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Relato: Al final del partido


 


Relato: Al final del partido

  

Al final del partido.


Aunque Marcos estaba compungido, yo había quedado plenamente
satisfecha (ver "Una experiencia intelectual"), y mi propósito era que, por el
momento, no nos volveríamos a encontrar. Fui inmediatamente para casa de Myriam
a contarle mis "experiencias intelectuales", lo bien que había estado en la
facultad y "todo lo que había aprendido", pero siempre con el propósito convicto
y confeso de levantarme a su hermano. Mientras conversábamos, Myriam me confesó
algo: Bruno se mostraba particularmente cariñoso con ella. Y no evitaba, que
"como al descuido", ella lo viera desnudo. Y él también sabía aparecer -¡oh,
sorpresa!-, cuando ella estaba en camisetita de dormir, sin corpiño ni tanguita,
como para estar enterado. Al comienzo la sorprendió, verdaderamente, luego la
intrigó y después le gustó.


-Katya, tienes que devolverme el favor.


-¿Qué favor?


-El que te hice con tu abuelo (Ver "Un debut poco probable").
¡Quiero cogerme a Bruno!


-Bueno, chica, así se habla. ¿Se fue el miedo?


-Del todo no, pero si tú estás presente, se puede ir. Creo
que le gusto, sino no me miraría tan golosamente.


-¡Ah, putita, las pajas que te harás!


-Sí, por supuesto. Tengo que sacarme las ganas, sino no puedo
dormir.


-Tenemos que inventar algo para "cercarlo" entre las dos.


-Sí, claro, tú tienes que ser primera y bueno…, yo "caigo" de
sorpresa.


-Pero no creo que Bruno me traiga aquí para coger. Otra cosa
son las chicas que tus padres no conocen. ¡Conmigo se puede armar flor de
quibombo!


-¡Ya lo sé! No sé como hacer… pero algo tenemos que inventar.


-Bueno, esperemos los acontecimientos. Mientras tanto…
¡seguiremos espiando a tu hermano!


A los dos días la gran noticia. Myriam me dijo que Bruno nos
había invitado -¡a las dos!-, a verlo jugar voley, en el último partido de un
campeonato ínter universitario. Él estaba en el equipo que representaba a su
facultad. Lo notable es que ninguna de las dos teníamos la menor idea de que
Bruno jugaba voley. Nunca lo había comentado. Evidentemente el hielo se había
roto definitivamente.


Ni una palabra más. Esperamos ansiosamente el día y nos
pusimos nuestras mejores galas, claro, en una onda deportiva, fresca e informal.
¡No íbamos a ir de fiesta a un partido de voley! Pero desde las zapatillas hasta
el cabello, ¡estábamos un bombón! El evento se realizaba en el estadio de la
Universidad y había un millón de chicos y chicas. Por suerte Bruno nos había
reservado unas excelentes ubicaciones, con perfecta visión de la cancha. Ninguna
de las dos, que aparte de natación no practicábamos consecuentemente algún
deporte, sabíamos de las reglas del voley más allá de lo elemental: la pelota no
tiene que tocar el piso, y hay que enviarla por sobre la red. En fin, lo que
podríamos haber "aprendido" en el voley playero, donde los chicos te invitan a
participar solamente para verte el culo o como se mueven las tetas cuando
saltas.


Cuando los equipos salieron a la cancha, ¡casi me muero!
¡Marcos estaba en el mismo equipo que Bruno!


-¡Myriam, Myriam, ese grandote, el morocho, ese es Marcos!
¡Salgamos de aquí!


-¿Estás loca? ¡Pero si es un espectáculo!


-¡Vamos a la última fila, por favor! Cuándo me vea me mata,
¡le mentí en el nombre y el número de teléfono! Y si me ve junto a Bruno… ¡Oh
Dios! ¿Si le cuenta?


-De acá no me muevo. ¡A ese no me lo pierdo!


-Pero… Myriam… -Yo tenía ganas de llorar. -¡No me abandones
en este trance!


