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Relato: Mi madre me provocó


 


Relato: Mi madre me provocó

  

Voy contar como perdí la virginidad a los 16 años. La verdad,
no fue como había soñado, pero bueno, estuvo bien. Tenía yo 16 años. Era un
sábado por la mañana. Mi padre trabajaba y mi madre ese día no.


Acostumbraba a levantarse pronto. Así aprovechaba la mañana
para limpiar la casa. Para no despertarme cerraba la puerta de mi habitación y
asi podia hacer tanto ruido como quisiese. La noche anterior, había visto a
escondidas una peli porno en casa de un amigo. Llegué temprano a casa. Iba
cachondisimo pero al llegar, mis padres aun estaban despiertos, asi que no pude
pajearme. Me fui a dormir. Logicamente aquella noche tuvo muy buenos sueños. Por
la mañana me desperte con una tremenda erección. Había estado soñando con mi
profesora de mates, que era un poco mayorcita, pero nose, me daba morbo. Como
estaba cerrada la puerta de mi habitación decidi hacerme una paja de las
historicas. Aparté las sabanas, me baje los pantalanos del pijama, y agarré mi
pene. Allí, encima de la cama, comence a pajearme, pensando en mi profesora, en
una amiga mia, fantaseando. Cada vez mi mano iba mas rapido. Estaba ya a punto
de estallar, cuando, de repente, entro mi madre para despertarme. Abrió la
puerta diciendome que me levantara que ya habia dormido demasiado. Me quede
helado. Mi madre igualmente sorprendida se quedó allí, de pie, sin decir nada,
mirando fijamente mi pene. Habia llegado en mal momento. Estaba tan a punto que
no pude evitar sacar un primer chorro de semen, y inevitablemente subí y bajé mi
mano un par de veces mas hasta correrme del todo, no lo habia podido evitar. Mi
mano estaba llena de semen. Estaba rojo como un tomate, que vergüenza. Mi madre
aun estaba de pie mirandome, sin poder moverse. No sabia que hacer. Entonces
ella entró y cerro la puerta. Se acerco y se sento en el borde de la cama.


- Tranquilo, hijo, se que ha sido fuerte, pero ya estoy
curada de espantos. Lo que haces es muy normal. Eres un ser humano como
cualquier otro - me soltó. Yo aun estaba tenso, con la mano en mi polla, sin
poder decir nada.


- Vamos tranquilizate - me repitió - ¿ Lo haces a menudo ? -
me pregunto.


- No, no, mama, es la primera vez - le dije quitando mi mano
de mi pene y tapandome con las sabanas.


- Ya, seguro, no me engañes - dijo con una sonrisa picara. Me
comenzó a explicar que era bueno que me pajeara, que asi aprenderia a ser mejor
amante, que era normal, y me empezó a soltar consejos uno tras de otro. A mi me
resultaba muy incomoda toda esa situación.


- Pues, cariño, la verdad, me has sorprendido gratamente,
incluso me has excitado - dijo ante mi asombro - Vamos, si quieres puedes
pajearte otra vez hombre, tranquilo, asi te aconsejaré y te daré trucos - dijo.


- Por dios, mama, me vienen ganas de bomitar - respondí.


- Va, seguro que si fuera una chica de esas jovencitas y que
estan buenas y no fuera tu madre estarias excitadisimo. Yo soy una mujer igual
que las otras. Vamos pajeate.


- Que no, vete. - dije enfurecido. Entonces ella se levantó.
Se bajó las faldas y se desabrochó la camisa, estaba ante mi en ropa interior.
Mi madre tenia entonces unos 40 años. Era morena, aunque con mechas para
disimiular las canas. Estaba un poco gordita, aunque conservaba un buen cuerpo.
Se quitó el sosten y la bragas. Ante mi aparecieron dos pechos no muy grandes,
algo caidos por la edad, con unos pezones enormes y oscuros. Su coño era
peludisimo. Puso un pie sobre la cama y empezo a acariciarse todo el cuerpo.
Queria que me pajease mientras ella se masturbaba. Me venia ganas de bomitar.
Pero no se como, comenze a ponerme cachondo, aunque no queria. Ella empezo a
meterse un dedo en su vagina mientras daba bofetones a sus pechos. Mi erección
era total, a pesar de intentar evitarlo. Mi madre se dio cuenta, ya que las
sabanas no podian disimularlo. Entonces quitó las sabanas. Mi pene estaba tieso.
- Pajeate de una puta vez - chilló, - que no quiero - respondí. Entonces se
sento otra vez en el borde de la cama. Cogió mi pene y empezó a subir y a
bajarme la piel. Lo hizo 3 o 4 veces y paró. Apartó la mano. - Y ahora que? -
dijo sonriendo maliciosamente. La excitación era maxima. Aunque no queria
hacerlo, mi mano impulsivamente agarró mi polla y me hice una frenetica paja. A
cabo de medio minuto ya me corria. Estaba lleno de semen por toda la mano y por
los testiculos. Mi madre paso el dedo por la punta de mi pene, quedando un poco
de mi corrida en su dedo. Se lo chupó y sonrió. - Bueno, anda, duerme si
quieres, que te veo cansado - me dijo tapandome otra vez con las sabanas - ah, y
dos cosas - añadió - primero, tu semen está riquisimo, y segundo, no se te
ocurra contarselo a nadie, ni a tu padre, sino le mentiré y le dire que me has
querido violar, vale?, pues a dormir - y se fue de la habitacion.


