webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: DIARIO DE UN ADOLESCENTE (4): "Un mulato para mamá"


 


Relato: DIARIO DE UN ADOLESCENTE (4): "Un mulato para mamá"

  Durante aquel caluroso verano casi todas las tardes mi madre, mi hermanita y yo cogíamos el transporte urbano y nos íbamos a una de las hermosas playas que rodeaban nuestra ciudad. Era un verdadero suplicio montar cada mañana en aquel autobús lleno de gente apretujada y sudorosa, que ansiaba llegar al mar para zambullirse en sus frescas aguas. Mamá, tan provocativa y exultante como siempre con sus espléndidos treinta y tantos años - minifalda, gran escote y un culo respingón para comérselo -, era con frecuencia "víctima" de refriegas de machos desaprensivos que aprovechaban la forzada cercanía para apuntar con su polla dura sobre sus muslos y nalgas hasta llegarse a correr de gusto, como comprobé en algún caso cuando al sobón la lefada le traspasaba el pantalón. Esta situación me enervaba pero a ella no parecía disgustarla mucho: "Con tal que no se metan con la nenita, a mí no me importa" - llegó a decirme en una ocasión en que traté de separar a un muchacho. Menos mal que al atardecer, si su trabajo como taxista remataba pronto, papá pasaba a recogernos a la playa y así volvíamos cómodamente los cuatro para casa.

En la playa alquilábamos una caseta (siempre el mismo número para que papá nos localizara cuando venía a recogernos) para desvestirnos y dejar nuestros enseres. Las cabinas se alineaban una junto a otra, por decenas, pegadas entre sí, de manera que tenían las paredes interiores comunes. Al ser de madera, los tabiques estaban llenos de agujeros para delicia de voyeurs, que así podían espiar la desnudez de sus vecinos. Pronto descubrí yo lo maravilloso que resultaban estos orificios y siempre rezaba para que una mujer cachonda ocupase la de al lado y así poderla ver en pelotas y pajearme a su salud. Pero esta vez no hubo suerte. La cabina adyacente estaba alquilada por un gigantón mulato, todo músculos, de unos treinta años, con un ajustado bañador negro que marcaba un paquete descomunal. Y la del otro lado permanecía vacía.

No tardó mamá en extender su soberbio cuerpo sobre la toalla y bajo la sombrilla. En verdad estaba espléndida aquel verano con un lindo color moreno y luciendo un biquini muy ceñido y sensual. Yo sabía que se había rasurado el coño pues descubrí en el cuarto de baño los restos del vello púbico en la maquinilla de afeitar, de manera que tenía muy abultada la vulva, notándosele la raja. Se tumbó boca arriba tras embadurnarse de aceite protector y abrió bien las piernas.
Al poco el mulato se situó justo a los pies de mami, boca abajo, sin dejar de mirar su entrepierna tras sus gafas de sol. Algún pelito que otro asomaba por la braga del biquini de mami. Al hombre le excitaba lo que veía: una linda mujer blanca con un coño lampiño como el de una niña y con unos labios vaginales carnosos y deseosos de tragar una buena verga. Dicen que algunas mujeres notan cuando se las desea y creo que mamá es una de ellas; mis amigos las llaman "calientapollas". El caso es que me dio la impresión que la braga de mamá se estaba mojando ... y el mulato también se percató.

- Álex, coge a tu hermanita e iros a dar una vuelta por la playa. Tomad un poco de dinero para unos refrescos o helados - Así nos despachó mamá para quedarse a solas con el caribeño. Yo, conocedor de lo puta que era la madre que me parió, me alejé lo justo para ver sin ser visto y vigilar sus movimientos. Tanta muchedumbre en la playa me permitía controlar la situación, y mejor cuando mi hermanita se quedó a jugar con unas amiguitas del colegio. Situado a pocos metros del lugar donde estaba mi madre, agazapado tras unas rocas, lo primero que vi me hizo temblar de pies a cabeza.

El mulato estaba arrodillado junta a mi madre hablando con ella amistosamente. Mi madre disfrutando de la conversación entre risas y bocanadas de un cigarrillo. Al poco el moreno se ofreció a echarle la crema solar por la espalda, a lo que mi madre accedió encantada. La muy zorra se extendió boca abajo y el muchacho con suavidad y parsimonia le untó hombros, espalda, muslos, piernas ... así una y otra vez. A la altura de la raja el mulato deslizó los dedos introduciéndolos por debajo de la braga ... Ella separó ligeramente las piernas. Esta vez los hábiles y huesudos dedos negros alcanzaron el coño; mamá se estremeció. Se incorporó de golpe e inició de nuevo la conversación con el desconocido. Sin mediar palabra, se sacó el sujetador y se quedó con las tetas al aire. Papá le tenía prohibido hacer top-less pero ya ella lucía aquellas esplendorosas domingas, blancas pues no habían recibido los rayos solares, y rematadas por dos pezones grandes y oscuros como castañas. El caribeño tuvo tal erección que para disimular ató su toalla a la cintura. Durante un largo tiempo permanecieron callados, sólo viéndose a los ojos con lujuria.