Myriam se reía. A ella le causaba mucha gracia el enredo. A
mí me desesperaba.


-No te preocupes. Veremos que pasa. Tal vez no nos ve. Mira,
fue a saludar a esa rubia "de pasarela", debe ser la novia. No te va a decir
nada delante de la novia. Al fin de cuentas él sí hizo trampa. Tú no tienes
ningún compromiso. -Myriam me estaba convenciendo.


Al fin de cuentas yo no tengo ningún compromiso ante el que
responder. Aunque no me gustaría que Bruno supiera de mi "asunto" con Marcos.
Deben ser amigos. Digo…, que sé yo.


Bruno nos vio inmediatamente al saber donde estábamos.
También él había saludado a una rubia espectacular tipo modelo, pero claro,
podría argumentar que éramos su hermana y la amiga. No había compromiso. Vino
hasta nosotras y nos besó a las dos, agradeciéndonos por haber ido. Yo trataba
de estar lo más natural posible, pero cuando recibía sus besos en las mejillas
miraba de reojo hacia donde estaba Marcos. No nos había visto… por ahora.


El partido fue entretenido, aunque a nosotras solamente nos
interesaba ver a Marcos y Bruno. ¡Los demás jugadores no existían! En un
entretiempo, Bruno se acercó a decirnos que al final no nos fuéramos, que lo
esperáramos. ¡Nos encantó! ¡Estaba tan lindo, todo traspirado! ¡Le pasaría la
lengua por toda la piel!


¡Y nos vio, nos vio! ¡Marcos nos vio cuando Bruno hablaba con
nosotras! ¿Y ahora, qué será de mí, Dios mío? Cuando Bruno regresó con sus
compañeros, intercambiaron algunas palabras mirando y señalando hacia nosotras.
¡Trágame tierra! Marcos muy sonriente levantó un brazo para saludarnos, o
saludarme, qué sé yo… ¡Y me tiró un besito! La boca se movió, como diciendo "le
dedicamos el triunfo" o algo así, eso es lo que creí. Bruno se reía y también
nos envío un beso. En fin, ¡la suerte está echada!


El partido terminó con el triunfo del equipo de "nuestros"
chicos. A esta altura ya no me importaba quien era el ganador. Solamente pensaba
como "zafar" de ésta. Los vítores, saludos, los premios, todo eso, lo
aprovechamos para huir precipitadamente hasta el hall. Esperaríamos allí,
deseando que Marcos se fuera con su novia por otra puerta. Y que no contara nada
a Bruno. Es lo que deseaba yo, pues Myriam estaba loca por conocerlo. Me moría
de vergüenza. ¡La que se hacía la mujer fatal, la veterana de todas las camas!
¡Que vergüenza, mi Dios! A instancias mía, con la oposición de Myriam, nos
instalamos en un discreto rincón, para ver sin ser vistas. De pronto, entre las
chicas que salían, vimos a las dos rubias espectaculares… pero no se detuvieron.
Se retiraron con cara de pocos amigos.


-Mira. –Me dijo Myriam, eufórica. -¡Les dieron calabazas!


-¿Y tú que sabes?


-¿Viste la cara que tenían? ¡Vienen con nosotras! -La
reflexión de Myriam me gustó…, siempre que Marcos no le haya dicho nada a Bruno.
Si venían los dos… ¡qué fiesta se podría armar!


¡Y vinieron! Quedábamos en el hall del estadio las personas
que seguramente esperarían a los jugadores, 99 % de chicas, por supuesto. Marcos
y Bruno fueron de los primeros en salir. Antes de que nos buscaran ya estábamos
a su lado felicitándolos, abrazándolos y besándolos… en las mejillas, claro.
Bruno nos presentó y Marcos no hizo ningún comentario sobre el "cambio" de mi
nombre. Tampoco mencionó el teléfono. ¡Ningún comentario! Y creo que no le dijo
nada a Bruno sobre nuestro "encuentro" en la biblioteca.


-Marcos me dijo que te había conocido en la facu… ¿Así qué te
interesa la bioquímica? ¡Nunca lo hubiera imaginado!


