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Relato: En el bus...


 


Relato: En el bus...

  Holas, les dejo otro de mis relatos que he ido subiendo a mi blog. Comenten o agréguenme.. mi blog es: http://desensualidadyplaceres.blogspot.com/

Y decidimos hacerlo de nuevo. Esta vez, tal como lo habíamos acordado previamente, sería algo para ella y usaríamos un juguetito.
Nos subimos al bus, de regreso de estar una semana en casa de sus padres. Todo normal, escogimos un horario a las 3 y algo de la tarde, sabiendo que habría poca gente en el bus. Nos fuimos en el lado izquierdo, en los asientos 32 y 33. Ella sólo sabía que sería su turno, pero desconocía el juguetito que había escogido. Mi esposa vestía una falda hasta la rodilla, sandalias y una polera blanca con tirantes delgados y no llevaba sostén.
El bus partió y pasaron revisando los boletos, todo bien hasta ahí. No viajaba mucha gente, sólo iban unas 10 personas, pero todos bien repartidos. Nadie estaba cerca, excepto por un chico de unos 23 iba un asiento más adelante del nuestro, en el lado derecho del bus. Ninguno de los dos nos incomodamos, porque sabíamos como hacerlo silenciosamente.
Ella iba nerviosa, expectante de lo que haríamos y de saber que tenía preparado. Yo iba otro tanto excitado, pensando en si la sorpresa le gustaría y la intriga de saber si todo resultaría bien.
Tras Unos 10 minutos de viaje, nos miramos y le dije: estás lista?. Ella me miró. muy pícaramente y me dijo: por supuesto. Tras esto metí mi mano a un bolso que llevaba a mano y saqué un pequeño tubo de lubricante. Ella me miró con sus ojos brillantes, con ganas de saber que tenía planeado.
Nos dimos unos besos bien calientes, nuestras lenguas se rozaban y mojaban sin parar. En tanto, con una de mis manos me acerqué a sus piernas y la metí bajo su falda hasta alcanzar su calzón. Toqué uno de los lados de su calzón y comencé a bajarlo, a lo que ella ayudó levantándose un poco del asiento. Tomé su calzón y lo guardé en mi bolsillo. Luego cogí el tubo de lubricante, lo abrí y saqué un poco para poner entre mis dedos y luego en su vaginita. Humedecí sus labios, su clítoris y luego comencé a meter mis dedos. Entraba suave con un dedo, mientras con otro no dejaba de presionar su clítoris. Estuve así por unos segundos, para luego meter dos dedos y continuar con movimientos circulares en su exquisito clítoris que se comenzaba a sentir más y más duro. Entonces saqué mis dedos y me puse más lubricante. Ella me dijo: no es necesario, ya me tienes calientísima. Y yo le dije: créeme que es necesario.
Con mis dedos llenos de lubricante metí la mano bajo su falda y llegué a su ano. Lo lubriqué por fuera suavemente mientras nos besábamos aún más caliente. Comencé con masajes circulares por fuera y de vez en cuando metiendo un poco de un dedo, hasta que fui capaz de meter todo un dedo. Al hacerlo ella dejó escapar un pequeño gemido, tras lo cual intenté sacar mi dedo, a lo cual me detuvo diciéndome entre susurros: déjalo, déjalo por favor. Entonces continué y ahora con un segundo dedo tratando de entrar, hasta que se me hizo posible. Una vez que tenía los dos dedos adentro con el dedo gordo apreté su clítoris que a esta hora ya estaba muy durísimo. Entraba y salía con mis dedos de su ano mientras no paraba de masajear ese delicado y duro clítoris hasta que sentí que su cuerpo se ponía tenso, sus piernas comenzaban a moverse involuntariamente, sus manos rasguñaban el asiento del bus y su mirada estaba fija en mí, rogándome no parar. Al verla tan excitada continué haciéndolo más rápido hasta que sentí que terminó. Un pequeño quejido se escapó de sus labios. Tras hacerlo dejé mis dedos adentro unos segundos, acariciando suavemente su clítoris hasta que su sonrisa cómplice me indicó que ya no resistía más.