Aquello habia sido asqueroso, terrible, pero a la vez muy
excitante. Pase toda la semana sin poder mirar a mi madre a los ojos.
Atormentado por lo que habia sucedido, pero a la vez, no podia evitar excitarme
e incluso pajearme constantemente pensando en lo ocurrido.


El sabado siguiente mi padre estaba trabajando tambien. Yo
estaba durmiendo tranquilamente cuando me desperte por un roze que habia sentido
en mi pene. Alli estaba mi madre, en camisón. Con una mano en su vagina, creo
que con dos o tres dedos dentro, y la otra en mi pene, que sorprendentemente
estaba empalmado.


- Ya estas despierto amor?, mejor, asi disfrutaras mas - dijo
mientras continuaba su paja y la mia.


La situacion volvia a ser asquerosa pero morbosa a la vez. Su
mano subia y bajaba. Mi polla parecia estallar. Sus pezones se marcaban a traves
del camison. Iba acelerando el ritmo. Pronto me corrí, llene su mano de semen.
Ella se aparto y termino de masturbarse con la mano empapada de mi corrida.
Tardó apenas dos minutos mas en correrse.


- Eres genial hijo, no se, pero me excitas un monton - me
dijo tranquilamente mientras se desvanecia de placer encima de la mesa de mi
escritorio. Pasaron unos 10 minutos en los que yo no solté palabra y ella no
paraba de explicarme cosas sobre el sexo y otras tonterias. Me pregunto que si
era virgen, a lo que yo contesté que si. Entonces pareció como alegrarse. Miró a
mi pene, que ya estaba flacido, lleno de semen por todos lados. Se acercó. Me lo
agarró y se lo puso en la boca. Me lo limpió completamente. Extrañamente aquello
no me excitó. Seguia igual de flacido. Me dijo que ahora descubriria sexo del
bueno y que la acompañara al baño. Que nos dariamos una ducha.


- No mama, paso, dejame ya - le dije sin temor.


- Que no, bueno, tu mismo - dijo y, de repente me agarró con
una mano el pene y con la otra los testículos. Me los apretaba con fuerza, me
hacía daño - ahora vendras?, sino no te soltaré - gritó.


- No, dejame, porfavor, no harás daño a tu hijo.


- Vamos a verlo - y apretó aun mas fuerte, el dolor era ya
imposible de resistir.


- Vale, vale - dije con los ojos empañados de lagrimas a
punto de caer por culpa del dolor. Me levante. Me condujo al baño sin soltarme.
Al llegar al baño, cerró la puerta y me dijo que entrara en la bañera y me
soltó. Entonces fui directo a la puerta para intentar salir. Pero ella se puso
delante. Me dijo que tendria que pasar por encima de ella si queria salir. Yo no
queria hacerle daño pero le solté un guantazo en la cara. Me miró con furia. Se
agarró a mi y me lanzó un morreo. Noté como su lengua inspeccionaba toda mi
boca. Intenté apartarla pero me agarro otra vez del pene, pero esta vez para
pajearme. Ahora si que se me empalmó. Me soltó otra vez y me volvió a pedir que
entrara en la bañera. Ya no resistí, ya que pensaba que era inutil, porque tarde
o temprano se saldria con la suya. Me puse de pie en la bañera. Ella entro
también. Abrió el grifo del agua caliente y la bañera empezó a llenarse.
Mientras se llenaba aprovechó para quitarme la camiseta del pijama que aun
llevaba. Ella se quitó el camisón. Estabamos los dos allí, de pie, desnudos, uno
frente al otro. Sus espectaculares y grandes pezones estaban afiladisimos. Mi
polla erecta y roja como nunca. Se acercó a mi y empezamos a morrearnos.
Aproveché para sobarle las tetas. Puse en mi boca un pecho y empezé a juguetear
con sus pezones. Noté como se inchaban aun mas, era increible, parecia tener mas
pezones que pechos. Con todo eso, la bañera ya se habia llenado.


