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Relato: Un sumiso muy puta II


 

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Relato: Un sumiso muy puta II

  
Hola de nuevo, aquí estoy de vuelta para contaros algunas experiencias más; como os conté en mi anterior relato, me encanta que mi mujer se ocupe de mi sexualmente, tiene varias costumbres como son que ande desnudo en la casa los fines de semana, con el único adorno de un delantal y unas bolas chinas en el culo.

Después de esta pequeña introducción, continuaré contados desde el final de mi anterior relato, donde me quedé con el encargo de mi mujer de comprar un arnés nuevo con una buena polla para que pueda follarme a su gusto y así lo hice, compre un rabo de latex de ocho pulgadas, una muy buena imitación del capullo y las venas y de un tamaño acojonante.

Al día siguiente de hacer la compra salí de viaje para reunirme con ella y al llegar y tras los besos y abrazos de rigor me susurró al oido – “ ¿Lo compraste? “ – no hice más que asentir con la cabeza y su cara me mostró una sonrisa radiante, los ojos le brillaban, seguramente imaginándose el momento de usarlo, se arrimó a mi y mientras me decía al oído que había echado mucho de menos a su puta, me dio un buen apretón en la polla.

Comimos con su familia, y en cuanto nos fue posible sin quedar mal irnos lo hicimos, en el camino hasta la casa ya me iba diciendo que me preparara que en cuanto llegáramos me iba a dar el postre que de verdad me gustaba.

Al entrar a la casa me ordenó desnudarme y en cuanto me quité la camisa se apoderó de una de mis tetillas y comenzó a morderla y chuparla hasta que consiguió se me pusiera duro el pezón y entonces sacó una especie de anilla, como un clip, con una abertura pequeña y dos bornes y me lo colocó en el pezón; repitió el mismo proceso con la otra, manteniéndolas de punta.

A continuación me quitó los pantalones y el slip y me pasó la lengua por el glande, recorrió la polla hasta la raíz y chupó uno de mis huevos con fuerza, diciendo – “ Echaba de menos a mi puta favorita, como está mi culito?, preparado para probar el nuevo juguete? “ – y abriendo mi maleta sacó la bolsa donde iba, le encantó y se dedicó un momento a darle lenguetazos y metérselo en la boca, se desnudó colocándose el arnés y adaptando el rabo de plástico, y una vez hecho esto me dijo – “ ¿Qué esperas una invitación oficial?, ya me estas comiendo el coño y el culo, parece que estos días sin mi te han malcriado.

Inmediatamente me puse a hacer lo que me había ordenado, le separé los labios del coño y metí la lengua buscando su clítoris que lamí y chupé sintiéndolo crecer y humedecerse, mientras mi mujer se dedicaba a dar crema al consolador del arnés, acariciándolo como si se masturbase, yo seguía dándole a la lengua pasando del chocho al culo y viceversa, en un momento dado se me ocurrió intentar meter uno de mis dedos en su culo, lo que me valió un manotazo en la cabeza – “¿Qúe intentas cabrón?” - preguntó mi mujer – “¿ acaso te gustaría encularme?” – parecía bastante cabreada, así que dije que no, que solo trataba de darle placer, a lo que contestó – “A mi me da placer follarte mala puta, desagradecida” – y cogiéndome de un brazo me echó boca abajo sobre la mesa y abrió un cajón de donde sacó una regla de plástico y comenzó a darme azotes en las nalgas, estuvo pegándome hasta verlas enrojecer, para después colocar el consolador apoyado sobre la entrada de mi culo y de un solo movimiento de caderas me lo enterró hasta el fondo, dando los testículos falsos del arnés contra mis nalgas.

Me hizo ver las estrellas, el dolor fue intenso pues el tamaño era considerable y yo llevaba más de una semana de descanso, con lo que mi agujero estaba más cerrado de lo habitual.

Pero no se quedó ahí la cosa, comenzó a follarmelo con mucha fuerza, dándome tirones del pelo e insultándome – “Toma polla cabrón, te vas a enterar de quien manda aquí, porque no eres más que una puta, a la que voy a enseñar, so cabrón” – y lindezas peores, nunca la había visto así.

Tras follarme de esa forma brutal, me ató a la mesa conforme estaba de pies y manos, y me colocó su antifaz de dormir, de manera que no podia moverme ni ver nada, solo oí como se cerraba la puerta de la casa.