Saqué mis dedos y los limpié con un pañuelo desechable y nos quedamos mirando. Ella me dijo cuánto le había encantado esto, que no estaba preparada para algo tan intenso y que realmente le había encantado. Conversábamos de esto cuando el chico que iba delante nuestro se paró de su asiento en dirección al baño y cuando pasó frente a nosotros sonrió y nos dijo: estuvo bueno eso?. Nos quedamos mirando con mi esposa, porque no pensábamos haber sido oídos, no sabíamos que hacer. El chico nos miró y continuaba sonriendo, mientras nos decía: no se preocupen, no le voy a decir a nadie. Tan sólo quería saber si realmente estuvo bueno.
Lo miré y le dije, en realidad sí, tras los cual nos sonreímos los tres. Entonces se sentó justo al frente nuestro y dijo: y tienen algo más preparado? Miren que me dejaron bien prendido y no pude evitar tocarme al oírlos, ahora me dirigía al baño a terminar de correrme, pero pensé en detenerme por si pudiésemos hacer algo mejor …
En realidad era un chico bien parecido, alto, por sus brazos se notaba que hacía ejercicio y por lo marcado de su pene en su pantalón se notaba que hablaba en serio. Entonces mi mujer dijo: bueno, no sé si hay algo más preparado, pero… y me quedó mirando, tras lo cual le dije: bueno, eso era algo previo, como había prometido traía un juguetito, pero no sé si había pensado en tres. El chico dijo: dale, que no muerdo ni voy a grabar nada, sólo quiero ver y terminar con lo que empezaron…
Nos miramos con mi esposa, veía que ella estaba muy caliente, por lo cual no pude evitar mover la cabeza en señal de un sí. Entonces el chico dijo: les molesta si además de verlos me toco? Entonces mi esposa, nos miró a ambos y dijo: hagamos lo siguiente, vamos a los últimos asientos y nos sentamos los tres juntos, donde nadie nos ve y entonces tú ( mirándome) continuas con tu propuesta del juguetito y tú (mirando al chico) puedes terminar tranquilamente, eso sí, espero que tengas algo bueno entre las piernas… el chico sonrió y dijo: ya verás. Entonces nos fuimos los tres para atrás y nos sentamos juntos.
Nos sentamos los tres, con mi esposa al medio. Ella levantó su falda y sacó sus tetas de su blusa y le dijo al chico: te gusto?. Él, la quedó mirando y abrió su pantalón sacando su verga, entonces le dijo: qué crees?. Su verga era de más de 20 cm, gruesa y estaba durísima. Llevaba el pubis depilado, lo que le encanta a mi esposa, cuyos ojos quedaron prendidismos con él. Mientras ellos estaban en eso, saqué del bolso el jueguetito que traía. Era una especie de calzón-dildo. Tenía una mariposa al medio que vibraría sobre el clítoris y un dildo anal, largo y delgado más atrás. Además tenía unos tirantes, con lo cual ella se lo podía poner como un calzó. El jueguetito tenía un control con el cual uno podía ir cambiando la intensidad, así es que ella podía disfrutar todo lo que quisiera.
Al ver el juegutito ella me miró, tomó mi cara y me besó calientemente. Entonces me dijo: ayúdame con esto… fue entonces que se lo puse adelante sin problemas y luego con ayuda de un poco de lubricante se lo metí atrás, pero no entraba bien debido a la posición en que estaba. Por ello, se levantó del asiento y cambió de posición poniendo la cola al aire, dejando ese hermoso y enorme culo a la vista. Vi la mirada del chico que no podía creer que realmente le estuviese mostrando ese hermoso culo, no pudo evitar comenzar a tocarse, más aún cuando estando así logré meter todo el dildo en el ano de mi mujer. Estando así, ella no pudo evitarlo y le dio una lamida a la verga del chico, quién no podía creer nada de esto. Cerró sus ojos y sólo se dejó lamer, tras lo cual mi esposa metió su verga en la boca un par de veces, hasta dejársela bien llena se saliva y lo dejó. Volvió a su asiento como si nada, guardó sus tetas bajo su blusa, me miró y me dijo: disculpa, pero no pude evitarlo. Ya tendrás tu recompensa.



Entonces, tomé el control de su dildo mientras el chico dedicaba a tocar su verga. Mi esposa sólo estaba sentada, con los ojos cerrados, disfrutando de los movimientos sobre su clítoris y dentro de su cola. Mordía sus labios para no dejar escapar ni un gemido. El chico se masturbaba mientras miraba cada movimiento de ella.
Yo decidí no quedarme atrás, saqué mi verga del pantalón y comencé a masturbarme también. Era increíble como todo pasaba. Mi esposa con sus ojos cerrados, nosotros dos masturbándonos al verla. Mientras a ratos miraba que nadie viniese, todo lo demás estaba calmado en el bus.
Aumenté la velocidad del dildo y ella mordió sus labios más fuerte, mientras sus párpados trataban de mantenerse lo más cerrados posibles, hasta que tuvo que abrir sus ojos. Nos miró a ambos con una cara de desearnos, que nunca olvidaré. Cogió con sus manos la verga de cada uno y comenzó a masturbarnos frenéticamente. Traté de decirle que estaba produciendo algo de ruido cada vez que subía y bajaba en nuestras vergas, que podría levantar sospechas, pero ella no me dejó decirle nada y al parecer nadie en el bus notaba algún cambio. Ya que estábamos en eso, aproveché de continuar jugando con la velocidad, cambiando el ritmo y la intensidad, a lo que ella respondía con sacudidas más rápidas a nuestras vergas. Miré la verga del chico y estaba roja, casi por explotar. Él mantenía los ojos cerrados y se agarraba al asiento, como si no pudiese aguantar más. En eso estaba cuando sin poder evitarlo comenzó a correrse. Su verga lanzaba chorros de semen muy lejos. Gruesos y blancos chorros. Uno cayó en la pierna izquierda de mi esposa, otro cayó en la ropa de él, otros en el piso. Ella continuó masturbándolo hasta que él pidió que se detuviera , mientras su verga continuaba lanzando su leche, ahora con menos fuerza, dejando su verga blanca y jugosa.


