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Relato: La asistenta
Puse un anuncio para contratar a una mujer para que se ocupara de cocinar, planchar y de limpiar mi apartamento. Soy soltero, he vivido siempre solo, tengo cincuenta y nueve años, tengo un trabajo bien remunerado por lo que mi apartamento es grande y mi ropa es surtida y delicada. Se presentó una señora argentina, Patricia es su nombre, cincuenta y cinco años, morena, atractiva pese a su edad. Acordamos que viniese cinco días por las mañanas cada semana por la gran cantidad de trabajo que se planteaba en mi apartamento. Me gusta el orden y las mujeres bien vestidas para cada ocasión por lo que compré unos uniformes de color blanco y crema con falda suavemente rayada y medias para asistentas del hogar. Me atraen todas las mujeres, por lo que Patricia comenzó a estar en mi cabeza y en mis masturbaciones. Pasaron varias semanas, hasta que poco a poco fui fuimos intimando. Poco a poco cada día me sentía mas atraído por Patricia aunque ella no daba muestras de cambio, siempre seria, y atenta a su trabajo. Un día antes de marcharme pasé al cuarto donde se cambiaba y allí estaba su ropa de calle encima de la cama, olía especial, no pude resistirme a acercar mi nariz a sus medias y las olí lentamente, enteras recreándome en la zona que debería cubrir su sexo y mi sorpresa fue enorme al sentir el aroma de Patricia impregnado allí, esas medias olían a mujer. Salí de allí totalmente excitado y ella seguía limpiando. Al volver del trabajo, por la tarde, ella no estaba, me fui directo a esa habitación, olí su uniforme usado, lo descolgué me lo puse encima y me tendí la cama metiendo mi verga en un bolsillo para masturbarme donde hallé sus medias de trabajo y rápidamente me corrí como un loco dejándolo todo mojado. Me quedé relajado y con la ayuda de mi cansancio laboral quedé dormido allí hasta el siguiente día. Desperté al sonar el timbre, había llegado la asistenta. Decidí colgar su ropa de nuevo, abrir y esperar que no se diera cuenta de nada, seguramente estaría ya seco. Entró a cambiarse como cada vez que venía a trabajar y al salir me percaté de que llevaba puesto el uniforme y las medias que yo había manchado el día anterior. Ella no dijo nada o no se dio cuenta, pero sin mas remedio me excitó la situación, entré en el baño a masturbarme totalmente excitado. Al salir noté que debió oír o sospechar algo porqué había un cambio en su mirada. No le di más importancia y me fui a trabajar. Al volver entré a ver su perchero pero no había nada colgado, rápidamente busqué en el cesto de la ropa con la intención de encontrar algo suyo. Allí estaba todo y para mi sorpresa estaban sus bragas, las cogí mientras me empezaba a latir todo el cuerpo, inspeccionando sus rincones, las olí, olían a mujer, a orina parecían meadas adrede y tenían restos de caca en el centro, mi verga estaba tiesa, me las metí en la boca saboreando aquel regalo, al momento me corrí salpicando como un loco y me tranquilicé. Al día siguiente pensé en dejar en paz su ropa, ya estaba bien de caprichos raros con la asistenta, aunque no podía reprimir mirarla de reojo, y me di cuenta que ella también lo hacía de vez en cuando. Este día antes de que yo saliera a mi trabajo entro en el baño y sin que cerrara la puerta la oí orinar cerrar la tapa y salir del mismo. No pude reprimir excitarme, tras eso me levanté y me dirigí rápidamente allí donde había estado, olí el ambiente buscando su olor y en efecto no había tirado de la cadena, el agua era amarilla, estaba ahí su meada y en el asiento aun caliente de sus nalgas un pelo rizado sobre tres gotas amarillas .Mi excitación estaba al limite decidí de rodillas ante la taza meter mi mano y olerla, desprendía olor a pis, era su pis. Me desabroché los pantalones y la camisa, metí las dos manos y me lo extendí por la cara el pecho y mi polla, no pude resistirme a beber un poco mientras empezaba a hacerme una paja. Las mujeres no son tontas, ella me había estado estudiando y tras saber cosas de