webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Incesto forzado... pero deseado (03)


 


Relato: Incesto forzado... pero deseado (03)

  

INCESTO FORZADO....PERO DESEADO (III)


Autor: Incestuosa



POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO



 



CAPITULO III




Decidida a descubrir de una vez por todas lo que tramaba mi
padre con todas esas cosas que yo sabía que estaba haciendo a espaldas mías con
mis prendas íntimas; los libritos que encontraba en la mesita del ordenador y
últimamente aquel objeto en forma de collar que tanto placer me había causado; y
aunque ciertamente no sabía cuando y de qué manera él hacía todo eso, pues
realmente casi nunca lo veía en casa, me puse a considerar en cual podría ser la
mejor forma de descubrir plenamente sus ya no tan ocultas intenciones. Después
de meditar la situación por largos días y parte de sus noches, pues a veces ya
ni dormía pensando en cómo podría yo descubrirlo, finalmente llegué a la
conclusión de que la mejor manera de saber la verdad era espiándolo sin que él
se diera cuenta. Llegué entonces a la conclusión de poner en práctica un plan
que me llevara a conocer la verdad. Mi plan de acción consistía en fingir que
iba yo a la escuela, pero en realidad me regresaría subrepticiamente a casa y me
escondería en un cuartillo dedicado a guardar trebejos que practicamente nunca
se ocupaba, ubicado precisamente dentro del cuarto de servicio donde se
depositaba la ropa sucia. Yo estaba segurísima de que escondida allí dentro
jamás me vería. Además, esa especie de desván disponía para mi fortuna de una
pequeña ventanilla de madera con ciertas ranuras desde donde podría muy bien ver
con toda claridad lo que sucedía si alguien entraba al service room.



Así que dos días despúes de aquella despiadada sesión
masturbatoria que había experimentado con aquel libro de tan excelentes y
calientes dibujos y el bonito collar de bolitas tan apreciado ya por mi culito
(en verdad que ya hasta lo extrañaba), me dispuse a fingir que me iba a la
escuela. Pero tal como lo había yo planeado, me bajé del autobús una esquina
antes de llegar al plantel y volví a tomar otro bus de regreso, bajándome como
dos calles antes de mi casa. Me dirigí caminando hacia allá presa de los
nervios, pues en el fondo todo aquello me causaba como una especie de temor y de
miedo, pero no puedo negar que también me excitaba al pensar en todo lo que
podría yo descubrir como resultado de mi plan. Lo más silenciosamente que pude y
con manos temblorosas, abrí la puerta de mi casa y entré a la sala, quedándome
parada unos minutos para ver si escuchaba algún ruido dentro. Pensé en la señora
que hacía la limpieza y miré mi reloj, comprobando que ella llegaría más o menos
como en una hora. Decidida a llevar adelante mi preconcebido plan, me quité mis
zapatos y con ellos en las manos me dirigí rápidamente hacia el cuarto de
servicio. Una vez allí abrí la puerta del cuartito de trebejos, entré y aseguré
la puerta por dentro. Todo estaba en tinieblas allí, así que a tientas busqué el
espacio suficiente donde permanecer quieta hasta que mis ojos se acostumbraran a
la oscuridad, momentos que aproveché para acomodarme lo mejor que pude frente a
la diminuta ventanilla de madera y me puse a observar hacia la estancia de
lavado, comprobando que podía apreciar perfectamente todo el espacio del cuarto
de servicio.



Más o menos una hora después escuché ruidos dentro del
service room, y pegando mis ojos a las rendijas me percaté de que se trataba de
la señora que nos hacía la limpieza, que empezó a realizar sus labores
cotidianas. Yo permanecí lo más quieta que pude durante el largo rato que ella
estuvo trabajando allí, hasta que por fin se retiró hacia el interior de la
casa. Las horas continuaron pasando con lentitud y yo me comencé a impacientar
tanto que estuve casi a punto de renunciar a mi plan, cuando de pronto volví a
oir ruidos nuevamente. Acercando la vista a las ranuras ví la figura de mi padre
que había entrado en la estancia. Aunque verlo allí no me sorprendió en lo
absoluto, sí me pregunté cómo es que él se encontraba en casa en horario de
trabajo. Observé que iba vestido con playera, pants y pantuflas, por lo cual me
dije que aquella era una ropa demasiado casual como para que viniera del
trabajo. Pero ya no pude seguir pensando más en eso, pues me dí cuenta que de
inmediato se dirigió hacia el canastillo donde se guarda la ropa sucia. Mi padre
abrió el depósito y comenzó a sacar con una calma inaudita, una por una, todas
mis prendas íntimas aún no lavadas, observándolas cuidadosamente como si fuesen
objetos preciosos, mientras las iba separando en un montoncito sobre una mesita
que se hallaba junto a la lavadora. Yo pude ver con toda claridad cuando él
apartaba con toda calma mis braguitas después de haberlas mirado con atención;
mis corpiñitos usados, mis vestiditos y mis blusitas de manga corta y algunos
sostenes. Luego que ya no quedó nada de mi ropa en el depósito, se volteó hacia
la mesita y comenzó un ritual que era nuevo para mí, ya que aún cuando
anteriormente lo había encontrado algunas veces revisando mi ropa interior,
nunca lo había observado con tanta atención como lo hacía ahora.



