco que acababa de
recibir, mientras yo me recostaba al otro lado de la cama y observaba como mi
miembro decrecía rápidamente. Miré la polla de Jaime. Morada y un poco flácida
pero bastante erguida. Tomé aire. Ella se inclinó después y se recostó sobre
Jaime que le acariciaba el cabello. Empezaron a besarse. El ahora recorría con
sus manos todo el cuerpo de mi mujer que, desde los hombros hasta el culo, le
estaba metiendo la lengua hasta el último rincón de su boca.



María le dejó y pasó a colocarse sobre mí. Nos besamos
durante un buen rato. Lejos de desatender a Jaime ella le masturbaba con una
mano mientras a mi no paraba de meterme la lengua como antes hiciera con él.



Me coloqué, luego, cruzado sobre la cama y ella cambio la
postura para, sin dejar de cabalgarme, ofrecerme su coño yéndose a comer mi
polla que ahora empezaba a crecer.



Empecé con pequeños lengüetazos en aquel chocho abierto, poco
a poco, poco a poco..



Desde mi posición pude ver como Jaime tomaba un tarro de
vaselina de la mesita y se embadurnaba la polla con aquella especie de pomada.
Luego vi como sus dedos, conteniendo una buena porción de crema se acercaban por
encima de mi cabeza y comenzaban a engrasar el ano de mi esposa que jadeaba como
nunca. Yo creo que estaba mas concentrado en como movía aquel tipo sus dedos en
el culo de mi mujer que en lo que estaba ocurriendo mas abajo con mi polla.



Yo estaba lamiendo el coño cuando de pronto este empezó a
alejarse de mi yéndose hacia arriba. Jaime la estaba colocando y ella se dejaba
llevar. Desde allá abajo pude ver claramente como guiaba su falo engrasado hacia
el agujero de mi mujer y como poco a poco lo iba desapareciendo de mi vista
introduciéndose y profanando por vez primera aquel culo al que yo no había
sabido acceder.



Cerré los ojos. Mi mujer gimió como una salvaje mientras el
otro tipo se la follaba por el culo. Yo le metía los dedos en el coño y ella me
chupaba el capullo apretándolo con sus labios. Note que otra vez mi mujer se
corría como una perra sin que el otro parara de acometerla, cada vez con mas
fuerza, hasta llegar a correrse y derramar su semen en los intestinos de María.
Me corrí yo también en su boca.



Sudorosos, cansados y jadeantes nos recostamos sobre el lecho
boca arriba. Ella, que había quedo en medio resoplaba mientras esperaba que su
respiración se recuperara, agarro una polla con cada mano y empezó a acariciar
suavemente. Yo la tenia casi irrecuperable, pero a él le hacia falta poco tiempo
para recuperar. Enseguida montó sobre mi mujer y fue a ponerle la polla entre
las tetas para masturbarse con ellas. Yo aproveche para bajar mi mano hasta el
coño y buscar el clítoris sobre el que me puse a presionar. Ella empezaba de
nuevo a gemir.



Jaime le quitó, después, el almohadón sobre el que apoyaba su
cabeza y lo colocó bajo la cintura de ella haciendo que su pelvis quedara
ligeramente levantada. Le abrió las piernas y le coloco la polla hasta dentro.
Ella le cogió los huevos y pude ver como los frotaba con la palma de su mano. Yo
me puse a chuparle las tetas mientras ella no dejaba de responder a las
acometidas de el con gemidos de placer. De nuevo mi polla volvía a estar en todo
lo alto y la de el necesitaba un respiro. Se retiró y enseguida ocupe su lugar
sin dejar que se interrumpiera el ritmo de la follada.




El fue a situarse de forma que su polla quedara al alcance de la boca de Maria y
esta no tardó en tragársela toda mientras yo me sorprendía al ver que estaba
tardando mas de lo debido en correrme. Seguí y seguí empujando. Mi mujer cerró
sus piernas alrededor de mi cintura y apretó con fuerza. Jaime y yo nos miramos.
Nos entendíamos a la perfección



Se tumbó a nuestro lado boca arriba y entonces, soltándome de
ella, hice que mi mujer le cabalgara y desde aquella posición ayudé a que se
metiera la polla de el. Empezó a saltar cada vez con mas brío.



Me puse en pie sobre la cama y situándome tras de ella la
obligue a doblarse hacia adelante .




El agujero de su culo aun grasiento se me ofreció como una visión de lo mas
excitante.



Los gemidos de mi mujer eran cada vez de mayor intensidad. Se
estaba corriendo de nuevo por lo que no podía perder tiempo. Me embadurné de
vaselina y busque la posición.



Me metí por primera vez en aquel culo con menos esfuerzo del
que pensaba y me corrí con gran deleite, tan pronto la sentí toda dentro, en
medio de los gritos de mi esposa y de los empujones que desde abajo propinaba
Jaime al tiempo de correrse también.



Nuestras pollas, vigorosas antes, estaban ya arrugadas cuanto
María las lamió por última vez aquella noche.



Una hora después, estábamos de nuevo en el salón compuestos
como si nada hubiera pasado, tomando una copa y charlando animadamente. Jaime
salió de casa cuando casi eran las cuatro de la mañana prometiendo regresar
cuando gustáramos invitarle y muy agradecido por la velada. María le despidió
con un beso en la boca y yo le dedique la mejor de mis sonrisas



Ya solos, mi mujer me abrazó. Estaba muy contenta y
satisfecha de que todo hubiera salido tan bien. Recuerdo que me dijo que sentía
una ligera molestia en el ano pero que no era importante, que le había resultado
maravilloso ser follada por dos hombres a la vez y que no sabía si se había
corrido tres o cuatro veces. Le metí el dedo con toda facilidad, y acaricié el
dolorido agujero que acababa de ser desflorado, besándola apasionadamente y
notando que mi polla trataba de cobrar vida.



Desde ese día, vencidos ya todos los miedos y angustias,
nuestra vida sexual ha experimentado un giro radicalmente positivo. Jaime ha
vuelto por casa, estando yo, varias veces para repetir el juego y sé, porque no
me lo han ocultado, que han follado unas pocas veces en casa y sin que yo
estuviera presente. No veo en ello nada de particular pues ha contribuido a
nuestra felicidad y a hacer que follemos mucho mas, y mejor, que antes.



Por ahora nos va bien así. Alguna vez hemos comentado la
posibilidad de invitar a alguna mujer para que se sume a nuestros juegos pero de
momento a Maria no le seduce la idea. Aun es pronto para introducir variaciones,
dice. Bueno, yo tampoco creo que eso sea una prioridad. Si ocurre ya lo contaré.



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Relato: La rutina se habia apoderado de nosotros
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