Al cabo de más de una hora volví a oír la puerta de la casa y pasos de más de una persona, empecé a llamarla sin recibir respuesta, hasta que noté unas manos separándome las nalgas y no eran las de mi mujer pues estas eran más grandes, realmente estaba muy nervioso, y fue cuando sentí apoyarse algo en la entrada del culo y aquello no parecía plástico o latex, sino una polla de verdad, no tuve tiempo de pensar más cuando la sentí entrar de golpe y su tamaño no era pequeño pues me llenaba por completo.

Llamé a mi mujer de nuevo, y mi sorpresa fue sentir su voz junto a mi oído diciéndome – “¿Ves lo que conseguiste enfadándome cabrón?, ahora tienes una polla de verdad follándote, y más te vale hacerme una buena comida de coño ahora puta, o traeré a media ciudad a darte por culo” – y debió subirse a la mesa pues al instante empujaba mi cabeza entre sus piernas sin que yo opusiera resistencia alguna, me esmeré poniendo en práctica todas las habilidades de mi lengua para que quedara contenta, hasta que la oí gemir con fuerza y su coño me inundó la cara de jugos.

Pero yo seguía enculado hasta que sentí un líquido dentro de mi que llegó a rebosar mi culo y me corría por las piernas, entonces la sentí decirme – “Cabrón, ya te llenaron el culo de leche, aprendiste la lección de hoy puta?” – ni que decir que asentí – “Pues ahora abre esa boquita y comete la polla que tanto gusto te acaba de dar y como premio te montaré la polla para que me des placer y me llenes de leche el chocho”.

Sentí mi culo vació al quitarme la polla, y sin pensarlo abrí la boca para recibirla, estaba llena de semen y restos de mi culo, pero haciendo un esfuerzo enorme fui limpiándola y comiéndome todo, mientras, mi mujer me sobaba los huevos y me daba cachetes en las nalgas .... debí hacer un buen trabajo porque aquella polla empezó a crecer en mi boca, creí ahogarme hasta que la sacaron y me desataron las piernas para darme la vuelta y mi mujer se subió encima para calzarse mi polla que a los pocos movimientos empezó a escupir leche a borbotones.

Ante aquella eyaculación tan rápida mi mujer comentó con la otra persona lo mucho que debía haberle gustado a su puta aquella follada y que me hubieran llenado el culo de leche; lo que me dejó pasmado fue su comentario siguiente – “Tendré que contratarte más veces” – a quien narices había llevado mi mujer para darme el castigo?, lo descubrí un momento más tarde cuando me quitó el antifaz ...... era una mulata rubia de grandes tetas y con un rabo de buen tamaño, era un travesti.

Mi error fue pensar que ya se había acabado todo, pero no era así, mi mujercita aun tenia otra sorpresa preparada, lo descubrí al decir – “Y como parece que mi cabrón quiere probar un culo, vas a probar el suyo, ¿contenta puta?, pero mientras vas limpiándome el chocho” – la mulata se apoderó de mi polla con su boca y volvió a ponérmela dura en cinco minutos, para subirse encima y metérsela ella misma.

Sentía mi polla apretada por su esfínter y cada vez que subía y bajaba su polla golpeaba sobre mi vientre mientras a mi me dolia la boca y la lengua de tanto trabajar y mi mujer se entretenía en tirar de las anillas de mis pezones y pellizcarlos.

Tardé más en correrme pero lo hice dentro de su culo, el cual como podéis imaginar también limpié, al mismo tiempo que se morreaban .... me puso celosísimo pensar que la mulata podía follarse a mi mujer mientras yo seguía atado, pero recogió su ropa, se despidieron con un beso de tornillo y se fue, solo entonces me desató diciéndome – “Me ha parecido que no te disgustó el castigo puta, ya sabes lo que es sentir como corre el semen por tus muslos cabrón y cuando te vuelva apetecer un culo me lo dices que puedo llamar a Iris (así se hacia llamar la mulata), y puedes follárselo siempre que ella te folle a ti antes, le gustaste tanto puta que ni siquiera nos cobró, y puede que incluso me decida a probar esa polla mulata”.

Efectivamente no fue la última vez que nos visitó Iris, que además se trajo alguna amiga y por supuesto mi mujer probó la polla mulata, por lo que pudo llamarme Cabrón y con mayúscula.




 





Relato: Un sumiso muy puta II
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