Recordé que mi hermana estaba en el otro extremo de la playa y me fui a buscarla. Tan entretenida estaba con sus amiguitas que sus madres me dijeron que la dejase allí un rato más. Que volviese a por ella en una hora. Así que de nuevo me dirigí al lugar, donde supuestamente tenía que estar mi madre, para merendar. Bajo la sombrilla sólo estaba su toalla y la revista que había llevado para leer. Mamá seguramente se estaría bañando o paseando. Afortunadamente, la caseta no tenía echada la llave, así que entré para coger mi merienda de la cesta. De la cabina continua llegaban unos gemidos y susurros. Acerqué un ojo al agujerito mágico, que permitía ver todo lo que ocurría al otro lado. Creí caerme del susto. Mamá estaba de rodillas ante el mulato - ambos completamente desnudos - engulléndole un vergón descomunal propio de una peli porno. Nunca pude entender como toda aquella tranca le podía entrar en la boca, hasta los mismísimos huevos, sin que se atragantase o ahogase. El hombre le sostenía la cabeza con fuerza como quieriendo que le llegase a la tráquea y ella parecía disfrutar entre sudores, lágrimas y quejidos.
Del glande hinchado ya babeaba el líquido preseminal, de excitado que estaba aquel hijoputa, pero ella no quería que se corriera en la boca: quería aquella chota taladrándole la concha e inundándole las entrañas, así que dejaba de mamarle aquel miembro grueso y venoso y le chupaba los huevos con delectación e intentaba meterlos juntos en la boca, misión imposible pues eran grandes como melones. Ya iniciaba yo mi primera paja con aquel espectáculo en vivo, con mi bañador por los tobillos e imaginando lo que tenía que estar disfrutando aquella furcia que tenía como madre. Fue entonces cuando de pronto se abrió la puerta de la caseta y apareció mi padre.

- ¡Hola, Álex! Ya he terminado mi trabajo. Vengo a pasar el resto de la tarde con mi querida familia. ¿Pero qué estás haciendo?
A toda velocidad subí el bañador tratando de ocultar mi polla en erección, pero ya era tarde.
- ¿Qué estabas haciendo, chaval? Papá distinguió en el tabique los agujeros. Se asomó a uno y se retiró espantado.
- ¿Estabas espiando a esa pareja? Ante mi silencio añadió:
- ¿Te estabas masturbando? ¿Con once años ya te masturbas?
Ante la evidencia, no añadió nada más. Me dio una y otra bofetada, llamándome degenerado y otras cosas horribles.
- Mañana irás a la iglesia y te confesarás al cura de este pecado diabólico, y durante una semana no volverás a la playa. Y me arrojó de la caseta. Corrí en busca de mi hermanita llorando y dejando atrás mi merienda ... y a mi puta madre follando con un gigante negro.

El disgusto de mi padre no impidió que le moviese la curiosidad por ver lo que estaba pasando en la cabina vecina. Así que cuando se disponía a ponerse el bañador para darse un chapuzón puso el ojo en uno de los orificios...
El negro estaba ahora sentado en el banquito de la cabina y la mujer cabalgando a horcajadas sobre él. El choque de la chucha empapada de mi madre producía un chopchop contra los testículos del mulato.
- ¡Dame toda esa polla, hijo de la gran puta! - suplicaba la mujer con voz enronquecida.
- ¿Gozas, zorra? ¿Tu marido no la tiene así de grande?
- Sólo tú me das placer, negrazo de mierda. La chota del cabrón de mi marido no llega a la mitad.
Mi padre no podía ver el rostro de la mujer pero se apoderó de él una excitación sin límites. "¡Vaya puta y pobre cornudo!", pensó para él, al tiempo que empezaba a acariciarse el capullo.
Los amantes cambiaron de postura y, con la hembra a cuatro patas con las manos apoyadas en el banco, el caribeño se dispuso a metérsela por el ano.
- ¡Por el culo no, por el culo no! Ni mi marido lo ha hecho.
El moreno mo se anduvo con contemplaciones. Así como estaba le dio un par de ostias a la mujer, que quedó medio aturdida. El gigantón escupió sobre su glande para lubricarlo y lo dirigió hacia el orificio anal. Mi madre lo apretaba para impedir la penetración pero el muchacho no cejó en su intento, le dio otro par de bofetones y se la insertó de golpe, tapándole la boca con sus robustas manos para que no se oyeran los gritos de aquella zorra. Empezó a bombear en el ano y cuando notó que el placer se apoderaba de la mujer retiró su mano de la boca. Ya ella pedía más y más. La banana del hombre taladraba el recto sin impedimento, las pelotas negras sonaban como campanas contra los muslos de la puta.
-¡ Goza, gran zorra ! - musitaba mi padre que ya había empezado a masturbarse sin ver el rostro de aquella mujer. ¡Y que el cabrón de tu marido se joda por cornudo y consentidor!
Cuando el mulato descargó toda su leche dentro del culo de mi madre, mi padre no aguantó más y estampó toda la lefada contra el tabique de madera. Arañando la pared del orgasmo que le había proporcionado el caribeño, aún a cuatro patas, mi madre convulsionó varias veces mientras el semen salía de un ano dilatado y enrojecido. En ningún momento mi padre pudo ver el rostro de aquella mujer.

Ya de vuelta para casa, finalizada aquella singular jornada playera, mi padre conducía sonriente; mi madre, junto a él en el asiento delantero, charlaba por los codos aunque sentía fuertes molestias
en el ano. Y mi hermanita y yo jugábamos en el asiento de atrás. Yo me preguntaba si mi padre se habría enterado de lo puta que era mi madre, pero deduje que no, por la conversación que tenían en voz baja:
- Cuando lleguemos a casa, querida, te voy a contar lo que vi esta tarde en la caseta de al lado cuando tú estabas paseando a la orilla del mar.

ÁLEX
bonalexandre85@yahoo.es
 

Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 189
Media de votos: 7.73





Relato: DIARIO DE UN ADOLESCENTE (4): "Un mulato para mamá"
Leida: 9508veces
Tiempo de lectura: 12minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
escorts
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis