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Relato: Capítulo 1: Forzada a Chupármela en el Auto
Esto sucedió en uno de los tantos condados que tiene Miami, Florida. Se había corrido el rumor de un posible violador que andaba suelto y, ¿Qué creen?, ese era yo. Estaba huyéndole a la Policía de la última “bromita” que había hecho. Llegué hasta las cercanías de una autopista. Llevaba conmigo una mochila en la cual llevaba algunas cuerdas, cinta adhesiva, mi revólver y un cuchillo. También llevaba conmigo una cartimplora la cual estaba vacía.
Al llegar a la carretera de aquella autopista, la misma estaba limpia y no había ningún carro en dirección hacía donde yo estaba parado. Luego, pude divisar que a lo lejos venía una de esas guaguas caras. Nervioso y algo cansado por tanto huir de la Policía, saque mi revólver, apuntando hacia la dirección en la que venía aquella guagua. Ésta se detuvo estrépitozamente y cuando me asomé a ver quienes eran los afortunados, me di cuenta de que en su interior había 3 hermosas mujeres, madre e hijas. La madre conducía el vehículo, de unos 40 y tantos, diría yo, que de hecho, la señora se veía muy bien. Una de sus hijas, de unos 18 años deduciéndolo más o menos, iba en el asiento del acompañante. Su otra hija, la cual podía tener unos 20 años como mucho, estaba en la parte posterior del vehículo. Ambas, madre e hijas empalidecieron al verme apuntánles con mí revólver. Obligué a la madura mujer a abrirme la puerta posterior del vehículo y una vez dentro, a punta de pistola le pregunté a ella que para dónde iban. Ésta nerviosa contestó que se dirigían hacia su casa. Le pregunté entonces cuánto tiempo faltaba para llegar allá. Nerviosa me contestó que en al menos 30 o 40 minutos estaríamos allí. Entonces, pensándolo bien, me dije a mí mismo, su casa sería el lugar ideal para esconderme, en lo que la policía dejaba de buscarme. Decidido pues, le apunté a la madre con mí revolver y la obligué a conducir hasta su casa.
Fue entonces que comencé a contemplar a la chica que estaba al lado mío, la de 20 años. Tenía un hermoso cabello rizado color café los cuales tenían algunas vueltas. La misma era de tez trigueña y llevaba puesto una camisa manga larga color blanca, la cual le cubría el cuello completamente. Tenía además unos pantalones tipo Jean largos, algo entallado, el cual le hacía resaltar sus hermosos muslos y su bien formada cintura. La chica podía medir fácil unos 6 pies de estatura. Fue entonces cuando noté que tenía unas tetas bien apetecible, al igual que unos labios bien carnosos. La contemplé varios segundos, sin dejar de apartar mí vista de sus tetas. Una lluvia de pensamientos invadió mi mente y pensé que no me caería mal un poco de diversión para bajar el estrés. Antes que nada, me acerqué a ella y apuntándole con el revólver en la sien, le dije que cooperara con todas mis órdenes al pie de la letra. Que de no hacerlo le iba a ir mal, tanto a ella, como a su familia. Asustada por mis palabras, sus ojos se le aguaron, brotándole de sus mejillas una que otra lágrima. Fue en ese instante que la madre, la cual conducía algo nerviosa y sollozante el vehículo, me pidió que parara, que no les hiciera nada a sus hijas, que mejor le hiciera a ella lo que me viniera en gana. Le dije apuntándole con mi revólver que se mantuviera callada, que pronto llegaría su turno, mientras comenzaba a sobarle las tetas a la joven por encima de su camisa. Llegaba hasta donde se encontraban sus pezones y se los pellizcaba por encima de su blusa y del sostén. La madre resignándose ante la situación siguió conduciendo con lágrimas en sus ojos. Entonces, volviendo con aquella chica, le ordené darme un beso de lengua, como si fuera el último que fuera a dar en su vida. Ella algo nerviosa y dubitativa se acercó a mí. Para qué fue eso, con mi mano acerqué su boca a la mía y la empecé a besar con lengua al igual que ella. Wow, a la verdad que besaba como ramera la muchacha. Luego de aquel espetacular beso, me dediqué entonces a sus tetas. Comenzé a estrújaselas con verdadera demencia por encima de la camisa. Seguí así largo rato, hasta que decidí dejar sus tetas al descubierto. Comencé primero por quitarle la camisa y luego el hermoso sostén blanco que llevaba puesto. ¡Qué show tan espectacular era verle las tetas al descubierto! Eran de unos tamaños apetecibles y tenía unos pezones exquisitos, lo cuales noté que estaban un poco erectos. Que raro, creo que a pesar de estar nerviosa, la situación la excitaba en algún punto, quizás hasta en contra de su voluntad. Comenzé por comerme los tan apetecibles pezones. Me metía uno en la boca y les daba pequeños mordiscos sin hacerle daño. También le daba fuertes chupetones y luego se los estrujaba con ganas. Mientras hacía eso con una mano, con la otra, le daba pequeños pellizcos al pezón que tenía libre. Luego de eso, los acariciaba, dándole pequeños masajes. Fue entonces cuando me di cuenta que mi pija estaba algo alterada. Procedí a sacármela del pantalón, haciéndome frente a ella una paja, mientras seguía sobándole sus tetas con ganas. Decidido a todo, tirándole del cabello, la acerqué hacia mi verga para que la chupara. Ella asqueaba con la boca y movía su rostro de lado a lado, en señal de repudio a mi petición. Entonces, algo molesto le mostré el revólver. Comprendió así que estaba bajo mi poder. Algo dubitativa se acercó a mi verga y comenzó a chuparla poco a poco. Yo la ayudaba guiándola del cabello. Noté como ella no le ponía tanto empeño a su trabajo, así que molesto la acerqué hacia mí. Mirándola a los ojos fíjamente y mostrándome un tanto molesto le dije que si no hacía un buen trabajo parándome la verga, le iba a meter el cañón de mi revólver por el culo. Se resignó, serena y tranquila me dijo que iba a cooperar, pero, siempre y cuando no le metiera eso por su culo. Así mismo fue, volvió a su trabajo con mi verga, pero esta vez de una forma mucho más placentera. Lo chupaba con avidez y desesperación, a la misma vez que usando una de sus manos me frotaba rítmicamente, más que me apretaba dócilmente mis testículos y con la otra me hacía una placentera paja. Se echaba mi verga completa a la boca y mientras lo hacía, podía sentir como su lengua repasaba una y otra vez mí ya excitado pene. Le dije que mientras siguiera con su trabajo emitiera algunos gemidos de placer. Ella accedió y para que fue eso. Parecía estar dentro de una película porno con semejante escena que tenía delante. De todas las féminas que me la han chupado, ésta era una de las mejores. Mis testículos me estaban dando unos fuertes esterones, hasta que no pude más y me vine, no sin antes advertirle que se tragara toda mi corrida. Así mismo fue, no dejó ni rastro de mi eyaculación.
Después de semejante espectáculo, reposé un rato. Luego la amordacé con la cinta adhesiva que llevaba conmigo y le até las muñecas a la espalda. Dejé sus tetas al descubierto y la hice recostarse encima de mi entre pierna, mientras seguíamos el camino hasta su casa. En todo ese trayecto nunca dejé de sobarle las tetas a la muchacha. Estuve así todo el camino, hasta llegar a lo que parecía ser la casa de aquellas mujeres.
Continúa en el Capítulo 2…
Relato: Capítulo 1: Forzada a Chupármela en el Auto
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