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Relato: El rancho


 


Relato: El rancho

  

Esta historia comenzó hace muchos años. Vivimos en un rancho
en el que aparte de los trabajadores que viven en un barracón a un kilómetro de
la casa grande, no hay nadie en muchos kilómetros a la redonda.


Nuestros padres heredaron el rancho de un primo de su madre,
por lo que, cuando papá se hizo cargo, nadie lo conocía. Mamá fue algunos meses
más tarde y posteriormente nací yo y al año siguiente mi hermana Laura. Cuando
yo tenía siete u ocho años, una noche oí los gemidos y pequeños gritos de mis
padres. A la mañana siguiente, pregunté a papá qué es lo que le pasaba a mamá la
noche anterior. Papá se echó a reír y mamá que también había oído la pregunta
revolviéndole el pelo me contestó:


--Tu padre es maravilloso y esos gritos y gemidos son de puro
gozo. Cuando crezcas lo entenderás.


Posteriormente los oí varias veces, pero ya no le di
importancia. Después de varios años, una noche de verano que hacía muchísimo
calor, en la que nuestros padres nos creían dormidos, vi por la ventana cómo se
iban al río. Me calcé y al salir de la habitación, vi a Laura que también los
había visto. Los seguimos sigilosamente. En el río, los vimos desnudándose
completamente y meterse en el agua. Allí nadaron un rato, y después se abrazaron
y empezaron a besarse y acariciarse. Luego, papá la subió a una piedra grande, y
lisa que hay al otro lado. Mamá se quedó tumbada boca arriba con los pies casi
colgando, muy abiertos y papá sin salir del rìo empezó a chupar y a lamer los
pezones. Luego bajó por su estómago hasta su sexo. Allí se dio el gran festín.
Luego, él se subió a la piedra y poniéndose encima de ella, la montó.


Laura y yo estábamos ocultos en el bosquecillo que hay entre
la casa y la poza del río. Yo estaba detrás de ella y tenía el pene como una
piedra. La tenía abrazada y noté cómo sus pezones se endurecían. Le puse una
mano sobre un pezón y la otra en el estómago y la fui bajando hasta su cálido
coñito. No llevaba ropa interior; solamente el casi transparente camisón. La
llevé un par de metros más adelante en la que había una piedra lo
suficientemente grande como para estar una persona tranquilamente sobre ella. La
hice subirse sin dejar de abrazarla y al levantarle un poco el camisón dio un
respingo. Yo, solamente llevaba un short; me lo bajé y metí mi rabo tieso y duro
entre sus piernas acariciando con la punta hinchada su cada vez más mojada
rajita mientras mis dedos acariciaban sus pezones y su ardiente clítoris.


Laura se estremecía y estábamos tan a lo nuestro que nos
habíamos olvidado de nuestros padres y ellos volvían a casa. Nos pillaron con
las manos en la masa aunque no se enfadaron. Éramos muy inocentes en el sexo y
papá llevando mi mano hasta el botoncito erótico de Laura y de paso acariciando
su clítoris me dijo que acariciándola ahí se volvería loca de placer. Lo hice y
Laura empezó a gemir y a chillar de gozo como mamá. Ahí tuvo su primer orgasmo.


De camino a casa, papá y mamá nos contaron que ellos también
eran hermanos. Papá me explicó cómo tenía que hacérselo la primera vez para que
no le doliera tanto; qué es lo que más les gustaba, cómo penetrarla por detrás,
etc. Mientras que mamá le contaba a Laura cómo mamar una polla, qué posturas
eran las más placenteras y todas esas cosas. Después de la lección, papá le
quitó la ropa a mamá mientras ella le quitaba el calzón. Yo hice lo mismo con
Laura y ésta a su vez me quitó el short. Nos hicieron una demostración allí en
la sala con nuestras caras pegadas prácticamente a sus cuerpos para no perdernos
ningún detalle. Luego ellos se fueron a su cama. Papá se quedó unos segundos en
la puerta mirando a Laura .


Luego se acercó a ella diciendo que estaba buenísima y
abrazándola la besó en la boca mientras acariciaba suavemente su dulce y húmeda
rajita. Mamá también se acercó a mí y me besó en la boca y me acarició con la
mano mi verga ya tiesa. Yo le dije que estaba como un tren. Luego los dos
sonrientes y abrazados se marcharon a su habitación. Antes de que Laura y yo
llegásemos a mi habitación, mamá había salido de la suya para darnos un bote de
vaselina, para untárselo a Laura en el agujerito del culo las primeras veces.


La hice tumbarse sobre la cama y yo le acariciaba todo el
cuerpo con las manos. Ésta, mientras tanto, me había agarrado el rabo con las
manos y me la acariciaba. Yo estaba duro como una roca y de golpe, Laura se
sentó y se metió el rabo en la boca. Al principio, pasaba suavemente su lengua
por todo. Luego lo chupaba y lamía como si fuera el más rico helado. Yo ya no
podía más y le dije que me venía y me corrí en su boca. Luego le dije que era mi
turno, que a mí también me encantaba lo dulce. La tumbé sobre la cama y primero
le besé sus pechos. Le rodeé sus pezones con la lengua golpeándolos con ternura,
haciendo que se pusieran duros y erectos. Soplé sobre ellos levemente para ver
cómo se tensaban aún más. Unas sensaciones salvajes se agitaban en el abdomen de
Laura, que cruzaba y descruzaba las piernas continuamente. Empecé a acariciarle
entre los muslos y la encontré caliente y húmeda de deseo. Exploré sus pliegues
poco a poco, cariñosamente, hasta encontrar el nudo, el botoncito del placer y
lo acaricié hasta que ella chillaba y se retorcía entre mis brazos.