mí tan íntimas había preparado el terreno para mi y para satisfacerse a si misma. Noté que me estaba espiando, corté mi masturbación, me seque un poco y me vestí. Tenía que tomar una determinación, y la tomé. La llamé, se acercó tímidamente y sin mediar palabra, ella me creía enojado por algo, con la cabeza baja me dijo: -¿hay algo que no sea de su agrado señor?. Le respondí:-todo es de mi agrado Patricia, pero esto (tomando con mis dedos su pelo del asiento de la taza) me gusta mas tomarlo de su lugar de origen. La situación era tensa y morbosa, ella vio mi gran bulto en el pantalón, subió su cabeza sonriendo un poco, mirándonos a los ojos subió su falda. Se mostró ante mi con cara de vergüenza y altamente excitada metió su mano en las bragas despacio, empezando una lenta masturbación, jadeaba mucho y creo que se corrió en ellas, se las quitó y me dijo:-” tome, es para usted”. Mi verga estaba tiesa ante ella, y ella quieta mostrando su peludo y mojado coño, mirándome mientras me masturbaba, al momento me corrí salpicando como un loco el retrete y al recobrar el aliento simplemente guardé mi miembro y rápidamente fui hacia mi trabajo. Salí de casa excitadísimo llegué al trabajo con sus bragas en mi bolsillo, las olía de vez en cuando, causando en mi un estado de excitación infinito. Al rato me llamó al despacho:-hola señor, no se si lo siento, pero no he tenido mas remedio, hace días que no se que me pasa. –No te preocupes Patricia lo entiendo y me gustaría repetirlo. –Verá usted cuando ha salido me he tendido en su cama y ahí me he masturbado pensando en usted y me he corrido sobre ella, la cama huele a usted y eso me vuelve loca. Le contesté:- deja la cama sin cambiar, quiero acostarme luego en ella y sentirte, quiero oler el lugar en el que te has corrido. –De acuerdo señor pero quiero que sepa. Se cortó el teléfono. Al llegar del trabajo, me fui al dormitorio y allí estaba una mancha sobre la sábana que delataba que había emanado gran cantidad de flujos y que se había cuidado de dejarlos allí. Lo olí y olía a pis, había orinado en la alfombra un poco antes de irse. No pude resistirlo, Me tumbé allí a masturbarme, me oriné sobre mi estomago, lo esparcí por mi cuerpo y mi cara, me puse a cien, jadeaba cada vez con más fuerza, mientras repetía su nombre sin parar oí un gemido, me di cuenta que no se había ido, estaba tras la cortina espiándome mientras también se masturbaba. La llamé:-Patricia que hace usted aquí ?. Y me contesta:-he preparado cena, sabía que le iba a gustar, y a mi también gracias amor, lo necesitaba hace tiempo, huelo su ropa interior cuando pongo lavadoras, me encanta hacerlo, me encanta todo lo suyo. Se acercó al costado de la cama, subió su falda y me mostró su esplendoroso y peludo coño abriendo los labios con sus manos, también jadeando como una posesa. -Le gusta como huele? A mi me gusta su olor a macho sudado, meado se giró hacia mi y cogió mi verga abandonando su sexo y yo llevé mi mano hacia su entrepierna comenzando a masturbarla, en ese momento me miró fijamente con cara de salida, “Beba un sorbo de mi fuente” me dijo, mientras empezaba a orinar. Miré sus piernas desnudas y su falda levantada y entré en un estado de excitación importante, su mano libre empezaba a acariciar su gran clítoris y en ese momento dirigí mi boca a su coño que estaba soltando chorritos y sorbí su orina. Estaba caliente, salada, me gustó hacerlo. Ella cerró sus ojos y sintió muchísimo placer por lo que pude deducir del gesto de su cara. En ese momento se corrió en mi boca, un gran espasmo recorrió su cuerpo, se corría como una posesa mientras su mano empezaba a notar mi corrida y chapoteaba en mi mojado pene. Se tumbó en la cama y empezamos una exploración general lamiendo mutuamente nuestros pies, pasando por los respectivos rinconcitos de nuestros sexos, las axilas y terminamos abrazados en un largo beso. Nos levantamos y Patricia limpió todo mientras yo tomaba una ducha, ella hizo lo mismo, cenamos y se fue a su casa. Al rato sonó el telefonillo, “ábrame