-No…, bueno…, estoy averiguando…


-Sofía quiere tener toda la información para decidirse por
una carrera… -Marcos me miró sonriente…


-¿Sofía? –Bruno abrió los ojos.


-Bueno, Sofía es mi segundo nombre, "Katya Sofía". No sé
porque le dije Sofía a Marcos…, me salió así.


-No estamos aquí para hacer un censo. –Marcos le dio un
corte. -¿Qué les parece si vamos a festejar el triunfo a una disco?


-¡¡Fantástico!! –Gritamos los tres.


-Vamos hasta el auto. ¡Es nuestra noche! –Marcos era un
"tipazo".


-¡Ustedes son los ganadores, nosotras estamos a su servicio!
–Myriam no quería que tuvieran dudas. –Así que "estamos a vuestra disposición,
caballeros…"


Caminamos guiados por Marcos. Adelante lo acompañaba Myriam,
conversando animadamente. Bruno se retrasó junto a mí. Me tomó de la cintura y
me habló al oído.


-Estoy muy contento que hayas venido. Me hizo muy feliz.


-¿Te estimulo para el triunfo?


-Sí, por supuesto. Aunque cometí varios errores. Menos mal
que tengo a Marcos al lado. ¡Es un fenómeno! –Yo le estaba por decir que ya
sabía que "era un fenómeno", pero preferí callarme…


-¿Son compañeros de curso?


-No, Marcos está dos años más adelantado, termina este año.
El equipo se formó con los mejores de cada curso. Antes habíamos realizado un
campeonato interno. Lo ganó el curso de él, y en la "selección" de la facultad
hay otro de sus compañeros de equipo.


-Bueno chicas, llegamos. –En el estacionamiento había varios
autos más que estaban saliendo con grupos de estudiantes que seguramente también
irían a "festejar", aunque no hayan ganado nada…


Marcos y Bruno saludaban a todo el mundo. ¡Eran muy
conocidos! En alguna otra oportunidad les preguntaría como se habían
"desprendido" de las rubias. Guardaron los bolsos en el baúl y en cuanto Marcos
abrió para situarse frente al volante, Myriam se acomodó a su lado, lo que me
pareció excelente, para sentarme atrás, junto a Bruno.


-¡La noche es nuestra! –Repitió Myriam llena de intención.


Fuimos hacia la avenida, alejándonos del centro de la ciudad.
Los chicos intercambiaron algunos comentarios sobre el tránsito y las
incidencias del juego.


-Bueno, basta de banalidades. -Era Marcos. -Ahora hay que
dedicarse a las chicas, sino se sentirán muy solas.


-Sí, buena manija eres tú. –Bruno le tocó el hombro a Marcos.
–¿Saben qué me dijo cuando las vio? "¿Esos bombones son para ti?" Le tuve que
explicar que una es mi hermanita adorada y la otra es la amiguita más hermosa
que tiene…


-Bruno…, me harás poner colorada. –Me recorrió un escalofrío
por el cuerpo.


-Bruno tiene razón. Eran las mas lindas del estadio.


-¿Y saben que otra cosa dijo mi "compañerito" de juego? "No
quiero perderme de conocer a tu hermanita, porque a su amiga la conocí
casualmente en la facu."


-Y que no le iba a hacer competencia, pues… ¡las hermanas son
la hermanas! –Marcos aclaró que quería.


Con Myriam largamos la carcajada, ante el asombro de los
chicos. Ellos no saben que piensa la "hermanita" de su "hermanito"… y que está
dispuesta a hacer con él. Pero en este caso a mí me venía muy bien. A Bruno lo
tendría para mí y Marquitos se "apilaría" con Myriam, que era lo que más deseaba
en este momento... aunque Bruno podría venir luego… Veremos. Además, ¡estaba
segura que Marcos no le había contado nada!


-Chicas –era Marcos quien hablaba. –¿Tienen muchas ganas de
ir a bailar…? ¿No preferirían otra cosa? –Sus palabras tenían un propósito.
¡Además sabía perfectamente que yo no me hago rogar!