La escena era tan caliente que yo no me quería quedar atrás, ni ella tampoco. Noté que ella estaba por terminar, así es que subí la intensidad del dildo, hasta que ella no pudo moverse de la sensación. Fue entonces que apretó mi brega más no poder y terminó. Bajé la intensidad del dildo hasta detenerlo completamente.
Quedó casi inconciente, apenas meneando mi verga. El chico, aún con cara de no poder creerlo y yo, que me faltaba poco y quería terminar esto de la mejor forma posible.
Tras unos segundos en que ella estuvo sin moverse, abrió los ojos, me miró y dijo: Ahora mismo te agradeceré esto. Se sacó el dildo, dejando ambos agujeros sin nada más que mucho lubricante. Sus agujeros aún se movían del orgasmo que tuvo, el cuadro era exquisito.
Ella se agachó en el poco espacio que había, dejando su cabeza cerca de los pies del chico y su trasero a la altura de mis rodillas. Se subió complemente la falda y me dijo: termina donde quieras, pero termina en mí!.
Visto eso, me moví como pude hasta acercarme y sin pensarlo, sin preguntarle, sin detenerme un segundo se lo metí por detrás. Le metí la mitad de la verga y con lo que quedaba afuera comencé a tocármela, masturbando la parte baja de mi verga hasta que no dí más y me corrí dentro de ella. Su ano tenía pequeños espasmos que alargaban mi eyaculación hasta lograr sacarme todo. Tras sentir que había arrojado toda mi leche saqué mi verga de su culo, me acomodé en al asiento mientras ella hacía lo mismo.
El chico guardaba su verga y trataba de limpiar cuanto podía. Ella tomó un pañuelo desechable y limpiaba su vaginita y ano del lubricante y mi leche. Yo aún estaba con mi verga afuera, descansando de todo esto, hasta que después de un par de minutos reaccioné y me la guardé.
Fue entonces que nos miramos y nos reímos los tres al mismo tiempo. Él nos dijo: hacen esto seguido?. Le dijimos que era primera vez de a 3 en el bus, le contamos de lo que había pasado antes, cuando ella me había masturbado y otros detalles. Entonces él, mirando a mi esposa le dijo: bueno, estuvo muy rico, espectacular en realidad. Me calentaste mucho, tienes un cuerpo espectacular, esas tetas, ese culo, esa boca… cuando quieras podemos hacer algo más… por cierto mi nombre es… Fue entonces que ella lo detuvo y le dijo: la verdad no quiero saber tu nombre, esto fue, estuvo rico, pero no quiero que pienses que vamos a volver a hacer algo así. Quédate con el recuerdo y la experiencia.
Él entendió de inmediato, tras lo cual le dije: en realidad estuvo todo bien. Creo que ahora nos debemos devolver a nuestros asientos.
Cada uno se fue a lo suyo, él delante de nosotros y nosotros a los asientos 32 y 33. Quedamos hablando por un rato con mi esposa, de lo rico que fue todo y de cómo resultó todo tan bien. Hablamos de cómo había terminado, de lo incómodo que fue meterlo, pero lo bien que resultó haciendo esa mezcla de meterlo y masturbarme. Hablamos del chico, de cómo ella se excitó con la leche de él en su piernas, de cómo no pudo evitar darle una mamada corta. Que la disculpara por eso y por haberlo masturbado.
Le dije que estaba bien, que era todo parte de le excitación. Que estando los dos no me ponía celoso, además la forma en cómo lo había detenido de la petición de volver a tener contacto o saber siquiera su nombre me daba la confianza que necesitaba para saber que así era.
El viaje continuó, llegamos a nuestro terminal. Tomamos nuestras cosas, nos bajamos rápido, el chico aún estaba sentado. Al pasar por al lado de él, no pude evitar meter la mano a mi bolsillo y sacar el calzón de mi esposa y dejárselo caer. Lo miré y le dije: disfrútalo.

Pablo

pablo.gallardo28@hotmail.com
 



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