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Relato: Disfruté viendo cómo le partían el culo a mi esposa


 


Relato: Disfruté viendo cómo le partían el culo a mi esposa

  Ella nunca se dio cuenta. Esto ocurrió hace mucho y hasta ahora me atrevo a contarlo. Mi esposa Edith y yo siempre hemos sido muy convencionales y esa fue la única vez que quisimos hacer algo distinto. Ninguno de los dos quedó arrepentido, ni siquiera yo que fui el autor intelectual de aquello, que representa una de las mayores humillaciones. Tony es un vecino nuestro (todavía a veces me mira como para saber si ha habido algún problema y yo lo ignoro), algo mayor que nosotros. Cuando eso ocurrió, ella tenía veinticuatro y él cuarenta. En una ocasión, recién llegados al vecindario, Edith llegó y me contó que un vecino de aspecto repulsivo se le había quedado mirando de manera irrespetuosa y que prácticamente se la había cogido con la mirada. La verdad, mi esposita siempre ha sido bella y aparte de un rostro bonito con labios sensuales, su trasero y sus piernas son increíblemente excitantes. Caso contrario, nuestro vecino tiene aspecto sumamente descuidado y ordinario, con una panza enorme y cara de boxeador maltratado. Ignoramos el agravio y con el tiempo, él y yo nos fuimos amigando y junto con otros vecinos, a veces salíamos de tragos los fines de semana. Un día llegué tarde al bar y lo escuché contando intimidades.
-Me gustaría apartarle las nalguitas y chuparle el orificio hasta gastárselo. Un día de estos me masturbé imaginando que le hacía exactamente eso y que se la ensartaba por el culo hasta bien adentro.
-¿Y quién es esa sádica de quien hablas, Tony?
-¿De quién va a ser? ¡De tu esposa!
Todos se rieron y a decir verdad, aunque por un momento me incomodé, me hizo gracia la ocurrencia y me reí con todos ellos. Pasé unas tres horas con ellos y todo ese lapso estuve pensando en ello. Al llegar, ella aún estaba despierta y le pedí que me dejara cogérmela por el culo y no aceptó. Lo único que me permitió fue que la penetrara vaginalmente en posición de cuatro. Desde luego, yo en todo momento imaginé que era su culo el que recibía mi pene y en un momento dado, me hice de cuenta que yo era Tony follándomela y no duré ni un minuto en correrme.
Pasaba el tiempo y el asunto de un tipo tan feo como Tony follándose por el culo a alguien tan deliciosa y que lo detestara tanto como mi esposa, se me fue convirtiendo en una obsesión. Muchas veces me la pajeé pensando en eso. Hasta que un día se presentó la oportunidad.
-Mi amor. Hace tiempo que no hacemos nada diferente. ¿Por qué no vamos el otro fin de semana a un motel?
-Mmmm… Aparte de lo caro: ¿Qué más tendría eso de diferente?
-Ay, no seas amargado. Podríamos hacer algunos juegos y fantasías eróticas y quizás hasta comprar juguetes apropiados. ¿Qué te parece?
-Bueno, eso sí me suena. ¿Qué tipo de fantasías?
-Mmmm… Últimamente he venido pensando sobre esas ganas que tienes de cogerme por el culo.
En ese instante, lo único en que pensé fue en Tony haciendo los honores. Compramos cosas como disfraz de sirvienta para ella, uno de pirata para mí y unos antifaces para dormir. Yo hablé con Tony y acordamos que llevara cámara para grabar y que alquilara una habitación contigua junto a alguna de sus amigas. Yo le abriría la puerta en el momento oportuno. Una vez en el motel y cuando llevábamos cerca de diez minutos acariciándonos y tocando nuestros genitales, mi rica esposa, por primera vez en nuestras vidas, sacó mi pene y se puso a chuparlo; al principio mostrando cierta inseguridad pero poco a poco fue haciéndolo mejor y me excité al máximo. El trajecito de sirvienta le lucía espectacular, levanté su minifaldita para sacarle la tanga y me puse a chupar a más no poder.