Bruno se conectó.


-Claro, a lo mejor prefieren más tranquilidad que la de una
disco. ¿No?


-Sí, por supuesto. -Myriam siempre llevada la delantera. -Un
lugar más tranquilo…


-Y… ¿qué les parece… el campo?


-¡¿El campo?! -Exclamamos las dos.


-Bueno, no tanto campo. Es un barrio muy tranquilo, lleno de
árboles, plantitas y flores, que aunque de noche no se ven… se olfatean…


-¡Sííí, tengo ganas de olfatear flores! –Myriam iba para
delante.


-Claro. –Yo no quería pasar por estúpida. -Vamos a oler
flores…, ¿pero dónde?


-Mis padres tiene una casita de fin de semana en los
suburbios, unos treinta minutos desde aquí, si no se aburren en el viaje…


-O no, de ninguna manera pienso aburrirme. -Y le di un beso a
Bruno.


Bueno, ¡ya está! Ahora que sea lo que Dios quiera. ¡Y Dios
quiso! Bruno me atrajo contra sí y me besó apasionadamente. Un profundo y
ansioso beso de lengua. El beso no terminaba…, no terminaba…, y la mano libre de
Bruno comenzaba a subir por mis muslos…, subía…, subía… y cuando encontrara lo
que buscaba estaría tan lubricado que no tendría la menor dificultad en meter
sus deditos… ¡y eso era lo que ambos queríamos! Me acomodé, abrí las piernas, la
izquierda la coloqué sobre la suya… y mi mano fue hacia su entrepierna. ¡Él
había llegado! Apreté mis labios contra los suyos para no gemir de placer. Los
dedos de Bruno hurgaban mi interior. Subieron por la raja hasta llegar al
clítoris. ¡Ahogué un aullido! ¡Qué acabada, papito! ¡Chorreaba toda!


Frenéticamente trataba de encontrar el comienzo del cierre.
Se deslizó un poco en la butaca para que yo pudiera. Lo bajé de un intento, y
metí la mano. Bruno se estremeció. Estaba tan empalado que no supe si fue por mi
caricia o porque lo había lastimado. Por suerte tenía un boxer y pude sacarlo
con facilidad. Cálido y húmedo, latía como su corazón.


-Ten cuidado, Myriam, no me hagas perder la calma. ¡Tengo que
manejar! –Mi amiga también estaba en lo suyo.


-¡Es que lo tienes tan lindo! –De reojo vi como Myriam se
inclinaba sobre el regazo de Marcos. ¡Iba más rápido que yo!


Había tomado con toda mi mano la verga de Bruno y lo
masturbaba. Suavemente me separé de su boca y me incliné. Comprendió mi
intención y se deslizó más todavía. Me agaché y al fin la tuve entre mis labios.
¡Quería compensar a Bruno por el orgasmo qué me había brindado! Allí abajo no
veía nada, pero la sentía. Corrí el prepucio hacia atrás, apretando suavemente
con los labios, y surgió el glande, hirviente y poderoso…


-¡Aflojen, chicos! Llegamos. -¡Qué inoportuno que fue el
arribo! –Bruno, por favor, baja a abrir. ¡Así, cómo estás, no hay nadie!


Bruno descendió prestamente del vehículo y pasando por
delante del mismo se dirigió a la carrera hasta el pasador del portón que tenía
un candado de código. Lo divertido era ver a Bruno, iluminado por las luces del
coche, con la pija dura, sacudiéndose mientras corría, con gotitas que caían del
capullo, tratando de repetir en la combinación los números que le había dicho
Marcos. Myriam y yo nos desternillábamos a carcajadas.


-¡Apúrate hombre, qué yo también estoy apurado! –Marcos
también se reía de la situación.


