(Una experiencia real)
Es hermoso ver su rostro, con los ojos encendidos,
la respiración agitada. Sus mejillas están encendidas por la excitación
que nuestras caricias producen.
Al notar su agrado (sin palabras) ante los besos y caricias que doy a sus dulces
senos sobre la ropa, me lanzo entusiasmadamente a besar su rostro, marcando
lentamente los bordes de su rostro, la línea de la mandíbula,
sus lindas orejas, con delicados lóbulos que me invitan a morderlos suavemente.
Siento un profundo cambio en el ritmo de su respiración, más aún
cuando atrapo su lóbulo entre mis labios mientras que mis dedos juguetean
traviesamente con el pezón izquierdo a través de la delgada tela
de su blusa.
Ohhh, mi amor...jamás me sentí
asi,- dice ella con un hilo de voz en mi oído.
Mmmm,uhmm, oh Dios.-entre jadeos
Me gusta tanto acariciarte, dulzura- Digo con
voz ronca. Mientras desciendo a su hermoso cuello.
Mis besos, no son ya tan suaves. Acaparan más
piel como tratando se succionarla, por momentos muerdo suavemente su cuello
haciéndola sobresaltarse y apretarme más hacia ella, hundiendo
sus dedos en mi cabello, atrayéndome hacia su corazón que late
fuertemente.
Mi boca sigue descendiendo lenta pero inclementemente hacia la base de su cuello
y me refugio por un momento en esa pequeña depresión. Juego mordisqueando
suavemente los finos músculos de su cuello, rozo sus clavículas
con mis labios. No puedo evitar por un momento que venga a mi mente la imagen
de un vampiro seduciendo a su hermosa victima, quien se entrega dichosa.
Puedo percibir el suave perfume que usa en su juvenil pecho, que se agita por
mi tenaz exploración.
Nuestros cuerpos siguen enredados, agitándose, rozándose mutuamente,
con intensidad creciente. Siento su humedad caliente en mi pierna través
de la tela del pantalón. Una de mis manos cobija su pecho turgente, mientras
que la otra viaja desesperadamente de su espalda sudorosa hasta el nacimiento
de sus bellas nalgas que se contraen rítmicamente.
Mi rostro va descendiendo invariablemente hacia su escote, donde me encuentro
con un ya fallido obstáculo, un botón. Busco su boca, que busco
con fruición, y ella me responde de la misma medida. Desciendo nuevamente
y aprieto mi rostro con sus generosos pechos. Mi lengua y dientes se confabulan
para liberar en unos segundos el primer botón, dejándome más
cerca de las suaves colinas que se agitan sabedoras de mi cercanía. Tres
botones más sufren el mismo destino. Su blusa abierta revela un delicado
brassiere sin costuras que no puede escudar sus ya desafiantes pezones. Mi boca
lanza húmedas caricias sobre la suave piel expuesta.
Mi mano derecha rodea nuevamente su cintura y asciende acariciando a lo largo
de la columna, hasta la nuca. Baja nuevamente llegando hasta el broche del brassiere.
Jugueteo por debajo del elástico. Mientras mis múltiples caricias
estimulan el resto de su delicioso cuerpecito.
Con un solo movimiento libero el broche que asegura la prenda. Ella salta pero
mis besos y caricias hacen que me deje seguir.
La miro a los ojos, sintiendo su respiración caliente sobre mi rostro.
Lo único que veo es un brillo lleno de instinto en sus ojos, sus labios
entreabiertos. Tomo mi tiempo para descender nuevamente a su pecho.
Ohhhm, Alberto, que haces.... - con voz ronca-.Mientras
aprieta mi rostro a su pecho.- Me alocas...
Deslizo mi lengua bajo el borde del brassiere
y dibujo el contorno inferior de su seno que se agita incontroladamente con
su respiración. Prosigo con el otro pecho.
Su prenda ha sido desplazada de modo que solo sus aureolas siguen cubiertas
por la inútil prenda. La rigidez de sus pezones valientemente retienen
en un último esfuerzo el brassiere en su lugar. Hasta que un húmedo
lenguetazo bajo el pezón la hace arquearse hacia atrás con los
ojos cerrados, liberando así sus hermosos senos, para una visión
incalculablemente placentera.
Sus pechos, medianos, turgentes, perfectamente formados, se yerguen desafiando
la gravedad, moviéndose agitadamente con el ritmo de su respiración.
Sus oscuros pezones, turgentes, inflamados, rodeados por pequeñas aureolas
tan perfectamente circulares que parecen dibujadas. No puedo evitar tomarme
unos instantes contemplando la visión de esta diosa, con esos senos cubiertos
de un ligero sudor que los hace brillar, los delicados músculos de su
cuello que bailan con su jadeo, su lindo rostro expectante por mi siguiente
paso.
Te ves hermosísima, Jenny- Digo conmovido,
mientras acaricio su mejilla- Pareces una visión...
Oh, Alberto,..yo...nunca - con ligera angustia
Poso mis dedos sobre sus lindos labios - Lo
sé, querida, lo sé.