Estando frente a aquellos montones de ropa íntima mía, ví
cuando él procedió a quitarse el pant quedando totalmente desnudo de la cintura
para abajo, pudiendo yo apreciar perfectamente desde donde me hallaba escondida
el largo y endurecido mástil de cabeza pelada y enrojecida que se asomaba
desafiante por encima de su velludo pubis. Era un pene tan largo y grueso que me
preguntaba para mis adentros cómo era posible que a un hombre le creciera tanto
su falo. Aquella visión tan nueva para mí me causó de manera inconsciente un
escozor indescriptible en medio de mis piernas, sintiendo de pronto cómo casi de
inmediato comenzaba a escurrirme una especie de babilla de adentro de mi rajita.
Mi padre fue tomando una por una mis pantaletas sucias y comenzó a olerlas con
los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás, inhalando suavemente aquel
aroma proveniente de la parte baja que queda pegada a la vulva, y que por lo
visto tanto le agradaba y le calentaba. Aspirando con deleite todos aquellos
olores que despedían mis prendas íntimas, pasaba a ponerlas de la nariz a su
verga parada, frotando la prenda sobre su falo erguido, y de manera muy
especial, en aquella región donde quedan restos de mis flujos vaginales. Una por
una y con tranquilidad pasmosa fue oliendo con fruición mis pantaletas,
volviéndolas a refregar sobre su largo y grueso pene endurecido y babeante, para
pasar después a mis sostenes. De igual forma comenzó a olerlos por la parte
interior de las copas de tela que guardan mis pechitos, para después tallarlos
con suavidad sobre su enhiesta verga, enrollándose una y otra vez la tela
alrededor de su pito enrojecido y húmedo. Pero lo que ví que hizo después, eso
sí que me causó una excitación mucho mayor de la que ya estaba experimentando
oculta en mi escondite, pues mientras veía cómo mi padre disfrutaba de aquella
forma tan extraña con mis prendas interiores, yo no pude evitar bajar mis manos
y llevarlas de una manera inconsciente hasta aquel recóndito sitio que se
encuentra escondido entre mis piernas, pudiendo percatarme de que me hallaba
totalmente inundada de fluido que me escurría por los bordes de mi vagina
mojándome hasta lo indecible, induciéndome a tocar delicadamente la parte
interior de mis labios haciéndolos después a un lado para internar uno de mis
dedos en ese rinconcito del placer, mientras me tocaba delicadamente con otro
dedo mi clítoris.



A pesar de lo excitada que me hallaba como consecuencia de
aquella vista panorámica que se ofrecía ante mis ojos, y mientras me masturbaba
con suavidad tratando de disfrutar al máximo posible de aquel momento tan
sublime y novedoso, pude ver cuando mi padre tomó mis vestidos y mis blusas sin
mangas examinándolos uno por uno. Pero lo que me ocasionó el mayor asombro fue
observar cómo ponía especial atención sobre esa parte de mis axilas, es decir,
la parte que yo siempre sudo y que lógicamente queda muy olorosa. Era tal su
brama y desesperación al estar oliendo y aspirando profundamente el aroma de
aquella parte de la tela, que no pude contener el aliento y me descargué sin
control en mi primer orgasmo del día, teniendo que hacer tremendos esfuerzos
para no gritar del placer que me causaba todo aquello. Claro que a pesar de
haber tenido ese orgasmo tan violento y abundante, no perdí de vista ni por un
momento a mi padre, quien ajeno de mi presencia se deleitaba hasta el delirio
con la tela de mis sobacos metidos dentro de su boca, besando, chupando,
mordiendo, oliendo y tallando en su larga verga sobre esa parte de cada una de
mis blusitas y vestiditos sucios. Ante tanta pasión contenida tuvo que venir por
fin el obligado y ansiado alivio, comenzando a eyacular ferozmente sobre la
parte de la tela de las axilas de aquellas prendas tan queridas por él, pudiendo
darme cuenta de cómo trataba de ahogar los gritos que le salían de su boca
producto aquella inenarrable y fenomenal calentura, pronunciando mi nombre
innumerables veces, para después, ya más calmado, empezar a embarrar todas y
cada una de mis prendas de leche, particularmente en esas zonas que he referido
y que tanto deleite le producían.