Cuando abrió, Bruno se volvió y bruscamente se cubrió e
introdujo el miembro en el pantalón. Esperó que pasáramos y cerró. Unos metros
mas adelante, Marcos estacionó bajo una galería, que haría las veces de
guardacoches, y bajamos, cerrando el vehículo. Marcos sacó los bolsos y se
dirigió hacia la puerta de la vivienda. Mientras la abría miré hacia Bruno, que
venia caminando, despaciosamente. Marcos y Myriam entraron y yo lo esperé.


-¿Qué te pasa? ¿Por qué te pusiste así?


-Mi hermana, Katya. Me olvidé que estaba Myriam… ¡Qué
vergüenza que me viera así! ¿Te imaginas? -Lo abracé, lo besé y entramos.
Cerramos tras nuestro y trabé las cerraduras con las llaves que Marcos dejó
colocadas.


-¿Qué te pasa? ¿Qué problema hay? -La otra pareja estaba
varios metros nuestro.


-Voy a buscar algo de combustible para la garganta. –Myriam
fue tras Marcos.


-¿Qué problema hay que te viera Myriam?


-Bueno, no me di cuenta. ¡Es mi hermana!


-Y tú crees que no te hemos visto desnudo y a ese magnífico
aparato que tienes entre las piernas. Vamos… no me engañes... ¡Y cómo te ponías
al palo cuando sabías que te espiábamos!


-Katya… no digas eso.


-Sí claro, ¡tú no sabías! Vamos, "chiquito lindo…" Bien que
sabías… y te gusta que te miremos… ¿no?


-Bueno… yo…, es que…


-"Es qué" nada. Lo sabías y lo hacías para que te viéramos… y
tú también espiabas a tu hermana y, algunas veces, cuando me quedo a dormir,
también a mí. Y a nosotras nos gusta que nos espíes.


-Ah…, ustedes también…


-¿Viste? ¡No tiene nada de novedoso tu pito! –Bruno comenzó a
sonreír. -Y bien sabes como se depila Myriam, cuando se pone acostada en la
cama, con las piernas bien abiertas hacia la puerta para que puedas ver bien el
hermoso chochito que tiene, ¿eh? Las veces que te habrás pajeado por nosotras,
pícaro…


Bruno ahora reía y se fue la atribulación. No abrazamos y
besamos.


-¿Por qué tardan tanto? Mucho hielo tal vez…


-No…, más bien calentura… Muy probablemente terminando lo que
en el auto Marcos no quiso, para no chocar, ¿no?


Cuando vinieron con dos vasos cada uno, los brillantes ojos
de ambos y las gotitas que se asomaban por las comisuras de Myriam nos delató
que teníamos razón. ¡Ya habían empezado la fiesta!


-¡Muy bien! Parece que al hielo lo tuvieron que fabricar…
-Bruno quería "calentar el ambiente".


-Sííí…, estaba un poco blandito… -Como siempre Myriam no se
quedaba atrás, además de querer demostrarle a su hermano que no era ninguna
"sonsita".


Distribuimos las copas y bebimos algunos sorbos,
intercambiando miradas sugerentes…


-Bruno, háblale a mamá para que esté tranquila… Si estoy
contigo no tendrá problemas… Supongo que estaremos varias horas, ¿no? –Myriam
siempre práctica y al "grano". –Dile que hable a la mamá de Katya.


Buscó en uno de los bolsos y habló por el celular. ¡Todo
arreglado!


-Como soy el dueño de casa me arrogo ciertos derechos…, por
ejemplo elegir… dormitorio…


-¿Nos mandarás a la alacena…? –Era una manera de definir
quien iba con quien y donde estaba el "destinado" a Bruno…, conmigo, claro…


-De ninguna manera. Hay dos, pero elijo el matrimonial…


-¡Uy, que emoción, con cama grande! No perdamos más tiempo.
–Myriam tomó a Marcos de la mano y lo llevó hacia el pasillo que éste había
señalado con la mirada.


-No se preocupen, el otro también está bien "equipado": una
buena cama y un buen espejo…, frente al nuestro. Ah, el baño está al final del
pasillo, a la izquierda. –Marcos la abrazó y allí se fueron ambos, mientras
Myriam movía cómicamente las caderas.


