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Relato: Trio inesperado


 


Relato: Trio inesperado

  

He de reconocer que me siempre me había excitado la idea de
formar un trío, con dos mujeres o una pareja hombre / mujer (mis gustos son
heterosexuales, pero no me importaba la idea de que fuéramos dos hombres para
una misma mujer ). El hecho era que me encantaba, y aún me gusta, leer los
relatos que en Internet publicaban parejas, chicas y chicos, contando sus
experiencias, pero no me los llegaba a creer ya que mi vida era lo que se
suponía normal y nunca había tenido ni conocido alguien con esas experiencias.


Alguna vez había comentado con mi novia el hecho de que una
tercera persona (mujer u hombre ) se uniera en la cama, pero siempre ha
rechazado la idea por desagradarle. De modo que la ocasión de poder disfrutar de
mis fantasias sexuales se veía reducida a la posibilidad de pagar por ello, pero
siempre lo he visto muy artificial, de manera que esa opción la descarté
también. Lo había intentado alguna vez contestando a algún anuncio en Internet
sin obtener ningún resultado, bien porque no puedo mandar foto o porque
directamente no me contestaban ( tampoco soy Quasimodo ¿he?). Aunque desistí, no
quise renunciar a mi fantasía. , y fue una noche de Agosto la que me dio la
ocasión de poder realizarla.


Salía del piso de Madrid en donde vive mi novia, serían sobre
las 23:30, y en vez de tomar el ascensor decidí bajar por las escaleras, de modo
que abrí la puerta de acceso, encendí la luz y comencé a descender. Al llegar al
descansillo del segundo piso escuché unos ruidos de ropa y respiración, que en
un primer momento no identifiqué, que provenían del pasillo de acceso a los
pisos de la planta segunda. Como es un mes en el que se dan muchos robos, pensé
que podía ser un ladrón, de manera que decidí averiguar qué era eso. Soy un
chico de 29 años que mide 1m86, de complexión fuerte, de manera que tenia un
poco de confianza en poder intimidar al posible ladrón.


Me acerqué lentamente a la puerta y me asomé discretamente
para observar y, cual no sería mi sorpresa cuando el ladrón en cuestión era en
realidad el matrimonio del piso 2B dándose el lote. La verdad es que nunca había
estado tan cerca de una situación así y, como no parecía que se hubieran
percatado de mi presencia decidí quedarme a disfrutar del espectáculo. El
matrimonio no tiene hijos, ella ( la llamaremos Laura ) debe medir
aproximadamente 1m70, es de pelo negro, liso y corto. Como ya me había fijado en
ella en la piscina de la urbanización, su cuerpo es delgado, sus caderas
estrechas, sus pechos pequeños y muy redondeados, con unos pezones pequeñitos,
de cara normal, con labios finos y sus ojos castaño oscuros ( la verdad es que
era una mujer que agrada la vista ). Él ( al que llamaremos Juan ) es de
estatura media, 1m80, pelo negro corto y de complexión normal – delgada. Aquella
noche Laura llevaba una falda fina roja con dibujos étnicos estilo hippy y una
camisa lisa de color violeta. Juan le había abierto la camisa por completo,
desabrochado el sujetador ( que estaba en el suelo ) y le estaba lamiendo los
pezones, mientras con sus manos jugaba bajo la falda de Laura, quien tenía sus
ojos cerrados y el rostro hacia arriba, jadeando a cada caricia de Juan.


Él le fue bajando las bragas hasta quitárselas y dejarlas en
el suelo, continuó descendiendo por su vientre, subió la falda levemente y se
metió debajo. Sólo podía apreciar el bulto de su cabeza a la altura de su pubis,
pero por la expresión y los gemidos de Laura, le estaba comiendo el coño a
conciencia. De pronto, en un movimiento de cabeza, Laura se giró su cabeza justo
hacia mí y me pilló de lleno. Instintivamente, me retiré como un chaval, pero me
quedé tras la puerta, bloqueado, sin saber si salir corriendo o quedarme a ver
que pasaba. Escuché cómo Laura musitó algo y Juan le debió preguntar algo. Un
silencio, que se me hizo eterno, se apoderó del pasillo, hasta que volví a
escuchar un leve cuchicheo de la voz de Laura y a continuación a Juan diciendo
claramente ¡vale!. Nuevamente ruido de ropa, pero esta vez Laura habló en voz
alta : -¡Pasa! ¡No te quedes ahí fuera hombre! -. La verdad es que el corazón
casi se me sale por la boca del susto, me daba cuenta de lo que estaba pasando y
de lo que implicaba el entrar en ese pasillo, así que me decidí a entrar.