- Sientate cariño, que vas a disfrutar del primer y mejor
polvo de tu vida - me ordenó.


Yo me senté en la bañera. La sensación era muy excitante,
sentir como el agua caliente entraba en contacto con mis partes. Estaba sentado
delante suyo. Ella se agachó y se sentó encima mio. Empezamos a besarnos. Ya no
podia mas. Cogí mi pene y le dije que por favor, que me diera placer. Se lo
introduje en su vagina. Que gusto, el primer polvo. La sensación proporcionada
por el agua y por su vagina era genial. Ella comenzó a moverse encima mio.
Sentia el arder de su cuerpo, su fogosidad. La agarraba fuerte, apretandola
contra mi cuerpo. Sentia el pulso de su corazón a traves de sus pechos pegados a
mi cuerpo. Sus caderas se movian sinuosamente, dando circulos.


El placer empezaba a ser incontrolable. Me agarró mis
pezonzitos y empezo a retorcerlos con fuerza, nunca imaginé que los pezones
pudiera transmitir tal cantidad de bienestar. Su culo iba dando vueltas y
vueltas, como marcando un territorio alrededor de mi pene. Nos agarrabamos los
pezones mutuamente. Su cadera se movia cada vez mas rapido. Su coño apretaba y
apretaba cada vez mas fuerte mi polla. Empeze a empujar yo, ayudandola. Mis
testículos rebotaban contra el piso de la bañera aumentado aun mas si cabe el
placer. Sentia un ardor definitivo. La abracé fuerte y me corrí. Noté como su
cuerpo se retorcia de immenso placer. Al sentir ella como me corría, al sentir
ella como mi calido semen mezclado con la calida agua entraba en su mas profundo
interior llegó a un orgasmo espectacular. Lanzó un poderoso grito placentero,
quizá demasiado, pues los vecinos nos podian oir. Fue mi primer polvo. Y juro
que ha sido el mejor de mi vida. Terminamos los dos abrazados. Su cuerpo con mi
cuerpo. Dentro del agua caliente.


Llevabamos ya demasiado tiempo dentro del agua. Mi corrida
navegaba entre el agua. Entonces mi madre decidió que ya era hora de salir. Pero
que antes tendria que limpiarnos, asi que nos duchamos. Uno frente al otro. Sin
entrar en contacto. Cada uno limpió su propio cuerpo. Supongo que era
irremediable, a pesar de la immensa corrida anterior, que mi polla volviera a
empalmarse. Viendola como el jabón cubría su cuerpo. Como el jabón escondia sus
pezones. Como sus manos recorrian su cuerpo. Como el agua quitaba todo ese jabón
volviendo a quedar a la luz su cuerpo. El cuerpo que ahora me pertenecia.
Estabamos ya los dos limpios. Apunto de salir de la ducha. Ella vio que pene
estaba tieso, pero hizo como si nada, y empezó a salir de la bañera. La agarré
con fuerza. Pegando mi polla contra su cuerpo. La sobaba contundentemente. Le
dije que quería volver a follarla, que no podía esperar. Ella me miró, sonrió y
dijo que por hoy ya había sido demasiado, que ya repetiriamos otro dia. Me
apartó las manos y salió de la ducha. - Pero joder, no ves como la tengo? - le
pregunté. - Pues pajeate, pero es tarde y tengo que hacer la comida, tranquilo
que el proximo sabado te haré la mejor mamada que te hayan hecho nunca - me
respondió. La verdad es que aquella respuesta me cabreo un poco, pero intenté
controlarme. Agarré mi polla y empecé una grandiosa paja delante suyo.


Ella había cogido una toalla. Iba secandose lentamente,
pasando la blanca toalla por cada trozito de su cuerpo. Parecía que lo hiciese
intensionadamente, que me provocase, y yo cada vez estaba más cachondo. Me
acerqué a ella por detras y pase mi pene por su culo. Ella se giró y me gritó -
Joder, que te he dicho que ya basta, controlate niño. Mi furia se encendió. La
muy guarra no para de excitarme mientras se secaba y aun tenía la poca vergüenza
de decir que me calmase. La agarré por el pelo. La empujé contra la puerta del
baño. Sus pechos se apretaban contra la puerta. Ante mi había un culo algo
rellenito, pero no menos excitante. Tiré aun mas fuerte de su pelo, haciendole
girar un poco la cabeza. Acerqué mi boca a su boca y le dije susurrando que ya
estaba bien de ponerme cachondo para nada, que era una guarra y que ahora le
daría su merecido. Junté mi boca a su boca. Y mi lengua entro en su interior.