Tuvo un magnífico orgasmo, pero aún no había terminado. Yo
estaba de rodillas y cogiéndola por las nalgas, atraje su coñito hacia mí y se
la besé, se la lamí entero, por fuera y por dentro como un poseso; eso a ella la
puso a cien y en un momento se corrió dos veces. Me sumergí en aquella divina
vagina. En el ángulo superior de la misma percibí algo grueso y duro; sin
pensármelo dos veces, comencé a chupar y a lamer aquella pequeña protuberancia.
Laura arqueó su cuerpo y en un supremo espasmo comenzó a tener orgasmos
encadenados finalizando con uno que inundó mi boca con un torrente de flujos.
Luego, mientras la besaba, deslizaba mi polla por su muy mojada y muy calentita
vagina y tomé mi polla con la mano y lo ubiqué en la apertura de su hoyo virgen
y empujé hasta sentir la cabeza de mi polla hundirse en su coño entera. Dio un
grito o un gemido cuando mi pene rompió su himen y entonces, empujé
profundamente en su vagina.


Empujé de nuevo un poco más y sentí mi polla totalmente
dentro de ella. Laura se retorció y me dijo que dolía pero yo, ya no podía parar
aunque la tranquilicé con palabras suaves. Puse mis brazos alrededor de sus
hombros para conseguir mayor potencia, y ella notó cómo mi duro pene empujaba
fuertemente contra su coñito, di un par de empujones medios y mi pene entró en
ella lo más profundo que podía ir. Comencé a bombear mi polla de aquí para allá
en su ya abierto coñito. Esto me llevó al límite, empujé en mi hermana lo más
profundo como podía diciéndole que ya no podía más. Empecé a retirarme
lentamente, pero Laura envolvió sus piernas alrededor de mi cintura y empezó una
serie de golpes cortos con su vagina de aquí para allá sobre mi polla a punto de
correrse. Mi pene no aguantó y reventó a chorros de semen en su interior. Me
quedé exhausto sobre ella. Luego, me puse a un lado, pero sin salir de ella y
abrazados, nos quedamos dormidos.


Después de haber dormido un rato, me desperté con la polla
todavía hundida en su vagina y cogiendo el bote de vaselina, empecé a untarle el
agujero del ano. Entonces se despertó y empecé a meterle primero un dedo, luego
dos mientras mi pene seguía su propio ritmo en el mete y saca. Luego saqué mi
polla de la vagina, la volteé y la hice ponerse a cuatro patas. Cuando lo vi
medio dilatado, la abracé por la cintura y le metí la cabeza. Ella lloraba y
gritaa de dolor. Luego metí otro poco y por fin la penetré del todo. Laura me
decía que parara, y yo le contesté que ya era imposible. Empecé a moverme
lentamente y ella empezó a cambiar el llanto por gemidos de placer. Ya no le
dolía tanto. Aceleré las embestidas mientras mis dedos masajeaban su clítoris.
Le hice tener tres o cuatro orgasmos y cuando yo eyaculé en ella mi chorro de
leche calentita, le provoqué otro fenomenal orgasmo.


Mamá murió a los pocos meses de un ataque al corazón. Estaban
haciendo el amor y se murió con mi padre dentro de ella. Fue un palo tremendo
para todos pues era muy joven. Nos quedamos desconsolados. Una noche, después de
haber hecho el amor, Laura me dijo que quería consolar a papá pero no sabía
cómo. Le dije que lo intentara con el sexo. Nos levantamos de la cama y nos
fuimos desnudos a la habitación de papá. Éste, aunque estaba dormido, tenía el
sueño agitado. Dormía desnudo y Laura apartándole la sábana se metió su polla en
la boca. Yo no pude aguantar y la penetré por detrás. Papá se despertó con la
mamada que le hacía su hija. Yo seguía dentro del culito de mi hermana y papá,
antes de que se viniera, nos hizo tumbarnos sobre la cama y la penetró por la
vagina.


Desde entonces y durante unos tres años, dormimos los tres
juntos. En ese tiempo, Laura se quedó embarazada y tuvimos un niño precioso.
Posteriormente, papá murió de repente. Iba sobre su caballo y algo asustó a
éste. Se encabritó y lo tiró con tan mala fortuna que papá se desnucó. Nos
quedamos solos. Después de ese primer niño, Jacob, tuvimos otros tres: Sarah,
Willy y Vanesa. Ya se han hecho mayores. Saben que nosotros somos hermanos y que
nuestros padres también lo eran y no les importa. De hecho, entre ellos ya se
han liado. Sarah con Willy y Vanesa con el mayor Jacob, aunque también Sarah ha
follado algunas veces con Jacob y Willy con Vanesa. También, los dos chicos lo
han hecho con su madre y las dos chicas conmigo. Incluso esta semana, nos
montamos unas pequeñas orgías cada una de las chicas con los tres hombres.
Primero fue Sarah. La pusimos en la sala y yo me puse a lamerle su dulce coño,
Jacob le metió la verga en la boca y mientras Willy le besaba las tetas mientras
ella le agarraba el rabo con la mano y lo masturbaba. Luego fuimos cambiándonos
de posición. Y por último, la fuimos penetrando, de uno en uno, de dos en dos...
Al día siguiente fue el turno de Vanesa y ayer el de mi hermana Laura.


¡Dios mío! Con estos tres deliciosos coñitos en casa, ¿quién
puede pedir más?


 

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Relato: El rancho
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