Laura se había abotonado ligeramente la camisa, de manera que
aún se podía ver la piel de su cuerpo, y llevaba en su mano el sujetador y las
bragas. Juan tenía su polo por encima del pantalón y aún se le notaba el bulto
de su erección. -¿Te ha gustado lo que hacíamos? – me preguntó Juan, mientras
Laura me sonreía. - Pues la verdad es que sí, que me ha gustado, Laura es una
mujer que me gusta bastante -. Me temblaba un poco la voz por los nervios y el
pecho me temblaba como un terremoto. En ese momento Juan comenzó a abrir la
puerta de su piso, Laura se acercó a mí y me cogió de la mano. – Ven, podrás
verme mejor -.


Tiró de mi mano suavemente y nos metimos en su piso. Juan
dejó las llaves en un mueble y le dijo a Laura que nos fuéramos a la habitación.
Nos quedamos Laura y yo a los pies de la cama de matrimonio, Juan, sentado junto
a las almohadas. Ella se acercó a mi, notó que estaba nervioso. - ¿Has hecho
algo así alguna vez? – preguntó. - La verdad es que no, pero es algo que he
querido probar -.


Juan se dirigió a Laura : - No te prives, Laura -. Fue decir
esto y Laura me empezó a acariciar el cuello suavemente, se acercó a mi y me
dirigió hacia sus labios. Me besó muy suavemente, muy despacio, su lengua
lentamente fue entrando en mi boca en busca de la mía hasta que ambas se rozaron
y enlazaron al mismo ritmo que nos besábamos.


Metí mis manos bajo su camisa y acaricié sus caderas,
subiendo mis manos hasta rozar sus pechos. Nuestras respiraciones eran mas
fuertes, Laura me besaba el cuello y me comenzó a subir la camiseta hasta
quitármela. Me acarició la espalda y nos volvimos a besar, esta vez nuestras
lenguas se enlazaban más profundamente en la boca del otro, mi cabeza estaba
como embotada, sólo seguíamos lo que nuestros cuerpos nos iban pidiendo. Le
desabroché la camisa y me fijé fugazmente es sus pequeños y redondos pechos, sus
pezones estaba duros. Se los acaricié con las yemas de los dedos, ella me cogió
la manó y me la presionó aún más para que se los manoseara con fuerza. Me
desabrochó el pantalón y éste cayó al suelo, dejándome en calzoncillos.


Tenía la polla como una piedra y así lo delataba el bulto de
mis modestos 16cms. Era mi turno, terminé de quitarle por completo la camisa,
pero cuando me disponía a bajarle la falda ella me detuvo, se la quiso bajar
ella, - quiero que me veas bien- me dijo, y bien que la ví. Su cuerpo estaba
completamente desnudo frente a mí, cruzó sus brazos tras su espalda y me sonrió
con mirada de niña mala, estaba absorto disfrutando del panorama.


Ví que su bello púbico estaba cortado y reducido a una fina
línea que bajaba hacia su entrepierna. Se volvió a acercar a mí y nos volvimos a
besar. Con una mano le acariciaba la espalda y con la otra le acariciaba sus
nalgas, Laura, por su parte comenzaba a bajarme el calzoncillo, me cogió la
polla con su mano y comenzó a masajearla, se me escapó un gemido, estaba en la
gloria. Entonces, Juan decidió participar. Me había olvidado completamente de él
pero cuando se colocó desnudo a espaldas de Laura y comenzó a besarla el cuello
y acariciarle sus caderas, nuestras manos y cabezas coincidían en el cuerpo de
Laura, quizás por torpeza o inexperiencia mía. Mi primera reacción fue la de
apartarme un poco de Laura, no sabía cómo continuar. -Déjate llevar por
nosotros, no te preocupes- me indicó Juan. Laura me empujó levemente hacia la
cama y me tumbé boca arriba. Ella se colocó a cuatro patas sobre mí hasta que su
cara quedó sobre mis caderas, me agarró suavemente la polla y comenzó muy muy
lentamente a metérsela en su boca y a succionarla fuerte. Estaba a mil, me
estaba haciendo la mejor comida de mi vida, desde luego sabía muy bien cómo
hacerme disfrutar. Juan, después de observar cómo Laura me hacía la felación se
colocó detrás de ella y le fue metiendo su polla por la vagina. Laura daba
pequeños gemidos y su boca soltaba saliba por la excitación.


Las sacudidas de Juan eran más fuertes y Laura comezó a jugar
con su lengua en la punta del mi capullo y a succionar aún más fuerte. No pude
aguantar más y me corrí como hacía mucho que no lo hacía. Mi semen se quedó en
la boca de Laura, notaba el calor de mi fluido dentro de su boca, y ella siguió
succionando y moviendo su lengua sobre mi capullo, sus gritos nos indicaron que
Laura estaba en pleno orgasmo. Juan estaba también a mil y se corrió dentro de
Laura. Entonces ella, reteniendo mi semen en su boca, se incorporó sobre la
cama, se giró hacia Juan y le propino un beso profundo y largo. Mi semen se
dejaba escapar por la comisura de ambas bocas, pero Laura y Juan se encargaron
con la lengua de no dejar nada. Aquello me volvió a poner la polla dura, me
excitó la manera en que se besaban y Laura le pasaba mi semen a Juan. Laura,
después de besarle, se puso sobre mí. Aún estaba excitada, su rostro así lo
delataba, y me besó con fuerza.