Mientras mi pene se apretaba con fuerza contra su espalda.
Con la mano que tenía libre cogí mi polla, la encaminé hacia su culo. Luego con
las dos manos abrí su trasero hasta dejar visible su ano. Y le metí de un solo
golpe mi polla. Ella pegó un gritó enorme. Supongo que el daño que sentía era
muy importante. Sentia como ese pequeño agujero aprisionaba a mi pene casi
estrangulandolo. Empezé a sacar y meter mi polla, entraba cada vez mas
suavemente con la ayuda de los restos de jabón que habían quedado en su culo.
Ella lloraba, las lagrimas cayan muy sensualmente a traves de su mejilla, por su
cuello y hasta los pechos, culminando el viaje en sus pezones, que lentamente se
iban inchando. Los agarré con fuerza. - Le diré a tu padre que me has violado -
me soltó, a lo que yo le respondí - Eso,eso, y así le contamos toda la verdad, y
como comenzó todo esto.


No supo que decir a eso. Estaba enculando a mi madre contra
la puerta, mientras le agarraba los pechos y le besaba el cuello. Pronto sus
lagrimas se transformaron en suspiros. Su culo, antes immobil, ahora ayudaba a
mi placer y supongo que al suyo, dando unos pequeños giros, con la ayuda de sus
preciosas caderas. Ya no me pedia que parase sino que se la metiese, que no
parase, que el dolor que sentía era a la vez excitante. Mis empujes eran cada
vez mas fuertes. Sus manos ahora cogian mi culo, comandando ahora ella mis
empujes. Sentia somo su cuerpo se movia acompasadamente. Bajé mis manos desde
sus pechos hasta su coño. Le pasaba una mano por encima de sus pelos púbicos y
con la otra le acarciaba la vagina. Introduje lentamente un dedo dentro. Estaba
tremendamente humeda. Pronto pasé a meterle dos dedos, que despues se
convertirian en tres.


Le metia los dedos a la vez que le metia la polla por el
culo. Todo a la vez, a lo que ella respondia con gritos cada vez mas fuertes.
Ella aprovechaba cada empuje para pasar sus pechos por la puerta. Sus pezones
parecian arañar la madera. Quité mis dedos de su coño. Ella me los cogió para
que se los volviera a meter. Pero esta vez opté por empezar a acariciarle el
clitoris. Lo tenia durisimo y ardiente. Ahora si que ya sus gritos eran
demasiado fuerte y le tapé la boca con mi mano. Sentía que me iba a correr
pronto. Y así fue. Aceleré lo mas que pude mi polla. De la fuerza y velocidad
que daba mi madre se golpeaba cada vez mas fuerte contra la puerta. Ya no podía
aguantar mas, así que me corrí, saqué una cantidad enorme de semen, a pesar de
las anteriores eyaculaciones. Supongo que ella notó mi calurosa corrida en su
ano, ello la excitó aun mas y se corrió también. Mis dedos quedaron empapados de
un liquido suave y caliente. Su culo había quedado inundado de semen. Saqué mi
pene de su ano, la giré y le di un beso apasionado. - Gracias, mama, a sido
genial - le dijé. - Para mi también, hijo, ven que te limpiaré un poco -
respondió. Volví a entrar en la ducha, ella se quedó fuera. Se puso un poco de
jabón en la mano y me enjabono el pene. Luego pasó un poco de agua. Agarró la
toalla. Me lo secó y me dió un suave besito en la punta de mi glande. - Creo que
esta polla me va a proporcionar mucho placer de ahora en adelante - susurró.
Salí de la ducha. Nos terminamos de secar bien y nos vestimos.


Y así fue como perdí mi virginidad. Acordamos no decirselo a
nadie. Seria nuestro secreto.


Desde aquel día nuestra relación fue mucho mas intensa y
cercana. Siempre que podiamos, o estabamos a solas aprovechabamos para hacer el
amor, cualquier momento era bueno. O si por ejemplo un dia ella no tenia ganas
de hacerlo, yo me pajeaba delante suyo, desnudandose ante mi. A veces solo me
enseñaba un pecho, o se quitaba la bragas y me ensañaba el coño y yo me pajeaba
como un loco. A veces incluso se dejaba manosear. Y a veces lograba convencerla
y terminabamos follando. Siempre he querido mucho a mi madre, y mas desde ese
día.


Por supuesto, no tardaron mucho en descubrirnos, primero mi
padre y luego mi hermana. Eso lo contaré más tarde.


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