Acerco mi boca a la suya y me mira ansiosa,
como deseando mis labios pero a la vez temiendo lo que pueda hacer sentir. Sus
labios se entreabren, nuestras lenguas se acarician suavemente. Siento su pequeña
mano meterse entre los botones de mi camisa, acariciando mi pecho con timidez.
Se olvida de momento que tiene el pecho desnudo, luciendo sus generosos senos.
Me separo levemente de ella, la contemplo, se ruboriza intentando cubrirse.
Yo tomo sus manos suavemente y dirigiéndolas
a mi pecho le susurro.- Abre mi camisa, dulzura
Me mira algo asustada- Pero...
Tomando su rostro en mis manos- Quiero que
sientas mi corazón, mi respiración...
No intento para nada posar mis manos en sus
lindos senos. No quiero ser tan abrupto, quiero que esto sea especial para ella
y para mí. Quiero que pueda recordar esto momento con una sonrisa.
Hazlo- mirándola a los ojos.
Sus dedos lentamente empiezan a desabotonar
mi camisa, con cierta torpeza, nerviosismo, como si debajo hubiera una sorpresa
que teme y espera a la vez.
Puede ahora ver mi pecho, mi respirar agitado. Pasa sus dedos lentamente sobre
mis músculos, con la mirada clavada en ellos. Al sentir su roce mi pectoral
salta y su mirada me interroga. Le sonrío y ella lo hace también.
Abre un poco mi camisa, preciosa- digo suavemente.
Lo hace con ambas manos. Ahora estamos en igualdad
de condiciones.
Te gusto?-Pregunto
Si, mucho-responde cálidamente.
Delicadamente la acerco a mi atrayéndola
por la nuca y beso nuevamente sus labios. Me besa también. Rodeo sus
hombros y acerco su torso desnudo al mío. Cuando sus pezones rozan mi
piel, se detiene. Siento sus brazos rodear mi espalda y mientras nuestras lenguas
se entrelazan, me atrae hacia su pecho con firmeza, sin dejar espacio entre
nosotros. Aunque todavía vestimos nuestras camisas, nuestras manos vuelan
tocando espaldas, cinturas, costados. Mezclamos así el sudor de nuestra
piel. Sentimos los latidos más fuertes, como entablados en una desconocida
conversación. Cada movimiento de mi pecho al respirar la excita más
aún. Cada tensión de mis músculos la sobresaltan. Cada
roce de sus hinchados pezones transmite a mi cerebro millones de estímulos
que se agolpan en mi cerebro, llevándome a besarla y abrazarla con mayor
intensidad, casi cortando su respiración.
Te amo, Alberto- dice entre jadeos
Y yo a ti, muñequita linda - replico
Nuestros cuerpos están nuevamente entrelazados,
pero esta vez buscamos la horizontalidad del sofá para sentir mejor el
roce de nuestra piel. Movimientos ondulantes, rítmicos. Humedad entre
la ropa. Jadeos, gemidos. Mi peso de algún modo incrementa la sensación
que ella percibe a través de la ropa. Mi pene pugna por liberarse del
encierro y ella lo siente, lo percibe. Desea el roce de ese bulto prohibido
contra su clítoris también prisionero. Su pelvis empieza una danza
que aprieta mi ariete contra su monte de Venus. Mis labios mordisquean su cuello,
descendiendo poco a poco hasta su pecho. Se agita más aún sabiendo
lo inevitable. Mis labios descienden, descienden dejando un rastro se saliva
caliente circundando sus pechos. Su húmeda entrepierna se frota sin misericordia
contra mi pelvis. Ella busca el roce casi con fiereza. Puedo sentir claramente
mi bulto recorriendo desde sus nalgas tensas hasta el pubis. Toda la zona esta
húmeda, soltando aromas aún más incitantes.
Rodéame con tus piernas,- le digo
Lo hace sin pensarlo dos veces, la excitación
y el placer que está experimentando no la dejan titubear.
Cuando siento sus talones clavarse en mis nalgas, atrapo su pezón y lo
succiono con fruición, energía. Lo baño totalmente de saliva.
Ohhhhhhhh, Diossssssss! Ruge ella, frotando
salvajemente su pubis contra el mío
No...puedo...detenerme.- a duras penas puede hablar. Veo lagrimas bañando
sus mejillas, corriendo el leve maquillaje de sus ojos.
No pares de moverte, sigue - la animo
Ohhh, ohhh, ohhhh que riiiiicccccooooooo!-
casi en un grito. Muerde su labio inferior hasta casi hacerlo sangrar.
Estas llegando a un orgasmo- y ataco su otro
pezón
Mmmmm,,aaahhhhh, aaahhh... Diosss, Diossss,
Dioosssss, que rico se sienteeeeee- mientras mueve sus caderas y me presiona
contra su pecho.
Te aaammmooooooo- y presiona sus labios contra
los míos
Sigo besándola profundamente hasta que
disminuyen sus convulsiones. Puedo sentir como sus músculos se relajan
poco a poco.
Su respiración se normaliza lentamente. Abre los ojos llenos de lagrimas
y me besa.
Te amo- dice con voz suave
Yo no,-le contesto
Me mira desconcertada
Te adoro- le digo sonriendo, a lo que responde
con una hermosa sonrisa...
Shogun
(POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO)
continuará >>>
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Relato: De niña a mujer (III)
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