Nos miramos con Bruno, me abrazó y los seguimos, al
"nuestro". Como ellos dejaron la puerta abierta, promesa de "compartir", hicimos
lo propio. Myriam se reía a carcajadas, revolcándose en la cama junto a Marcos…,
todavía vestidos. En el vano de la puerta nos besamos apasionadamente, jugando
con las lenguas, mientras Bruno me apretaba los glúteos.


-¿Terminamos ahora? –Le tomé la cintura, lo besé y desprendí
el cinturón del pantalón.


-Sí, claro. –Bruno entendió lo que le dije. Se sentó en el
borde de la cama y concluyó de sacarse el pantalón junto al calzoncillo. El
miembro estaba erecto. ¡No había tiempo que perder! Me agaché y con ansias de
glotona lo introduje todo lo que pude en la boca. Lo humedecí con lengua y
saliva y tomando la cabeza entre los labios retiré hacia atrás el prepucio. El
glande estaba rojo e hirviendo. ¡Quería terminar a puro placer lo que habíamos
comenzado en el auto! Como ahora estábamos más cómodos, recorrí todo el choto de
arriba abajo, acariciando sus testículos, alternando la suavidad con leves
pellicos, que hacían dar sacudidas al hermoso mástil de carne que tenía en la
boca, sintiendo como presionaba contra la lengua. Bruno se había recostado de
espaldas y gemía de placer. Yo no tenía problemas. ¡Gozaba con el goce que le
estaba brindando! Sin tocarme, sentía como la humedad me cubría la zona vaginal.


-Ay…, Katya, mi amor, que bien lo haces. Aahh…, así, asííí…
Aaaahhhh… ¡Acabooooo!


El esperma de Bruno salió como escupitajo hacia mi garganta.
¡Era riquísimo! ¡Un néctar increíble, cálido y espeso! Tragué todo lo que pude,
hasta que tuve la necesidad de abrir la boca para respirar. ¡Tendré que hacer
ejercicios respiratorios para poder aguantar más! ¡No quiero desperdiciar nada!
El divino ejemplar de macho que tenía entre mis manos y mis labios, se irguió y
me acarició la cabeza. Oíamos los gritos y aullidos del otro dormitorio. Las dos
parejas no excitábamos mutuamente. Por las exclamaciones, deduje que Myriam ya
había tenido tres o cuatro orgasmos.


-Katya, déjame a mí. Te lo mereces…


-Espera que saque todo el juguito, quiero que te quede
limpito y brilloso.


Bruno se agachó mientras yo lo "limpiaba". Me fue
desabrochando la blusa despaciosamente, la sacó y desprendió mi corpiño. Cuando
tuve las tetas libres me alzó, sin esperar mas por mi "trabajo" y me besó los
pezones. Los tenía duros como piedras. Recorrió los globos en toda su
circunferencia lamiendo el sudor que estaban bajo ellos y luego siguió hacia el
ombligo. Terminó de sacarme la mini y tomó la tanguita con los dientes.


-Espera, me paro en la cama para que te sea más fácil.


Sin dejar de besarme, me ayudó a subir y terminó de bajar la
tanga hasta mis pies, que estaban descalzos. Así parada, como estaba, con los
dientes la pasó bajo las plantas y luego me besó cada uno de los deditos. Tenía
sus manos en mis caderas, y fue recorriendo las nalgas girando hacia atrás,
llegando por entre las piernas al chocho y también acariciando el ano. Sentí la
yemas de sus dedos apretarme el agujerito y con su cabeza ¡ahora sí, al fin!,
entre mis piernas. Yo seguía parada, por lo que levante una pierna y la coloqué
sobre su hombro. Recorrió todos los labios, desde abajo hacia arriba, hasta
llegar al clítoris. No hizo falta más. ¡Al fin el primero! Me aferré a sus
cabellos para no caerme. Sus lengüetazos eran geniales. Una poderosa lengua me
recorría todo el interior bebiendo mis jugos, mientras yo sentía la inminencia
de otro orgasmo. ¡Sí, me vino nuevamente!