Una vez que acabó de rociar de semen aquel montón de prendas
usadas por mí, mi padre fue guardando de nuevo mi ropa en el depósito, dejando
hasta el final una de mis braguitas color de rosa que me encantaba usar, con la
finalidad de terminar de limpiarse la leche de su pene, ahora flácido más no por
eso pequeño. Desdobló la pantaleta y precisamente en el ángulo interior que se
pega a la vulva, terminó de eyacular todo el elíxir que aún le quedaba adentro,
empapando la tela abundantemente de aquel exhuberante y delicioso licor.
Habiendo terminado la faena, se puso el pant y se alejó del cuarto de servicio.
Yo me quedé por varios minutos escondida esperando a que él estuviera lejos de
allí; sin embargo, no pudiendo contenerme más debido a la incontenible calentura
que me embargaba, y oculta allí mismo donde me encontraba, tirándome sobre el
piso y haciendo a un lado la tela de mi calzón, me di a la tarea de masturbarme
otra vez con una furia inaudita, recordando la figura de mi padre oliendo y
restregándose en su fabuloso pito mi ropa sucia. Mis orgasmos se sucedieron unos
a otros de manera interminable, disfrutando con delicia de aquel momento tan
precioso y que tan inesperadamente me causara aquella brama inigualable.



Al término de mis delirantes espasmos y liberada al fin de
aquel momento de extraordinaria pasión, pude ya pensar con mayor tranquilidad y
me puse a cavilar en lo que acababa de descubrir con mis propios ojos. Y aunque
en realidad yo ya tenía conocimiento de que mi padre hacía esas cosas con mi
ropa interior y mis vestidos al haber descubierto leche embarrada y seca sobre
mi ropa, jamás me había imaginado la forma en cómo él lo hacía, y por supuesto,
mucho menos soñaba en toda la calentura y la brama que despertaba yo, a través
de mi ropa, en la persona de mi padre. También pensaba, sentada sobre el piso de
mi no tan improvisado escondrijo, en el alto y tremendo grado de excitación que
todo eso le causaba a mi padre y en el placer inigualable que le producía oler y
saborear mis cosas. Pero, a decir verdad, lo que más extrañeza y hasta
excitación me causaba era la tremenda calentura que había despertado en mí al
ver todas aquellas escenas tan inesperadas de mi padre haciendo todo aquello con
mis prendas íntimas. Quise salir cuanto antes de allí, pero un nuevo apremio que
se manifestó con un picor entre mis piernas me obligó a tenderme de nuevo en el
suelo, quitándome definitivamente las pantaletas húmedas de leche, para volver a
disfrutar de otra fenomenal masturbación que duró intensos minutos que se
prolongaron por horas, metiéndome los dedos lo más profundo que pude dentro de
mi cavidad genital, frotándome con delicadeza mi clítoris y apretándome con
fuerza mis tetas y mis pezones hasta que me volví a venir en intensos orgasmos
sucesivos que me dejaron muerta de cansancio.



Al recuperarme de aquellos explosivos momentos de infinito
delirio, tan nuevos y agradables para mí, ahora sí me decidí por fin a abandonar
mi escondite secreto no sin antes cerciorarme de que nadie se encontrara cerca
de allí. Una vez que dejé el desvancillo, me salí a la calle para caminar un
rato tratando de ordenar mis ideas y sobre todo, de intentar entender aquella
nueva pasión que comenzaba a germinar dentro de mi mente y mis entrañas, pues
realmente me daba cuenta de todo lo que eso significaba, y con nuevos e intensos
deseos de volver a repetir aquella increíble e inesperada experiencia.