por favor” me dijo y subió Patricia, entró y me miró cerrando la puerta, -mi compañero se ha enterado, se lo tuve que decir y me ha echado de casa. –No te preocupes le respondí puedes quedarte en el cuarto que utilizas de cambiador. Avanzó hasta mi y me dio un largo beso en la boca, se quedó de pie delante de mí, se subió la falda y me mostró su sexo, no llevaba puestas las bragas, comencé a comer su sexo hasta dejar totalmente limpio cada pliegue y tras su orgasmo se arrodilló mientras me decía:- señor por favor, quiere cogerme?, y yo por detrás le penetré su coño hasta el fondo, así la follé durante un rato hasta que los dos nos corrimos como animales. La dejé respirar, saqué mi verga, y me separé de ella. Era la primera vez que me la follaba, pero ha habido más. En el fondo nos encanta buscar juegos, aun me sigue llamando de usted, aunque veces suelta algún pedo para llamarme, sabe que voy, y otras veces me acerca la concha en la boca para que la coma o suelta su pis porque sabe que me encanta, y mi tiesa polla termina envuelta con sus bragas sucias largando chorros de semen como una fuente en sus carnosos labios, su juguetona lengua me la deja bien limpia, y a veces otra vez como un palo, es muy fogosa. Lo de las gotitas de pis en el asiento y el pelo de coño le gusta hacerlo como si fuera un recuerdo, luego yo lo suelo limpiar con la boca. Aun guardo aquellas primeras bragas. Su coño siempre húmedo, bonito, y su clítoris es como una judía gigante, me tiene bien enamorado, cuando estamos juntos no la dejo ir sola ni ha hacer pis,.. el otro día vino a mi cama me soltó un chorrito en la boca. La polla se me puso que me dolía. Encima me preguntó: -¿le ha gustado, puedo un poquito más?- Y entonces me soltó un chorro mucho más largo que me llenó la boca y tragué extasiado.-Gracias señor, ahora limpiarme, me dijo - Pero cuando estaba ya acabando de limpiarla, llegó otra descarga con mas presión que la anterior, empecé a tragar con gozo, me agarré a sus nalgas, pegando mi boca a su interminable fuente, para tragarme todo lo que tuviera para darme. Jamás tuve un sueño erótico tan real como el que estoy viviendo, folla moviendo sus músculos de una forma, de locura, su caliente culo, con su juego de perversa imaginación, la otra semana hizo que se la metiera y me hizo quedarme muy quieto, soltando chorritos de pis dentro de ella. Yo con ella en casa estoy siempre con dolor de genitales permanente, me cuenta guarradas, me calienta, hasta que yo no aguante más y normalmente nos liamos y me corro a grandes chorros. El sábado comenzó a frotarme su clítoris contra mis labios, sus jugos vaginales saben exquisitos, procuré obedecerla, no pude menos que entreabrir la boca y su clítoris empezó a cogerme la boca. -¡Así me gusta, bien quieto,¡ mi polla enhiesta temblando en el aire. Y comenzó a refregarme la concha por la cara, bañando mi rostro con sus jugos, derramándose sobre mi cara, boca y cuello., Ella sabía muy que me estaba llevando al orgasmo, y se divertía jugando conmigo. Quedamos rendidos, uno en brazos del otro en aquel húmedo sofá. Dormimos unas horas abrazados, al despertarme oriné sobre su coño y pude ver como su clítoris volvía a crecer se ponía duro y grande ante mis ojos. Me hizo tenderme de nuevo riendo a carcajadas y en 69 me lo acercó a la boca y comencé a besarlo, y ella se puso a jugar con mi polla, acariciándola, moviéndola, empezó a pajearme mientras me lamía el glande y movía su culo en mi cara. Y acelerando los movimientos de su mano me puso como loco, y cuando vio que yo estaba por acabar, justo en el momento me encajó la concha en la boca con tanta exactitud, que empezó a mearme fuerte sobre mi lengua, y yo a soltar mi corrida en su cálida boca. Que suerte tuve de lograr esta asistenta, si, asistenta veinticuatro horas. Cada uno duerme en su habitación, socialmente casi nadie sabe lo nuestro, yo soy el señor y ella realmente la jefa de mi intimidad. Huele tan bién.
Relato: La asistenta
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