-¡Eres un genio! ¡Qué lindo, qué lindo! ¡Me gusta muchoooo…!


Me aferraba los cachetes del culo con fuerza y seguía
lamiendo. ¡Su lengua es maravillosa!


-Acuéstate, Katya, tesoro. Quiero montarte.


-Sigue otro poquito…, por favor. ¡Me gusta mucho!


Me acosté boca arriba, a lo largo de la cama y Bruno se
colocó encima, invertido… ¡El 69! ¡La gloria! ¡Cómo mamé, diosito! Cuando la
tuve en la boca me vino nuevamente. Nuestros gritos se confundían con los de
Myriam y Marcos. Me sacudía toda, para sentir la lengua de Bruno dentro mío, y
para que el pene entrara y saliera con frenesí.


-¡Ya estoy listo…, voy a acabar…!


-¡No, espera! ¡Métela!


Bruno se levantó y se ubicó para levantarme las piernas…


-Espera, tienes que usar forro, mi amor.


-Uy, qué lástima… ¿Por qué?


-Estoy en días fértiles… ¡Ya tendremos una nueva oportunidad!
En mi bolsito hay algunos…


-¡Ah, viniste preparada…!


-Sí, claro. ¡No te iba dejar escapar! –Bruno me alcanzó la
carterita muy galantemente…


-Muy bien, no quieres meter la mano en los secretos de una
mujer… -recalqué la palabra "mujer".


-¡Y qué mujer! –Me besó. Tomé el sobrecito, lo abrí y lo
preparé en mi boca.


-Venga esa herramienta maravillosa que la cubro para que no
se resfríe… -Me recliné y Bruno se acercó ofreciéndome la verga a la altura de
mi boca. Lo introduje y desplegué tal como había aprendido y él colaboró con sus
dedos. -¡Perfecto! ¡Ahora adentro!


Me levantó las piernas, las colocó sobre sus hombros y
comenzó el "trabajo" de penetración. Con una mano movía el mastil acariciándome
el clítoris. Con la otra sobaba las tetas. Nos mirábamos a los ojos envueltos en
el aura de la felicidad…


-¡Qué hermosa eres, Katya! Te veía hermosa, pero nunca
imaginé que lo serías tanto. –La cabeza penetró despacito. –Tienes una conchita
de exposición…, para un primer premio…


-Tú no te quedas atrás. Ese pedazo de carne que me estás
metiendo es para enmarcar… -La pija estaba más de la mitad adentro. Moví las
caderas para sentir la presión de la poronga de Bruno contra las paredes de la
vagina. ¡El efecto fue inmediato!


-¡Bárbaro, me haces acabar nuevamente! ¡Aaaahhhh…, yaaaa…!


-¡Fantástico! ¡Cómo me aprietas! ¡Vaaa…! –La enterró
totalmente. Sentí la presión sobre el útero.


-¡No acabes todavía! ¡Muévela un poco!


Bruno respondió a mi pedido. Entraba y salía acompasadamente,
con ritmo, cada vez más rápido…, más rápido…


-¡No aguanto más…, mi vida…! –Un estremecimiento y un
violento sacudón me indicó el momento. Contraje todos los músculos y lo
aprisioné en la vagina. Mi propio escalofrío se confundió con la arremetida de
Bruno.


-¡Acaboooo!


-¡Yo tambiénnnn…! –Me apretó tanto las tetas en ese momento,
empujando sobre mí, que creí que me partía en dos.


Pero no… Nuestros jadeos se confundieron. Bruno se irguió
sobre sus rodillas, con el pene reposando, todavía enfundado.


-Deja, yo lo saco. Quiero lamerte. –Me incliné sobre él,
extraje con cuidado el preservativo, lo anudé y dejé sobre la mesita, junto a la
cama. Luego procedí a una prolija limpieza con la lengua. ¡No dejé una gotita!


Frente nuestro, en la otra habitación reinaba el silencio,
presagio de la tormenta… (Continuará.)


 

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Relato: Al final del partido
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