PAUSA....



 



DIARIO DE DON JOSÉ.




17 de mayo de 1985



Querido diario:



Debo decirte que las cosas marchan sobre ruedas, y después de
haber observado a Dianita en su habitación masturbándose con furia loca y
lujuria incontenible, es más fuerte el deseo de cogérmela, de desflorarla, de
ser el primer hombre en su vida. Sólo que me pregunto una cosa. Tú sabes del
tamaño de mi pene, que no es cualquier cosa, y pienso mucho en el momento en que
la vaya a penetrar. No deseo por ningún motivo, claro está, causarle dolor, así
que me he pasado varios días pensando en cómo voy a hacerle para poder
traspasarla con mi espada de Damocles. Pero bueno, eso ya se verá en su momento.
Ahora quiero confesarte algo que ha sucedido y que forma parte de mi genial plan
de acción. Ayer por la mañana me di cuenta cuando Dianita se fue a la escuela, y
como la señora no viene hasta las 9:00 A.M., me bajé a la cocina a prepararme
algo de comer. Estando allí ví desde el ventanal a Dianita que regresaba a casa.
Me pregunté por qué estaría haciendo eso, si tal vez se sentía induspuesta, o en
fin, que no pude contestarme esas preguntas, pues tuve que tomar los emparedados
que acababa de hacer y me subí corriendo escaleras arriba hacia mi cuarto. Tenía
temor de que ella me descubriera en casa. Pero al estar esperando escuchar sus
pasos subir hacia su dormitorio, me di cuenta de que ella no lo hizo. Dudé un
momento, pero como estoy dispuesto a todo, salí sigilosamente de mi cuarto para
asomarme hacia la sala, pudiendo ver a Dianita cuando se quitaba sus zapatos y
se dirigía rumbo al service room. Una idea asaltó súbitamente mi mente, pensando
en que tal vez Dianita quería revisar su ropa sucia, así que me esperé un
momento y después fui tras ella. Con mucho cuidado y sin hacer ruido la espié
detrás de la puerta del cuarto de servicio y alcancé a ver cómo ella abría el
cuartillo que sirve de desván y cómo, despúes de penetrar allí, se encerraba
adentro. Me quedé por un largo rato parado donde me encontraba pensando
rápidamente en lo que Dianita trataba de hacer, llegando a la conclusión de que
ella quería espiarme a mí. Seguramente ya se había dado cuenta de las manchas
que le dejo en sus telas privadas, en sus braguitas, sus vestiditos, brassieres
y blusitas. Ahora sí, querido diario, que mi plan iba avanzando tal y como yo
deseaba. Miré mi reloj y ví que faltaba poco para las 9:00 A.M., así que para
evitar que la señora del aseo me viera, fui a esconderme dentro de mi
habitación. Esperé impacientemente por largas horas hasta que la señora abandonó
la casa después de haber concluído con sus labores. Asegurándome de que no había
nadie en casa me dirigí hacia el cuarto de servicio, entré en él y me dispuse a
realizar la sesión que más me gusta: masturbarme con las prendas interiores de
mi hija. Sólo que esta vez yo estaba seguro de que ella me estaba observando con
toda atención desde la ventanilla del desván, de modo que tenía que fingir que
me hallaba solo, para lo cual decidí no mirar hacia la ventanita ni una sola
vez. Temblando de excitación me dispuse como siempre a sacar una por una las
prendas de Dianita, acomodándolas en la mesa que se halla junto a la lavadora.
Una vez clasificadas, me di a la tarea de disfrutar de aquel sublime e
inesperado momento, sabedor de que ella, desde su escondite "secreto" iba a ser
testigo de mis deleites más inconfesables. Yo sabía bien que Dianita no se
atrevería a salir de allí mientras yo me encontrara presente, y mucho menos
viéndome hacer todo aquello. Por el contrario, yo esperaba que aquellas visiones
la pusieran a mil de calentura, de tal forma que al terminar ella deseara en lo
más íntimo de su ser volver a presenciar aquel ritual tan lujurioso. Estoy
seguro de que después de ver esto, ella no podrá evitar, por más esfuerzos que
haga, el desear volver a esconderse allí para verme hacer de nuevo esas cosas
que tanto me agradan, y sobre todo, es una oportunidad genial de que me vea la
verga, de modo que la llegue a desear tan intensamente que sea ella quien
finalmente me pida que la desflore.