El sabor de mi semen aún se notaba, era la primera vez que lo
probaba, y aquello me excitaba aún más. Me tomó la polla con la mano -
¡métemela, la quiero dentro de mi coñito!, y me la colocó en la entrada de su
vagina. Su coño estaba chorreando y la polla me entró como una bala. Sus caderas
comenzaron a agitarse y sus músculos vaginales me aprisionaron la polla y a cada
golpe de cadera. Nuestros cuerpos sudorosos temblaban y nuestros jadeos eran
cada vez más fuertes. Juan se colocó a nuestro lado, pude ver su polla por
primera vez. Nunca había tenido una tan cerca y, además, empalmada. Era más
gruesa que la mía y más o menos de la misma longitud. Laura la tomó con la mano
y se la fue metiendo en la boca, cada embestida de sus caderas era cada mamada
de la polla de Juan. Me corrí dentro de ella, mi semen se escapaba de su sexo y
el sonido del chapoteo de sus coño excitó aún más a Laura y a Juan, quienes se
corrieron casi a la vez. Pude ver cómo Juan le bombeaba a Laura dentro de su
boca y cómo ella succionaba hasta asegurarse la ultima gota. Una vez que Juan
terminó, ella se vino a mi y me besó.


Nuestras bocas se abrieron y el semen de Juan fue pasando a
mi boca, impulsado por cada lengüetada de Laura. Aquello me excitó de nuevo,
aunque soy hetero, me volví a empalmar por el morbo que aquello me daba. Los
fluidos de Juan, con la saliba de Laura, su lengua reptando sobre la mía y
moviendo aquel líquido semi-biscoso y un poco amargo me produjo de nuevo una
erección. Ambos tragamos los fluidos y, terminado el beso, Laura me acarició la
cara con ternura. Se giró sobre la cama y me invitó de nuevo a ponerme debajo,
-quiero que me lo comas despacito, no tengas prisa, y no te preocupe acabar
antes que yo -. Dicho y hecho, me puse bajo su coño. Sus labios estaban estaban
húmedos y como su bello era muy cortito no fue ningún inconveniente pasar mi
lengua por su coñito húmedo.


Mi polla volvió a entrar en su boca y Laura me la succionaba
má lentamente que antes. Con la punta de mi lengua recorrí muy lentamente su
rajita y, endureciéndola, busqué su clítoris como quien busca el último gramo de
un tarro de mermelada. Ella se agitaba más, gemía a cáda pasada de mi lengua y
cuando le succioné su clítoris como si de una fruta se tratara, lanzó un pequeño
grito y, seguidamente, me succionó la polla mucho más fuerte y me volvió loco
con la lengua por lo que me corrí nuevamente dentro de su boca. Noté cómo lengua
tragaba mi semen y me esmeré aún más en mis succiones. En estas, Juan se
posicionó tras de Laura y acercó su polla a su coño.


Decidí retirarme, y Juan le metió la polla lentamente. – ¡No
pares de lamerme, no pares!- me girtaba Laura mientras su marido la follaba. Me
lo pensé un poco, pero decidí probar. Los labios, ahora separados por la polla
de Juan, me dejaron el clítoris aún más descubierto y se lo empecé a lamer a
lenguetazos. La dureza de la polla de Juan chocaba com mi lengua, pero Juan
logró que su polla no se saliera de la vagina de Laura. Los fluidos de Laura
emparon su polla y mi boca, Laura se se corrió y su cuerpo se quedó rígido por
el placer y Juan le descargó su semen. Ambos fluidos se juntaron en mi boca y
aquel tacto le provoco a Laura otro orgasmo, esta vez más corto, pero que
sacudió su cuerpo como una descarga. Me aparté de debajo, y los tres nos
tumbamos exhaustos sobre la cama. Había sido la mejor sesion de sexo de mi vida.


Pude comprobar que nos habían dado las 3 de la mañana.
Aquello significaba llegar al trabajo con cara de muerto viviente. Me despedí de
Laura y Juan, y Juan me dijo que aunque no suelen montarse trios, habian
disfrutado mucho con éste y que posiblemente repetiríamos la velada.


Las pocas veces que coincidimos en la escalera, nos cruzamos
una sonrisa cómplice aunque por ahora no hemos vuelto a repetir la experiencia.


Slds. . . . .
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