-¡Aaaaaaaaaaah! ¡Qué lengüita, mi amor! Tengo el esposo más rico del mundo. Mmmmmm…
Poco a poco nos fuimos calentando, hasta que me desnudó y se me colocó debajo mientras se ponía el antifaz para dormir. Yo continué lamiendo su vaginita hasta lograr excitara a tope.
-¡Entra! ¡Entra! ¡Métemela, mi amor!- mientras abría sus ricas piernas de par en par y mostraba un gesto de suma ansiedad.
Tomé sus tobillos y fui penetrando su vaginita poco a poco. Ella suplicaba que le diera más duro pero yo fui conteniendo el placer y paulatinamente aumenté el ritmo con que mi pene entraba y salía de su vagina. Mientras ella gritaba y jadeaba caóticamente, le envié un mensaje de texto a Tony para que se preparara. En ese momento me puse nervioso y ella se puso más caliente. Fueron cerca de quince minutos de sexo tradicional, salvo por el hecho de que Edith tenía los ojos tapados, probablemente imaginando a algún hombre, excepto a Tony o a mí.
-Ahora dime, papi: ¿Qué es lo que más deseas en este momento?
“Que Tony te agarre ese culo y te lo parta todo, perra”, pensé.
-Hacerte feliz, mi amor. Hacerte feliz.
-¡No me enfríes, bebé! ¡Dímelo! ¡Grítalo!
-¡Quiero partirte el culo!
-¡Pues tómalo! ¡Es tuyo, mi amor!
Mientras mi esposa se volteaba y se colocaba de cuatro patitas, sigilosa y nerviosamente le abrí a Tony, quien también nervioso, entró con su palo enorme en una mano y la cámara en la otra. Tomé la cámara y lo animé a proceder. Mientras él se acomodaba y con cierta timidez tomaba las caderas de mi esposa y le separaba las piernitas con las suyas, yo me aproximé y fingí que era yo quien la iba a penetrar. Ya entonces Tony tenía un gesto de muchísima gana y se relamió como quien va a comer su postre preferido.
-¿Quieres sentir lo que es bueno, nena?
-Claro que sí, bebé. Hazme tuya.
-Mientras yo grababa y Tony la acomodaba tomando su palote con la mano izquierda, pude notar su gesto nervioso y un ligero temblor.
-Mi amor: trátame con cuidado. ¿Sí?
-Claro que sí, mi amor. Vas a ver que te va a gustar.
Tony me volvió a ver, como diciéndome: “Ahora sí: le voy a partir el culo a la perra de tu esposa”. Acto seguido, empezó a metérsela por el orificio anal.
-¡Ay Dios! ¡La siento enorme, mi amor! Trátame con cuidado, por favor.
A partir de se momento, la acción comenzó y dejé de hablar. Grababa y por otra parte me la pajeaba, al ver cómo el repulsivo de Tony se cogía por el culo a la rica de mi esposa. Inicialmente, Edith dio gritos de dolor y se aguantaba para complacerme mientras Tony daba rienda suelta a sus ansias. Con frecuencia me miraba como con un gesto de burla pero nunca me molestó, más bien me excitó más al punto de que me corrí como un niño. Entonces opté por volver a participar:
-¿Te gusta, perra? ¿Te gusta cómo te estoy partiendo ese culito?
-Síiiiiiiiiiiiii… ¡Me encanta! ¡No pares! ¡Sigue hasta despedazármelo!
Conforme él aumentaba el ritmo salvaje de su arremetida, mi esposita se fue excitando al punto de que pedía más y más, con evidente goce de la cogida que le estaba dando nuestro horrible vecino. Entonces, Tony no aguantó más y se corrió dentro del culo de Edith; detuvo los empujes y se quedó paralizado mientras echaba toda la leche.
-¡Aaaaaaaaaaaah…! ¡Siento tus chorritos! ¡Qué riiiiiico!
Le devolví la cámara a Tony (luego me pasó copia, la cual conservo) e intercambiamos para que se retirara.
-Todavía no te quites el antifaz, mi amor.
Nos besamos y acariciamos durante unos ocho minutos más, hasta quedar agotados y quitarle el antifaz para mirar su semblante complacido y sonriente.
-¡Nunca creí que fuera tan delicioso que me cogieran por el culo! ¡Gracias!
 

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Relato: Disfruté viendo cómo le partían el culo a mi esposa
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