Pero te sigo contando. Teniendo mi daga bien parada y
habiendo acomodado sus vestiditos, blusitas, corpiñitos y braguitas, me quité el
pant y dejé de fuera mi fenomenal falo, el cual deliberadamente ofrecí a la
vista de mi hermosa hija para que pudiera deleitarse con su tamaño, su grosor y
su tremenda y roja cabeza endurecida e inflamada, a fin de que se fuera
preparando para la batalla final, que tal vez no tardaría en llegar. Una vez que
me deleité posando para ella, me dediqué a mi más ansiosa tarea: la de comenzar
a oler una por una sus prendas interiores, aspirando con profundidad y deleite
aquel aroma tan rico que me ponía tan caliente. Con toda tranquilidad fui
revisando y comiéndome cada una de sus prendas, oliendo, mordiendo, chupando,
besando, y frotándomelas en la verga, colgándomelas del palo endurecido que
sobresalía cachondo en su enorme tamaño, mientras me imaginaba lo que estaría
haciendo Dianita en ese momento allá adentro. Te confieso que aquella ocasión
tan inesperada me ofreció las más intensas y extraordinarias delicias sexuales
que jamás me hubiera imaginado. Una vez que me cansé de oler y frotar sus
braguitas y sus sostenes sobre mi larga y gruesa verga, me dispuse como siempre
a finalizar mi faena con la obra maestra de mi masturbación a la salud de la
ropa de Dianita. Así que cogí sus vestiditos y sus blusitas, los cuales había
dejado hasta el final, para dedicarme a oler la parte axilar que tanto me
embrama, pues allí precisamente deja Dianita sus más finos olores: el producto
de su sudor penetrante y delicioso que me pone a temblar como una gelatina sin
congelar. Comencé por oler con delectación inaudita todos y cada uno de los
bordes axilares de sus vestidos y blusas, llevándomelos lentamente hasta la boca
y procediendo a chupar con toda desfachatez esa exquisita parte donde quedan sus
sobacos, dejando que Dianita, desde donde se hallaba escondida, pudiera ver con
toda claridad lo que hacía. Ya podía suponer como estaría mi hijita en esos
instantes, metiéndose los deditos en su chochito y teniendo un orgasmo tras
otro, tratando de ocultar los gemidos que querían salir de su boca, pero que
ahogaba con dificultad para que yo no advirtiera su presencia. Así que me
mantuve sin venirme lo más que pude, reteniendo la furiosa salida de la leche
que casi no podía controlar. Pero eso realmente fue imposible, querido diario,
pues finalmente, y totalmente enloquecido por lo excitante de aquel momento
sublime, me vine a chorros sobre los vestidos y blusas de Dianita, embarrando
con torrentes incontenibles de leche aquellas telas tan apreciadas por mi,
mientras pronunciaba su nombre varias veces a fin de que ella confirmara aún más
sus sospechas. Después de haberme derramado abundantemente sobre todo aquel
bagaje de mi hijita, me dediqué con toda calma a embadurnar todas y cada una de
sus prendas íntimas de restos de mi leche, en especial en aquella parte de sus
braguitas que se pega a su rajadita; dentro de las copitas de sus corpiñitos y,
de manera particularmente deliberada, en las axilas de tela olorosas a sudorcito
de Dianita. Finalmente y habiendo dejado para el final a propósito una
pantaletita color de rosa que es una de las que más me gusta humedecer con mi
leche, me limpié todo el semen que me seguía saliendo del pene con la parte
interior de aquella delicada braguita, justamente en el centro de la tela que
tiene contacto con su lindo chochito, dejándola toda mojada y tiesa.



Estando ya seguro de que por aquel día era más que
suficiente, y dispuesto como estaba a no cometer errores que pusieran en riesgo
mi plan, volví a meter la ropa de Dianita en el depósito, me puse en pant y
abandoné como si nada el service room con rumbo hacia mi habitación.



 


CONTINUARÁ.......



 


Si te gusta este relato me puedes escribir tus emociones y
comentarios a mi correo:


POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


 



Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



Número de votos: 8
Media de votos: 8.50


Relato: Incesto forzado... pero deseado (03)
Leida: 11983veces
Tiempo de lectura: 13minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis



 
Todo sobre acuarios
 
Si te gustan los acuarios, suscribete a neustro canal de youtube !!!
Pulsa aqui abajo .